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miércoles, 8 de julio de 2020

ARIGlobal:UNA AMBICIOSA RUTA DE LA SEDA


Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores de Venezuela que combina lo interméstico y global

Horacio Arteaga



La ruta de la seda suscita  evocaciones poéticas,  provenientes de una historia milenaria. Fue una red de caminos de comercio, que se extendía por todo el continente asiático  conectando a China con Mongolia, India, Persia, Arabia, Siria, Turquía, Europa y África. Se transportaba  una diversidad de productos siendo la seda china el más prestigioso.

Xi Jinpig, presidente de la República Popular de China, decidió retomar el concepto de la ruta de la seda al lanzar en el 2013 una estrategia de desarrollo global con alrededor de un billón de dólares para construir ferrocarriles, puertos y otras infraestructuras  en  numerosos países, a fin de mejorar la conectividad en una escala transcontinental. Surgió “The Belt and Road Initiative” (BRI) o Iniciativa de la Franja y la Ruta, objetivo fundamental de la política exterior china. “Belt”,  parte terrestre, uniría a China con Asia Central, Rusia, Europa y el Mediterráneo; “Road”, parte marítima, uniría las costas de China con Europa y África.

Un proyecto de tal magnitud ha sido objeto de visiones encontradas. Beijing estaría utilizando sus inversiones para consolidar su estatus como potencia global, desarrollar su capital geopolítico y difundir el yuan por  todo el mundo. La ruta no sería más que una calle de sentido único. Los países participantes podrían contraer enormes deudas  al punto de volverse dependientes de China y perder su soberanía al amparo de la “diplomacia de la deuda”.

Al parecer no se han conocido evidencias de daño económico a las naciones receptoras o de excesiva dependencia  a causa de la iniciativa. Más bien las inversiones han tenido un efecto positivo en las economías locales. Para los receptores, el proyecto representa la oportunidad de conectarse con los estados más ricos y por eso los chinos han firmado una cantidad impresionante de acuerdos bilaterales de comercio y desarrollo. El Canciller chino se ufana de que apenas en los últimos 6 años algunos países construyeron su primer puente sobre el mar o su primera autopista, y otros construyeron un puerto logrando el acceso al mar.

Gobiernos occidentales han optado por no sumarse a la iniciativa que favorecería a las empresas chinas, alegando falta de transparencia en los acuerdos que serían “una trampa para la deuda”, y ausencia de estudios de impacto medioambiental. Sin embargo, Italia fue el primer país del G7 en unirse a la ruta, y el principal puerto de Grecia pasó a manos chinas.

Hasta la fecha figuran más  de 100 países en el megaproyecto. En América Latina se han incorporado 10 países, entre ellos Venezuela, como “extensión natural de la ruta marítima”. China ha venido haciendo grandes inversiones en la región y otorgando préstamos de unos 150.000 millones de dólares. “Préstamos corrosivos”, según los Estados Unidos.

La aparición del COVID-19 tendrá seguramente incidencias en el desenvolvimiento  del proyecto. No obstante, Beijing había incorporado otras dos iniciativas a su estrategia  que ahora pueden ser más importantes: La Ruta de la Seda de la Salud y la de la Seda Digital, que permiten la construcción de infraestructura de telecomunicaciones y hospitales.

La determinación de China difícilmente cambiará porque los países en desarrollo seguirán necesitando lo que les está ofreciendo. Seguirán necesitando carreteras, puentes, fábricas. Seguirán necesitando todas la cosas que le habían ofrecido antes de la pandemia y el BRI reorientaría una gran parte de la economía mundial hacia China.  Un  antiguo proverbio chino dice “si quieres ser rico, primero tienes que construir el camino”.

 

Profesor EEI

arteagahoracio@hotmail.com

@Harteaga2013



jueves, 5 de julio de 2018

ARIGlobal: Turbulencias en el sistema de comercio internacional



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global 
Luis Angarita*
 El comercio mundial se ha constituido a lo largo del tiempo como una de las herramientas que facilitan el desarrollo de todas las naciones, de la manera más democrática y universal posible. Es con el comercio que los países han conseguido atravesar procesos de industrialización y modelos de desarrollo exitosos, con la inclusión de sus sistemas socioproductivos en los procesos de producción y consumo regionales y mundiales.
Las visiones “pro comercio” no siempre han sido la tendencia dominante en el sistema mundial. De hecho, en los orígenes del llamado Estado-Nación, la práctica común estaba relacionada con enfoques “anti comercio” o también llamados proteccionistas. El mercantilismo fue la tendencia que reinaba durante toda la transición de la edad media a la edad moderna.
Es a partir de la década de los 90 que se ha establecido un paradigma dentro del sistema del comercio mundial con una clara tendencia hacia la liberación de aranceles y la facilitación de los intercambios comerciales, bien por aprendizaje de aquellos países que han apostado a esa estrategia, o bien por el agotamiento de sistemas proteccionistas que no fueron eficientes en el fomento de las capacidades productivas nacionales.
La creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la proliferación de acuerdos comerciales y de integración económica le dieron un impulso al proceso de liberalización del comercio mundial, reduciendo ampliamente la aplicación de aranceles y la supresión de las barreras no arancelarias, para favorecer a un sistema más previsible y transparente, con el criterio básico de ampliar el acceso a nuevos mercados y de establecer un régimen de competencia universal y transparente a todos los países del mundo.
Claro está que la aplicación de un conjunto de medidas que eliminan la protección a importantes sectores productivos tiene como contraparte la afectación de empresas poco productivas o que, por condiciones del sistema, no pueden enfrentarse a la competencia de los mercados mundiales regionales y mundiales. La cara oculta de la aplicación al dedillo del Libre Comercio, es que genera ganadores y perdedores dentro de cualquier sistema económico.
Lo que poco se comenta es que el mismo sistema comercial debe brindar incentivos para que los sectores afectados por la competencia internacional puedan trasladarse a sectores más productivos dentro de su país,  o que su sistema económico genere las adaptaciones para que pueda competir eficientemente dentro del sistema del comercio mundial.
Pero la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos pone en serias dudas el avance y consolidación de las prácticas liberales dentro del comercio mundial. El presidente republicano llega al poder de la mano de aquellos que fueron afectados por la poca competitividad de sus sectores productivos. Con un discurso populista, trata de reivindicarlos y habla de establecer mecanismos de protección para “volver hacer a América grande” (“Make America great again”).  
En la práctica, el discurso de Trump se ha convertido en medidas de política comercial que ponen en riesgo los avances dentro del sistema de comercio mundial. Las palabras “guerra comercial” o “guerra de aranceles” vuelven a estar presentes en la estrategia de Estados Unidos, con la revisión de sus principales acuerdos comerciales, y con gran afectación a sus principales aliados comerciales. Dado el peso que representa el país norteamericano, los principales actores del comercio mundial, China, la Unión Europea y muchos otros, temen que las medidas adoptadas por EE.UU. puedan afectar la tendencia creciente del comercio y termine por amenazar el crecimiento económico y la estabilidad del sistema mundial.


*Prof FACES/EEI




martes, 29 de mayo de 2018

ARIGlobal: La integración regional caribeña y la COTED-CARICOM


Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global

Mirna Yonis *





La CARICOM en su formato de integración regional se concreta en el Tratado de Chaguaramas, suscrito en 1973 en Jamaica. Ha tenido varias modificaciones, pero mantiene su nombre original. En el siglo XXI tiene un contenido más amplio como sistema institucional, lo que conocemos como Comunidad del Caribe o CARICOM. Uno de los órganos de la integración, posiblemente el medular, es el Consejo de Comercio y Desarrollo Económico (COTED). La presidencia rotativa la ejerce actualmente el señor Chet Greene, Ministro de Asuntos Exteriores, Comercio Internacional e Inmigración de Antigua y Barbuda.

El reciente encuentro ministerial de alto nivel de la COTED en Georgetown (Guyana), del 16 de mayo, viene precedido de una serie de reuniones de trabajo de funcionarios de los distintos países que tienen competencias en el seguimiento y puesta en marcha de los instrumentos y  políticas asociadas a la integración económica.

Si bien la CARICOM se presenta con una estrategia unitaria en sus relaciones exteriores como comunidad, la dimensión intrarregional muestra otros elementos. La composición de 15 miembros, que en su mayoría califican como estado archipielágico, así como la participación de asociados con similares características, se refleja en el posicionamiento diferenciado sobre la situación y rumbo a seguir: por una parte los MDC, países de mediano desarrollo, y los SDC (países pequeños).

La lenta ratificación de algunos instrumentos (acuerdos regionales) renovados en las Cumbres de Mandatarios en favor de una reactivación y relanzamiento de la integración regional es apenas una manifestación de las críticas que han expresado algunos de los líderes. La insatisfacción presenta distintos rostros en las exigencias por sincerar y fortalecer el regionalismo en la CARICOM.

El tan "ansiado" Caribbean Single Market Economy (CSME), por ejemplo,  sigue siendo un tema que genera debate y compromisos. Sin embargo, los discursos de propios y ajenos a esta región siguen planteando preocupación por el aspirado objetivo. La unidad que muestran en sus relaciones exteriores como bloque y como individualidades parece tener otras complicaciones cuando se trata de "liberar" las barreras al comercio (en su sentido más amplio) entre los socios de la CARICOM. Los documentos técnicos, los documentos políticos y los discursos pueden dar cuenta de esta afirmación y seguramente podrán elaborarse propuestas académicas más detalladas para el seguimiento del proceso de integración caribeña en el marco institucional de la Comunidad del Caribe.

El discurso del Embajador Irwing LaRoque, en su segundo mandato como Secretario General, reitera que trabajan en función de los compromisos asumidos, pero se deja entrever en el mejor estilo diplomático el "tono" de las críticas e insatisfacciones que ha recibido de los miembros del organismo que representa. Los medios electrónicos oficiales y las redes sociales nos brindan parte de la información; otras vienen de académicos y analistas. De cualquier manera, los compromisos acordados en esta y demás reuniones técnicas o ministeriales serán elevados a la Cumbre de Mandatarios de la CARICOM que se celebrará el 4-6 de julio en  Montego Bay, Jamaica, país que asume la Presidencia rotativa del organismo regional.

@mirnayonis


Profa FACES/ ARIG/ EEI


      Reunión COTED 2018

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Las opiniones emitidas por los articulistas son de responsabilidad individual y en ningún caso comprometen opiniones de la entidad que promueve este espacio.

martes, 27 de marzo de 2018

ARIGlobal: Vladimir Putin y el renacer del sentimiento soviético en el siglo XXI

Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global
                                                                         Alfredo Ordoñez*

 Los recientes acontecimientos que se han venido desarrollando como consecuencia de la reelección de Vladimir Putin como Presidente de la Federación de Rusia por cuarta vez, muestran el deseo de la población rusa de sostener un hombre político que representa la imagen y fuerza de lo que en algún momento fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).


El presidente Putin se mantendrá en el poder hasta el año 2024, por lo cual se estima que su accionar en el marco de las relaciones internacionales tendrá mayor fuerza, pues cuenta con el apoyo de una población que le dio el aval para representarlos en el escenario internacional.

La política exterior que ha desarrollado el Kremlin desde la llegada de Putin al poder, ha reflejado el renacer de un sentimiento que se creía muerto en la literatura pero muy vigente en la genética de la población que vivió el mundo bipolar, y que hoy en día recuerda con nostalgia, la época de la Guerra Fría.

Después de la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1991, el mundo quedó tutoreado por los Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU) y las potencias de Europa Occidental como Alemania, Francia y Reino Unido, en consonancia con una imagen de multipolaridad. Sin embargo, y a pesar del fuerte impacto que trajo esa nueva dinámica en las relaciones internacionales, el ser soviet se ha mantenido en gran parte de la población de todas las naciones que conformaron la URSS. En algunos casos, por supuesto, es rechazado y negado por la juventud. 

La emblemática URSS se mantiene presente en el Báltico (Estonia, Letonia, Lituania), Asia Central (Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán), el Cáucaso (Georgia, Armenia, Azerbaiyán), en Europa Oriental (Bielorrusia, Ucrania, Moldavia) y en el centro del poder de Eurasia (Rusia).

A pesar de la posición ajena de Ucrania sobre ese sentir, es preciso recordar que en el año 2014, en los conflictos vividos en las principales ciudades del este de Ucrania (Crimea, Donetsk y Luhansk) se observaron manifestaciones pro rusas, lo que implicó una mirada inminente de preocupación por parte de las naciones occidentales, principalmente de la Unión Europea y de los EE.UU, por el renacer de un sentir de poder con futuras connotaciones geopolíticas importantes para el escenario internacional, y que con la reelección de Putin se perciben con mayor fuerza.

¿Qué se puede esperar en la dinámica de las relaciones económicas?

Lo cierto es que detrás del foco de la cámara, los Estados siempre han logrado a través de la historia, establecer un equilibrio geopolítico en el escenario internacional. Rusia suministra casi el 40% del gas que consume Europa Occidental por lo que, a pesar de las sanciones económicas que se le han impuesto, el Kremlin está en capacidad de ejercer presión, pues a pesar de los grandes avances en el uso de energía limpias, todavía los hidrocarburos (petróleo y gas) satisfacen aproximadamente, más del 70% del consumo energético mundial. 

De acuerdo con la Organización Mundial del Comercio (2017), se estima un crecimiento del 3% de la economía mundial, lo que implicará seguramente un incremento del consumo de energía, y más cuando hay perspectivas de crecimiento como el caso de China y la India (6% y 7%, respectivamente), la Unión Europea y los EE.UU (2% y 2%, respectivamente), África (2%), y América Latina (1%). En tal sentido, y tomando en cuenta las discrepancias que se generan en el seno de la Organización de Países Exportadores de la Petróleo (OPEP), Rusia jugará sus fichas para incidir en el mercado energético y en el sistema financiero.

Vladimir Putin logró una alianza energética con la República Popular China, que le garantiza un mercado seguro por muchos años, y más cuando el Presidente Xi Jinping también fue reelegido hace pocos días como líder político de la nación asiática. Adicionalmente, Rusia, como parte de las economías denominadas BRICS, en donde Brasil, India, China y Suráfrica, considerados como los países más emergentes del planeta, son en esencia las naciones que en la actualidad resultan más influyentes en el escenario económico internacional y por ende, son considerados destinos atractivos para las Inversiones Extranjeras Directas (IED).

Finalmente, la situación problemática que se presentó en Ucrania y la participación militar rusa en territorio sirio es el reflejo de un sentir que se ha mantenido vivo y nostálgico desde el ámbito del poder político y militar. Indudablemente, es imposible que se pueda refundar la URSS ante un sistema global donde la democracia juega un elemento clave de legitimidad para optar al poder, pero lo que sí es factible es el renacer de movimientos nacionalistas pro rusos que puedan alterar el orden de la región europea oriental y del mismo Cáucaso, lo que traería fuertes implicaciones para las inversiones de los EE.UU en la zona y el rechazo absoluto de Europa Occidental.

*Prof FACES/ ARIG/ Economía
  @alf_ord    




                                                      Imagen extraída de http://aniversario.elpais.com/putin/.


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miércoles, 31 de enero de 2018

ARIGlobal: Davos en el 2018


Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global

  Luis Angarita *



A diferencia de años anteriores, la prudencia parece haber sido la principal característica de la reunión anual que el Foro Económico Mundial realiza a finales del mes de enero y que reúne a un gran grupo de líderes mundiales en lo político, académico y empresarial para discutir los posibles escenarios en los distintos temas de interés como la globalización, el calentamiento global, educación, comercio, entre muchos otros. Dando un repaso a la agenda de desarrollo, encontramos que el mundo todavía no ha superado las secuelas de la crisis económica vivida hace casi una década atrás, y que a este escenario de incertidumbre se le suman las turbulencias que surgen con la aparición de nuevos líderes y de nuevas agendas para cada tema en particular.

En materia de comercio mundial, las expectativas siguen centradas en la nueva estrategia de política comercial que impulsa EEUU al retirarse de las llamadas meganegociaciones tanto con el continente europeo como con los miembros del pacífico,  al tiempo que renegocia el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte con México y Canadá.  Esta tendencia a replegarse en sí mismo no es exclusiva de los norteamericanos, pues se refleja también en el poco avance en el seno de la Organización Mundial de Comercio y en las negociaciones entre Reino Unido y el resto de la Unión Europea luego del proceso de salida conocido popularmente como el “Brexit”. Sin embargo,  en la otra esquina, encontramos países que siguen apostando por la profundización del comercio como herramienta de desarrollo, con líderes como Trudeau y Merkel, representantes de Canadá y Alemania respectivamente.

En materia ambiental, el calentamiento global sigue siendo la principal preocupación, y las intervenciones de muchos de los líderes mundiales se enfocaron en propiciar acciones que reduzcan sus efectos. Para el presidente de India esta representa la mayor amenaza al futuro de la humanidad.  El presidente francés, Enmanuel Macron, dando un decidido paso al frente  anunció la erradicación del uso del carbón en plantas termoeléctricas para el año 2021 como contribución a la reducción de emisión de gases efecto invernadero.

El crecimiento económico se proyecta positivo para los años 2018 y 2019 según las estimaciones tanto del Fondo Monetario Internacional como para el Banco Mundial, pero algunos líderes empresariales advierten que podemos encontrarnos en una burbuja financiera similar a la de 2006,  la cual, sabemos, desató la crisis económica más importante desde el Crack de la Bolsa de Nueva York en 1929. El lema que acoge la reunión de este año se centra en este escenario de incertidumbre y bautiza la cumbre bajo el slogan “Creando un futuro compartido en un mundo fracturado”.

Sin duda, las tensiones se acrecientan por las turbulencias que han introducido líderes mundiales como Trump, no sólo en materia de comercio internacional, sino en los efectos de sus políticas internas, con reformas y recortes fiscales y claras muestras de segregación social, dado que ponen de manifiesto los grandes retos que enfrenta la sociedad mundial en todos los ámbitos, económico, político, social, ambiental y educativo.  Sin embargo, hay que darse espacio para celebrar los esfuerzos conjuntos para vislumbrar aquellas políticas públicas y acciones concretas que puedan hacer de este un mundo mejor.


Prof. FACES/ EEI





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miércoles, 29 de noviembre de 2017

¿Dinamizando el comercio internacional?




Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global

Felix Arellano*




Para algunos estudiosos, las diferencias económicas y, en particular comerciales, forman parte de los factores que estimularon las conflagraciones mundiales, de allí la importancia de construir una gobernabilidad económica internacional

Con el correr del tiempo el comercio internacional se fue transformando en una fuerza compleja; por una parte, dinámica y transformadora en el contexto mundial; por otra, causa de conflictos, de allí la conveniencia que los acuerdos comerciales incorporen un mecanismo eficiente de solución de diferencias. Por muchos años hemos apreciado como la apertura de los mercados y el incremento y diversificación del comercio ha estimulado el bienestar, en esta etapa se multiplicaron las zonas de libre comercio, pero también surgieron problemas que estimularon una crítica radical, que se podría resumir como postliberalismo, con particular influencia en nuestra región. En los actuales momentos apreciamos tendencias contradictorias, los radicales postliberales han fracasado con su falso discurso; empero, el desasosiego logra nuevos aires con el euroescepticismo y el efecto Trump.

Para algunos estudiosos, las diferencias económicas y, en particular comerciales, forman parte de los factores que estimularon las conflagraciones mundiales, de allí la importancia de construir una gobernabilidad económica internacional, que se tradujo en acciones como: los acuerdos de Breton Woods de 1944, que dan origen al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial o la creación del GATT (Acuerdo General de Aranceles y Comercio) en 1947.

Uno de los objetivos es utilizar las potencialidades del comercio para crear confianza entre los Estados. En este contexto se inscriben los acuerdos del carbón y del acero firmados por varios países europeos en 1951, que llevaron a la suscripción, por seis países europeos, del Tratado de Roma en 1957, que da origen a la Comunidad Económica Europea, que luego de varias décadas llegará a 28 países miembros como Unión Europea; ahora bien, las diferencias y el escepticismo también han crecido, como es el caso del Brexit, el retiro de la Gran Bretaña.

En nuestra región latinoamericana el comercio también presenta la complejidad dialéctica, de creación de beneficios y de diferencias. En este último sentido destaca los fracasos y retrocesos en materia de integración regional, muy marcados por los resentimientos nacionalistas, alimentados, entre otros, por el equivocado nacionalismo radical. Desde esta perspectiva los gobiernos se preocupan por los beneficios comerciales que pueden obtener los supuestos enemigos, es una visión suma cero de la relación comercial. Visión que contribuyó al fracaso de veinte años de negociaciones para formar la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC). También el nacionalismo radical afectó los avances en el viejo Grupo Andino.

Pero no todo es negativo y el comercio ha sido uno de los estímulos para fortalecer las relaciones entre los países de la región; al respecto, cabe destacar el caso de  Argentina y Brasil, que al adoptar el Programa de Cooperación Integral (PICAB) en el marco de la ALADI, sentaron las bases para la posterior conformación del Mercado Común del Sur (Mercosur), con el Tratado de Asunción en 1991. En Venezuela también tenemos experiencias positivas en materia comercial, pues luego del grave incidente de la corbeta Caldas colombiana en las aguas del Golfo de Venezuela, el marco del Grupo Andino, y particularmente del comercio, contribuyó a fortalecer la relación bilateral y se tradujo por varios años en el incremento del comercio, las inversiones, el empleo y el bienestar general entre ambos países.

Desafortunadamente, el gobierno bolivariano se creyó el falso discurso radical postliberal contra el libre comercio y ha tratado de llevarlo hasta sus últimas consecuencias, y hoy observamos los nefastos resultados. Un país aislado en materia de integración, con su economía en destrucción y buscando falsas excusas, como la guerra económica, para crear “chivos expiatorios”, pero consciente del perverso juego político, que al empobrecer se consolida en el poder. En efecto, el proceso bolivariano ha sido uno de los más firmes impulsores de la radical visión postliberal, pero no ha trabajado para superar las debilidades de la integración, como por ejemplo los temas de equidad; por el contrario, ha trabajado para destruir la integración existente y crear un marco que resulte favorable a sus arbitrariedades.

En estos últimos meses pareciera que el llamado “efecto Trump”, también incrementa la incertidumbre en materia comercial, al rechazar los mega acuerdos comerciales como el Transpacífico y el Transatlántico y promover la eliminación el TLC con Canadá y México; pero, el mundo está consciente de las potencialidades que puede ofrecer el comercio y está trabajando para que esta negativa tendencia no se consolide. Como parte de las señales positivas se puede apreciar que los once países restantes del Acuerdo Transpacífico están trabajando para revisar el texto y retomarlo. También se espera que las largas y complejas negociaciones entre la Unión Europea y el Mercosur, para conformar una zona de libre comercio, pudieran culminar este año y se firme el acuerdo en diciembre, en el marco de la Reunión Ministerial de la OMC en Argentina.

La comunidad internacional también espera con expectativa que la reunión de la OMC en Argentina culmine con la larga Ronda Doha que inició en el 2001. Un optimismo ingenuo, cuando observamos que los países radicales, como el proceso bolivariano, juegan al caos, pues la destrucción los fortalece. Esperemos que las fuerzas democráticas y racionales puedan trabajar con coherencia para abrir mercados con equidad, pues en ese escenario se establecen las bases para que todos podamos ganar.

* Prof FACES/ARIG/EEII


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martes, 21 de marzo de 2017

ARIGlobal: ¿Resurge el nacionalismo radical?

ARIGlobal
Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global  

Felix Arellano*     
                                                               
Desde el surgimiento del Estado Nación, formalmente establecido con la firma de la Paz de Westfalia en 1648, su papel en la dinámica mundial ha sido fundamental, podríamos decir que ha sido el epicentro y gran hegemon y, desde los inicios del sistema internacional, los Estados se han caracterizado por un celoso control de su capacidad de acción individual, lo que fue conformando el cuadro de la soberanía absoluta. Ahora bien, con el dinamismo y heterogeneidad que caracteriza a las relaciones internacionales y, en la medida que la interdependencia y la globalización se van fortaleciendo, la acción individual de los Estados va resultando limitada y vulnerable; empero, paradójicamente, estamos observando como el nacionalismo radical está resurgiendo, fundamentalmente en países prósperos económicamente, lo que además de exacerbar la incertidumbre, pudiera conllevar consecuencias negativas, no solo para esos países, sino para el sistema en su conjunto.
Luego de la IIda Guerra Mundial, las complejas transformaciones técnicas y tecnológicas contribuyeron a estimular nuevas visiones y formas de organización del escenario mundial, donde el papel del Estado se va flexibilizando y reduciendo. En este contexto, podemos apreciar el progresivo surgimiento y consolidación de nuevos actores internacionales tales como: las corporaciones transnacionales, las organizaciones internacionales y las organizaciones no gubernamentales (ONG). También destaca el creciente desarrollo del multilateralismo y la integración económica.
La creciente interdependencia va generando que temas fundamentales para el funcionamiento de las sociedades y, en particular, para su bienestar, se encuentren cada día más interconectados en el escenario global, podríamos mencionar por ejemplo: el comercio internacional, las telecomunicaciones, las finanzas o los procesos productivos que se van estructurando en cadenas globales de valor a escala mundial.
Pero lo más desafiante para los Estados tiene que ver con los graves problemas que se han desarrollado en el marco de la dinámica global, como los retos ecológicos: calentamiento global, capa de ozono o el agua dulce por mencionar algunos; también nos encontramos con la vulnerabilidad de los derechos humanos o con los llamados ilícitos internacionales tales como: tráfico de estupefacientes, tráfico de órganos humanos, tráfico de personas, tráficos de armas; o los ilícitos financieros, entre ellos la creciente corrupción. Y no podemos dejar de mencionar los desafíos sanitarios globales como el VIH/SIDA, la gripe aviar o el ebola.
Las fuerzas que buscan conformar nuevos Estados independientes en España, Canadá o Bélgica por citar algunos; o los Estados que buscan un mayor aislamiento, con el supuesto objetivo de fortalecer su capacidad de acción y de bienestar; parecieran olvidar que la realidad técnica y tecnológica que vivimos nos interconecta, nos hace interdependientes. Claro que podemos aislarnos, pero con costos sociales muy altos. Lo irracional es que se presente al aislacionismo como una opción para enfrentar las limitaciones del mundo global, pues en la práctica, puede resultar que se agraven los problemas iniciales, y se generen otros nuevos, tanto para el país, como para el conjunto.
Como parte del libreto del nacionalismo radical que estamos observando destaca el rechazo a los procesos de integración económica. Se argumenta, equivocadamente, que la integración es la culpable de problemas económicos, como el desempleo, olvidando la compleja dinámica de la productividad y la competitividad. La integración puede generar problemas sociales, la IV Revolución Industrial, caracterizada por la expansión de la robótica en los procesos productivos, también puede conllevar problemas sociales; pero en ambos casos, la solución no tiene que ver con la destrucción de las máquinas o de los centros de investigación o de los acuerdos de integración.
La tesis que sostiene que frente a los problemas que genera la integración la solución exige profundizarla, no es baladí. En este orden de ideas, no es el aislacionismo, ni la soberanía absoluta con barreras y muros lo que puede resolver los problemas sociales que estamos enfrentando; por el contrario, las soluciones exigen más diálogo, negociación, participación, cooperación, multilateralismo e integración; frente a los problemas globales, se requieren soluciones negociadas globalmente. Todo lo contrario de lo que pregonan las propuestas populistas y autoritarias.

*Profesor   FACES/ ARIG

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ARIGlobal: ¿Está en riesgo el sistema comercial liberal?


ARIGLOBAL
Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global

                                                                                                         
Luis Angarita
El sistema del comercio mundial contemporáneo  se ha venido construyendo desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial, contexto en el cual el sistema económico mundial buscaba el establecimiento de un conjunto de normas que permitiesen generar  previsibilidad y confianza a los distintos países, en un momento de urgencia y de reconstrucción de la economía mundial. Así, junto a las instituciones de Bretton Woods, (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial), se hacen esfuerzos para establecer un régimen internacional avocado al comercio internacional.  Pero como las negociaciones comerciales tienen la particularidad de conseguir muchas resistencias, en el contexto de los años cuarenta sólo se pudo materializar un acuerdo provisional de aranceles y comercio, conocido en la literatura como el GATT del 47.
Este foro de negociaciones fue dando forma a lo que hoy en día conocemos como el sistema del comercio mundial que, como régimen internacional[1],  cuenta con un sistema de normas, leyes y procedimientos comunes, que generan la confianza de acudir a un mecanismo cada día más libre y transparente. De esta manera conseguimos que la Organización Mundial del Comercio, creada en el año de 1994, se constituya como un sistema abierto, con negociaciones paulatinas, con agendas ampliadas de los temas comerciales, y con el objetivo común de un comercio más libre e inclusivo.
En esta organización se concentra, lo que en el mundo académico se consideraría como paradigma, es decir, luego de un amplio debate a lo largo del Siglo XX, con argumentaciones a favor y en contra del libre comercio, con sistemas regulatorios sesgados a la protección arancelaria, las negociaciones de la década de los noventa muestra a un mundo orientado casi unánimemente a la apertura comercial, generando así la común aceptación de la comunidad, tanto científica como tomadores de decisiones, de que el libre comercio es el mejor modelo posible dentro del sistema de intercambios comerciales.
Esta visión liberal es la que se ha profundizado desde comienzos de la década de los 90, aunque algunos autores la ubican incluso a principios de los años 80, y marca los principios que rigen las relaciones comerciales, cada vez más libres, previsibles, transparentes y leales. Aun cuando las negociaciones en el seno del organismo multilateral para la profundización de  un sistema más libre puedan complicarse en virtud de la complejidad de cada vez más temas dentro del comercio, la tendencia de cada uno de los países es adaptarse a un sistema que ofrece cada vez más oportunidades, pero a la par, cada vez ofrece más competencia a todos los productores que quieran participar en el comercio mundial.
Con la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos de América, se ponen a prueba todo este conjunto de prácticas que han marcado la tendencia liberal del comercio contemporáneo. Esta discusión se plantea en el marco de la campaña del presidente republicano, quién enarboló un conjunto de propuestas de corte proteccionista, desenterrando los argumentos de la primera mitad del Siglo XX, como protección a la industria nacional, o la defensa del empleo norteamericano. Su principal slogan de campaña era la oferta de “volver a hacer América grande” (Make America Great Again).
Desde la toma de posesión, el ahora Presidente Trump ha realizado Órdenes Ejecutivas que desmantelan el avance de negociaciones comerciales logradas en las pasadas administraciones. Su primer acto fue retirarse del Tratado Transpacífico, cuyo objeto es profundizar el libre comercio en la cuenca del Océano Pacífico, lugar geoestratégico que concentra a la mitad de la producción mundial y las dos terceras partes de la población global.  Entre otras de las acciones más destacadas ha sido la amenaza a las empresas automotrices para que establezcan sus fábricas ensambladoras en territorio norteamericano, en detrimento de México.  Más recientemente, ha anunciado la revisión del histórico Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) para pasar a renegociar un sistema de protección comercial con su socio latinoamericano.
Si bien estas actuaciones representan una amenaza a todo el recorrido de negociaciones comerciales vividos en los últimos 30 años, sobre todo por el rol que los Estados Unidos juega en el comercio mundial, también es cierto que, por el otro lado, se han alzado voces en defensa de mantener un sistema comercial abierto y transparente para todos por igual.
En esta oportunidad, las voces de defensa del libre comercio vienen de actores no tradicionales en el tema, como es el caso del presidente chino Xi Jinping, quien en la sesión anual del Foro Económico Mundial celebrado en Davos, sostiene que tanto China como el mundo necesitan de un sistema comercial abierto alertando que “no habrá ganadores en una guerra comercial”, respondiendo a las preocupaciones de un escenario adverso al comercio mundial.
Y en este mismo sentido se han pronunciado distintos foros de integración mundial, como el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), Unión Europea, Mercosur, entre otros, ya que la evidencia estadística ha demostrado que, si bien un sistema de competencias puede perjudicar a los sectores ineficientes de una economía, los países en general, y aquellos en vías de desarrollo y economías emergentes en particular, están en mejores condiciones y participan de mejor manera del sistema de producción mundial y de las cadenas globales de valor gracias a un sistema comercial abierto.
De modo que, si bien las medidas avanzadas desde la nueva administración de los Estados Unidos parece mostrar una gran amenaza al avanzado sistema de negociaciones comerciales, existen también voces que salen en su defensa, ya que, el libre comercio ha demostrado generar mayor bienestar que cualquier otro sistema dentro del comercio internacional.
Profesor FACES/ RRII
Luisangarital@gmail.com



[1] Krasner (1983) la define como conjunto de principios implícitos o explícitos, normas, reglas y procedimientos de decisiones alrededor del cual las expectativas de los actores convergen en una determinada área de las relaciones internacionales

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