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miércoles, 6 de marzo de 2019

Trump negociador explosivo, pero ¿efectivo?



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores de Venezuela que combina lo interméstico y global



Felix Arellano*



El Presidente Donald Trump se presentó durante el proceso electoral como un negociador exitoso que logró construir un enorme emporio económico y que podría lograr la pronta recuperación del poderío norteamericano.  Luego de transcurrido cierto tiempo, resulta obvia su disposición al empleo de un método agresivo y ambicioso de negociación; lo que no está claro es su efectividad. Muchas dudas generan en estos momentos los casos de China, Corea del Norte y Venezuela.

Como manifestación de la faceta más dura del estilo negociador del Presidente Trump, en el plano internacional, podemos mencionar los siguientes casos: el retiro del acuerdo de libre comercio transpacífico, que promovió el expresidente Obama, como parte de la estrategia de contención al expansionismo económico de China; el rechazo del acuerdo sobre el cambio climático de las Naciones Unidas y el retiro de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Tales casos ilustran sus posturas agresivas, pero su efectividad es muy discutible, pues la expansión china sigue en ascenso, el cambio climático es un problema global que se agudiza y la Unesco se mantiene con sus debilidades. Para promover cambios eficientes sería más conveniente trabajar con los aliados desde las propias instituciones.

El caso de México es digno de consideración, pues desde la campaña electoral lo presentó como uno de los enemigos a enfrentar y habló del acuerdo de libre comercio (TLC), del que México forma parte, como un fracaso. Todo parecía indicar que vendrían tiempos negros en la relación comercial. Ya en la presidencia, de inmediato inició la revisión del TLC y el discurso explosivo anunciaba tormenta; empero, generó resultados paradójicos. Por una parte, varios de los beneficiados con el TLC, que son muchos, lograron presionar para que el acuerdo se mantuviera. Por otra parte, la hábil actuación de bajo perfil de los gobiernos de México y Canadá, permitió que el acuerdo se mantuviera con algunos cambios y el Presidente Trump tuvo que contentarse con presentar el cambio del nombre como un triunfo.

El estilo explosivo también está caracterizando la relación con sus socios tradicionales de la Unión Europea y de la OTAN. Mucha agresividad que genera desconfianza y distancia para lograr objetivos reducidos y de factible negociación técnica relativos a: comercio, inversiones, propiedad intelectual, servicios, etc. Pero como parte del esquema explosivo y poco eficiente, destruyó un espacio de negociación importante al rechazar el acuerdo transatlántico.

Ahora nos encontramos con tres casos donde la estrategia explosiva está generando serias dudas: la guerra comercial contra China, el desarme nuclear de Corea de Norte y la salida del proceso bolivariano del poder en el caso venezolano.

La relación económica entre China y Estados Unidos es importante para ambas partes, de tal forma que los primeros interesados en que se supere pronto la actual situación de incertidumbre son los empresarios. Ya se han celebrado tres rondas técnicas de negociación, pero las duras posiciones no permiten mayores avances. Adicionalmente debemos destacar que el caso venezolano puede formar parte de las fichas de la negociación.

Con Corea del Norte se apreciaba un ambiente diferente que generó confusiones iniciales, por la extraña receptividad del Presidente Trump con el joven dictador Kim Jong-un, lo que evidenciaba un cambio de estrategia. El primer encuentro efectuado en Singapur en junio del 2018, resultó afectivo, pero poco efectivo. Ahora, que se ha realizado el segundo encuentro en Vietnam, la situación se ha tornado compleja con un final abrupto, sin ninguna declaración, lo que evidencia la distancia de las posiciones. Kim Jong-un aspirando el desmonte de todas las sanciones y el eventual retiro de las fuerzas militares de Estados Unidos de la península; y el Presidente Trump aspirando la eliminación total del programa nuclear de Corea del Norte. El proceso de negociación requerirá de mucha paciencia y creatividad y no de explosiones para resultar efectivo para ambas partes.

En el caso venezolano la explosión inicial del Presidente Trump se ha orientado a promover las pasiones y eso le ha permitido una gran conexión con la población venezolana, pues tenemos varios años enfrentado el desastre bolivariano; empero, no está muy claro el alcance de las opciones a desarrollar, ni la coordinación con los diversos actores involucrados en su propio país como las diversas instituciones gubernamentales, el Congreso y el partido demócrata. En estos momentos se observa en el ambiente un debate sobre la efectividad del discurso emocional, lo que plantea la posibilidad de perder credibilidad.

Estamos conscientes que nuestra grave situación exige de soluciones urgentes, pero debido a la complejidad del problema conviene mayor reflexión que pasión; mucha coordinación con la diversidad de actores que participan y coherencia.

No es fácil tener paciencia en tan graves condiciones, pero la impaciencia no es la mejor consejera.

Prof. FACES/ARIG/EEI





martes, 24 de julio de 2018

ARIGlobal: La estrategia rusa


Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global


Felix Arellano*


Robert Mueller, el fiscal especial designado para coordinar la investigación de la llamada “conexión rusa”, es decir, la eventual actuación, bajo espionaje cibernético, de fuerzas rusas contra la candidatura de la Señora Hillary Clinton, en las pasadas elecciones presidenciales, acaba de presentar un Informe en el que imputa a 12 espías rusos de realizar la labor de espionaje contra el partido demócrata; la lista es más numerosa, pero aún no precisa sobre la participación de las altas esferas políticas rusas, no hace referencia al eventual “Putingate”, rememorando el Watergate, que dirigió Richard Nixon también contra el partido demócrata.

Pareciera que sobre la conexión rusa en los Estados Unidos ya empiezan a aparecer culpables, pero nada se dice del autor intelectual. En el mundo también se habla de otras conexiones rusas que no han sido suficientemente investigadas, en consecuencia, no se tiene claridad sobre eventuales responsables, entre otros, son los casos de: los envenenamientos ocurridos en el Reino Unido, o las eventuales conexiones rusas en el Brexit (la salida de la Gran Bretaña de la Unión Europea), o en el movimiento separatista catalán en España, o en las tendencias xenofóbicas y euroescépticas en varios países europeos, como la estrecha vinculación de la Sra. Le Pen de Francia con los líderes rusos.

Como bien sabemos el expansionismo forma parte de la idiosincrasia rusa, está presente desde sus orígenes y ha caracterizado su historia nacional, Cabe destacar que desde Iván III el Grande, a finales del siglo XV, el expansionismo territorial forma parte de la esencia de la Rusia imperial. Luego, la camarilla del comunismo imperial, también buscaba la expansión rusa en el planeta. La caída del comunismo trajo unos años de introspección, pero el protagonismo y el liderazgo se mantienen vivos en la dirigencia rusa, además forma parte de los temas de orgullo nacional.

Ahora bien, el protagonismo y liderazgo en un mundo global de la IV revolución industrial, exige de unas fortalezas que no caracterizan la Rusia actual. En la revolución del conocimiento científico y tecnológico, base fundamental en los procesos globales, Rusia no juega un papel relevante; empero, el protagonismo y liderazgo es su obsesión y, como bien sabemos, las obsesiones mal encausadas son peligrosas; también se puede lograr protagonismo destruyendo y en nuestros días es un lugar común decir que “Rusia juega al caos, buscando algún beneficio”

Actualmente el populismo autoritario que lleva varios años gobernando en Rusia ha asumido el liderazgo y protagonismo internacional como una de sus banderas fundamentales, el renacimiento de un equivocado orgullo nacionalista expansivo. En tal sentido, encontramos una activa presencia rusa, en primer lugar, tratando de retomar lo que considera son sus espacios naturales, de allí la gran preocupación de sus vecinos, entre otros, se ha anexado parte de Ucrania (Crimea y Sebastopol), establece enclaves coloniales en Abjasia y Osetia en Georgia y mantiene bajo amenaza los países bálticos. Al respecto, el Presidente de Ucrania alertaba sobre el expansionismo y la agresión rusa, que desprecia las normas del derecho internacional y aspira destruir la arquitectura de la seguridad europea.

Pero la obsesión de protagonismo y liderazgo del gobierno ruso es global y lo encontramos actuando muy activamente en otras áreas como el medio oriente, particularmente en Siria; participando en un eje con Irán y Turquía. En la estrategia de búsqueda de beneficios a escala global y, en el marco de su estrecha relación con Irán, no está muy claro su apoyo a movimientos terroristas como Hámas y Hezbollah. En Asia, si bien ha tratado de mantener un cuidadoso equilibrio con China, por ser miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ha tratado de involucrarse en la mayoría de los conflictos.

También en nuestro hemisferio se está evidenciando el activismo ruso y de nuevo pareciera que juega al caos, a ver qué beneficios puede lograr, de hecho aparece vinculado a gobiernos autoritarios, con graves expedientes de violación de los derechos humanos, destrucción de institucionalidad democrática y clara actitud cuestionadora de la normativa internacional como son: la dictadura cubana y los gobiernos de Nicaragua y Venezuela

En particular las relaciones con el proceso bolivariano venezolano se presentan formalmente estrechas, con bastantes negocios, particularmente de armas y muy poca transparencia y legalidad.
El proceso bolivariano sueña que Rusia pueda jugar el papel de mecenas que no ha logrado con China, y esto le viene muy bien a la estrategia del caos ruso, que se está logrando espacios con las posturas agresivas de Donald Trump, frente a Europa, particularmente contra la OTAN; también aprovecha la amplia agenda de problemas que está enfrentando la Unión Europea, para propiciar su desintegración y con los populismos autoritarios latinoamericanos logra aliados para expandir el caos y avanzar en su añorado protagonismo y liderazgo. Pero que no crea el proceso bolivariano que el autócrata ruso tiene la capacidad y menos la voluntad de enfrentar los graves problemas venezolanos, todo lo contrario su habilidad es la destrucción…


Prof FACES/ ARIG/EEI


jueves, 5 de julio de 2018

ARIGlobal: Turbulencias en el sistema de comercio internacional



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global 
Luis Angarita*
 El comercio mundial se ha constituido a lo largo del tiempo como una de las herramientas que facilitan el desarrollo de todas las naciones, de la manera más democrática y universal posible. Es con el comercio que los países han conseguido atravesar procesos de industrialización y modelos de desarrollo exitosos, con la inclusión de sus sistemas socioproductivos en los procesos de producción y consumo regionales y mundiales.
Las visiones “pro comercio” no siempre han sido la tendencia dominante en el sistema mundial. De hecho, en los orígenes del llamado Estado-Nación, la práctica común estaba relacionada con enfoques “anti comercio” o también llamados proteccionistas. El mercantilismo fue la tendencia que reinaba durante toda la transición de la edad media a la edad moderna.
Es a partir de la década de los 90 que se ha establecido un paradigma dentro del sistema del comercio mundial con una clara tendencia hacia la liberación de aranceles y la facilitación de los intercambios comerciales, bien por aprendizaje de aquellos países que han apostado a esa estrategia, o bien por el agotamiento de sistemas proteccionistas que no fueron eficientes en el fomento de las capacidades productivas nacionales.
La creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la proliferación de acuerdos comerciales y de integración económica le dieron un impulso al proceso de liberalización del comercio mundial, reduciendo ampliamente la aplicación de aranceles y la supresión de las barreras no arancelarias, para favorecer a un sistema más previsible y transparente, con el criterio básico de ampliar el acceso a nuevos mercados y de establecer un régimen de competencia universal y transparente a todos los países del mundo.
Claro está que la aplicación de un conjunto de medidas que eliminan la protección a importantes sectores productivos tiene como contraparte la afectación de empresas poco productivas o que, por condiciones del sistema, no pueden enfrentarse a la competencia de los mercados mundiales regionales y mundiales. La cara oculta de la aplicación al dedillo del Libre Comercio, es que genera ganadores y perdedores dentro de cualquier sistema económico.
Lo que poco se comenta es que el mismo sistema comercial debe brindar incentivos para que los sectores afectados por la competencia internacional puedan trasladarse a sectores más productivos dentro de su país,  o que su sistema económico genere las adaptaciones para que pueda competir eficientemente dentro del sistema del comercio mundial.
Pero la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos pone en serias dudas el avance y consolidación de las prácticas liberales dentro del comercio mundial. El presidente republicano llega al poder de la mano de aquellos que fueron afectados por la poca competitividad de sus sectores productivos. Con un discurso populista, trata de reivindicarlos y habla de establecer mecanismos de protección para “volver hacer a América grande” (“Make America great again”).  
En la práctica, el discurso de Trump se ha convertido en medidas de política comercial que ponen en riesgo los avances dentro del sistema de comercio mundial. Las palabras “guerra comercial” o “guerra de aranceles” vuelven a estar presentes en la estrategia de Estados Unidos, con la revisión de sus principales acuerdos comerciales, y con gran afectación a sus principales aliados comerciales. Dado el peso que representa el país norteamericano, los principales actores del comercio mundial, China, la Unión Europea y muchos otros, temen que las medidas adoptadas por EE.UU. puedan afectar la tendencia creciente del comercio y termine por amenazar el crecimiento económico y la estabilidad del sistema mundial.


*Prof FACES/EEI




martes, 15 de mayo de 2018

ARIGlobal: Trump fortalecido ¿y Venezuela?

 
Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global

Felix Arellano *


Todo indica que Donald Trump ha decidido radicalizar su actuación internacional con el objetivo de fortalecer su posición interna y así  impedir el juicio político (impeachment) que fácilmente podría aprobar un Congreso de mayoría demócrata, pues las investigaciones avanzan y se acercan peligrosamente al propio Presidente.

En estos momentos la popularidad del Presidente se incrementa, los radicales se sienten satisfechos y asumen que el país está creciendo, también el empleo, las inversiones y la fortaleza a escala mundial. Si este ambiente se mantiene hasta el mes de noviembre, el triunfo del partido republicano está garantizado; empero, la incertidumbre también está presente y los casos de Corea del Norte e Irán se pueden complicar. Otro tema que debemos incorporar en la agenda es Venezuela.

En la estrategia radical del Presidente Trump un paso decisivo ha sido la eliminación de los moderados en su equipo más cercano de gobierno. La salida del Secretario de Estado y los Consejeros de Seguridad y de Economía, sustituidos por radicales, también definidos como “halcones”, facilita la adopción de decisiones duras como el retiro de los Estados Unidos del Acuerdo con Irán. Esta decisión fortalece sus vínculos con los gobiernos de Israel, de Arabia Saudita y con el poderoso lobby judío; pero, fundamentalmente, lo fortalece  a él frente al electorado que lo llevó a la presidencia.

Debemos destacar que el Presidente Trump ya ha adoptado varias decisiones que están minando el multilateralismo, el diálogo y la negociación; ha sido el caso del retiro del Acuerdo Transpacífico, la eliminación de las negociaciones del Acuerdo Transatlántico, el rechazo al Acuerdo de Paris sobre el cambio climático, la incertidumbre que aún persiste en las negociaciones para la revisión del Tratado de Libre Comercio con Canadá y México. En este contexto debemos sumar su alejamiento de Europa Occidental, su creciente enfrentamiento comercial con China y, ahora se suma, el caso de Irán.

Los radicales norteamericanos, que en su mayoría respaldan al partido republicano, leen estas acciones como señales de fortaleza, el país retomando su poder (América primero) y las riendas de la dinámica mundial. Por otra parte, las señales que se está enviando a Corea del Norte, para la cumbre de 12 de junio en Singapur, son duras. Estados Unidos no quiere acuerdos suaves y progresivos; no cree en los mecanismos de control y por eso rechaza el acuerdo con Irán; para nada aceptará una negociación lenta y larga, como quisiera Corea del Norte y, por ningún concepto, retirará sus fuerzas militares de zona, que representan el paraguas de defensa (frente a China) de varios aliados asiáticos, en particular Corea del Sur, Japón e India.

Pero la situación se puede complicar y Corea del Norte podría rechazar el proceso de diálogo y negociación y mantener su programa nuclear. En este escenario seguramente las sanciones de Estados Unidos se incrementarán, pero sabemos que su viabilidad depende del apoyo de China, que también está siendo atacado comercialmente por Donald Trump. Irán también podría decidir retomar y acelerar su programa nuclear, de nuevo las sanciones se pueden incrementar, pero tiene el apoyo de Rusia. En estos escenarios complicados, surge la pregunta ¿Trump está dispuesto al uso de la fuerza militar para imponer sus soluciones, teniendo presente la crisis interna que esto puede generar?

En otro escenario, favorable para Trump, se podría plantear que, en el aparente pragmatismo del joven dictador Kim Jong-un decida negociar para lograr respaldo económico y perpetuidad en el poder. Ahora bien, en el caso de Irán, para el Ayatolá Ali Jamenei la situación se presenta más compleja, tanto por el radicalismo de su discurso, como por la disposición de Israel a realizar acciones militares contundentes, lo acaba de hacer de nuevo en Siria.

Evidentemente reina la incertidumbre, a la que debemos sumar, entre otros, una Unión Europea débil por la salida de la Gran Bretaña (Brexit), con un creciente euroescepticismo que seguramente obstaculizará los esfuerzos del Presidente de Francia para fortalecer el bloque. Por otra parte, China crece como potencia, pero aún con serías debilidades estructurales, en particular en el plano militar. Rusia juega al desorden y carece de credibilidad y, el resto de los BRICS enfrentando serias dificultades internas.

En este contexto geopolítico tan complejo, con un Trump fortalecido y unas potencias alternativas débiles, pragmáticas y negociantes, la situación se presenta más acuciante para el proceso bolivariano, que busca una potencia mecenas y se mantiene arrogante frente a la comunidad internacional, en particular, contra “el imperio”, rechazando cualquier negociación seria y desafiante con acciones agresivas e inconstitucionales, como la instalación de una asamblea nacional constituyente, que se presenta como supraconstitucional y la convocatoria adelantada de un fraude electoral.

Para decepción de los radicales e ingenuos lo cierto es que  el imperio, en el corto plazo, se está fortaleciendo y tiene en su agenda como un problema la revolución bolivariana, pues en efecto está afectando la seguridad del hemisferio.

Prof  FACES/ARIG/ EEI*




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Las opiniones emitidas por los articulistas son de responsabilidad individual y en ningún caso comprometen opiniones de la entidad que promueve este espacio.




miércoles, 29 de noviembre de 2017

¿Dinamizando el comercio internacional?




Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global

Felix Arellano*




Para algunos estudiosos, las diferencias económicas y, en particular comerciales, forman parte de los factores que estimularon las conflagraciones mundiales, de allí la importancia de construir una gobernabilidad económica internacional

Con el correr del tiempo el comercio internacional se fue transformando en una fuerza compleja; por una parte, dinámica y transformadora en el contexto mundial; por otra, causa de conflictos, de allí la conveniencia que los acuerdos comerciales incorporen un mecanismo eficiente de solución de diferencias. Por muchos años hemos apreciado como la apertura de los mercados y el incremento y diversificación del comercio ha estimulado el bienestar, en esta etapa se multiplicaron las zonas de libre comercio, pero también surgieron problemas que estimularon una crítica radical, que se podría resumir como postliberalismo, con particular influencia en nuestra región. En los actuales momentos apreciamos tendencias contradictorias, los radicales postliberales han fracasado con su falso discurso; empero, el desasosiego logra nuevos aires con el euroescepticismo y el efecto Trump.

Para algunos estudiosos, las diferencias económicas y, en particular comerciales, forman parte de los factores que estimularon las conflagraciones mundiales, de allí la importancia de construir una gobernabilidad económica internacional, que se tradujo en acciones como: los acuerdos de Breton Woods de 1944, que dan origen al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial o la creación del GATT (Acuerdo General de Aranceles y Comercio) en 1947.

Uno de los objetivos es utilizar las potencialidades del comercio para crear confianza entre los Estados. En este contexto se inscriben los acuerdos del carbón y del acero firmados por varios países europeos en 1951, que llevaron a la suscripción, por seis países europeos, del Tratado de Roma en 1957, que da origen a la Comunidad Económica Europea, que luego de varias décadas llegará a 28 países miembros como Unión Europea; ahora bien, las diferencias y el escepticismo también han crecido, como es el caso del Brexit, el retiro de la Gran Bretaña.

En nuestra región latinoamericana el comercio también presenta la complejidad dialéctica, de creación de beneficios y de diferencias. En este último sentido destaca los fracasos y retrocesos en materia de integración regional, muy marcados por los resentimientos nacionalistas, alimentados, entre otros, por el equivocado nacionalismo radical. Desde esta perspectiva los gobiernos se preocupan por los beneficios comerciales que pueden obtener los supuestos enemigos, es una visión suma cero de la relación comercial. Visión que contribuyó al fracaso de veinte años de negociaciones para formar la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC). También el nacionalismo radical afectó los avances en el viejo Grupo Andino.

Pero no todo es negativo y el comercio ha sido uno de los estímulos para fortalecer las relaciones entre los países de la región; al respecto, cabe destacar el caso de  Argentina y Brasil, que al adoptar el Programa de Cooperación Integral (PICAB) en el marco de la ALADI, sentaron las bases para la posterior conformación del Mercado Común del Sur (Mercosur), con el Tratado de Asunción en 1991. En Venezuela también tenemos experiencias positivas en materia comercial, pues luego del grave incidente de la corbeta Caldas colombiana en las aguas del Golfo de Venezuela, el marco del Grupo Andino, y particularmente del comercio, contribuyó a fortalecer la relación bilateral y se tradujo por varios años en el incremento del comercio, las inversiones, el empleo y el bienestar general entre ambos países.

Desafortunadamente, el gobierno bolivariano se creyó el falso discurso radical postliberal contra el libre comercio y ha tratado de llevarlo hasta sus últimas consecuencias, y hoy observamos los nefastos resultados. Un país aislado en materia de integración, con su economía en destrucción y buscando falsas excusas, como la guerra económica, para crear “chivos expiatorios”, pero consciente del perverso juego político, que al empobrecer se consolida en el poder. En efecto, el proceso bolivariano ha sido uno de los más firmes impulsores de la radical visión postliberal, pero no ha trabajado para superar las debilidades de la integración, como por ejemplo los temas de equidad; por el contrario, ha trabajado para destruir la integración existente y crear un marco que resulte favorable a sus arbitrariedades.

En estos últimos meses pareciera que el llamado “efecto Trump”, también incrementa la incertidumbre en materia comercial, al rechazar los mega acuerdos comerciales como el Transpacífico y el Transatlántico y promover la eliminación el TLC con Canadá y México; pero, el mundo está consciente de las potencialidades que puede ofrecer el comercio y está trabajando para que esta negativa tendencia no se consolide. Como parte de las señales positivas se puede apreciar que los once países restantes del Acuerdo Transpacífico están trabajando para revisar el texto y retomarlo. También se espera que las largas y complejas negociaciones entre la Unión Europea y el Mercosur, para conformar una zona de libre comercio, pudieran culminar este año y se firme el acuerdo en diciembre, en el marco de la Reunión Ministerial de la OMC en Argentina.

La comunidad internacional también espera con expectativa que la reunión de la OMC en Argentina culmine con la larga Ronda Doha que inició en el 2001. Un optimismo ingenuo, cuando observamos que los países radicales, como el proceso bolivariano, juegan al caos, pues la destrucción los fortalece. Esperemos que las fuerzas democráticas y racionales puedan trabajar con coherencia para abrir mercados con equidad, pues en ese escenario se establecen las bases para que todos podamos ganar.

* Prof FACES/ARIG/EEII


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miércoles, 22 de marzo de 2017

ARIGlobal: ¿“Estado profundo” o dinámica institucional?

ARIGLOBAL
Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global

Lucia Galeno 

A partir de la llegada de Trump a la presidencia de los Estados Unidos, ha sonado con mucha fuerza la teoría de la existencia de un “estado profundo” en este país, que estaría actuando clandestinamente en contra de la nueva administración y de los cambios políticos que ésta practicaría.
La denuncia, surge del escándalo ocasionado por las comunicaciones filtradas al público desde el interior de la Casa Blanca, informaciones que dejan evidencia a algunos personajes del gabinete de Trump, tal es el caso de su Asesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn el cual sostuvo conversaciones no autorizadas con el embajador ruso en Estados Unidos semanas antes de que Trump asumiera la presidencia, noticia que produjo la renuncia de Flynn a los pocos días de haber asumido el cargo. También, las acusaciones de espionaje ruso durante las pasadas elecciones presidenciales.
La idea del deep state, nombre en inglés, no es nueva. Ha sido señalada por teóricos en momentos en los que la ocurrencia de acontecimientos históricos ha dado cabida a la confusión,  por ejemplo: el asesinato del presidente J.F. Kennedy en 1963, el ataque a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, Watergate; y otros. Todos, hechos estudiados por el canadiense Peter Dale Scott, profesor de la Universidad de California, Berkeley, quién afirma la acción de intereses que se mueven de forma silente desde las bases mismas de las instituciones gubernamentales o de una extensión oculta de éste, para influir en decisiones y acciones del aparato público, con el propósito de conservar cierto orden de cosas o status quo, e incluso, de privilegios de grupos influyentes.
Llama la atención, el que esta denuncia provenga no solo de los seguidores de Trump, sino también, de voces consideradas de izquierda y antiimperialistas, las cuales, por principios, estarían en la acera de enfrente del mandatario estadounidense, calificado de derecha. Por su parte, Stephen Bannon, asesor e integrante del Consejo de Seguridad Nacional de Trump, señaló que su gobierno tiene como uno de sus objetivos la "deconstrucción del Estado administrativo", al considerar que es una estructura burocrática que defiende los “intereses de la izquierda” a través de regulaciones.
Estas declaraciones, así como las primeras acciones del nuevo ocupante de la Casa Blanca, han generado una mayor tensión dentro de la administración estadounidense, donde ya existía expectativa ante la llegada de un nuevo ejecutivo, cuyas promesas electorales se enfocaban en profundos cambios en las instituciones vigentes. Sería entonces, lógico, pensar en la posibilidad, no de la existencia de un “estado profundo”, sino de dinámicas administrativas de un sistema altamente burocratizado, que presenta resistencia ante los dramáticos cambios que devendrían de un gabinete, tildado de populista, en un sistema en el que precisamente, el contrapeso de los poderes se basa en la solidez de las instituciones. En semejante escenario, medidas altamente presidencialistas, arbitrarias y que exhiben inexperiencia política, chocarían con la visión de funcionarios e entidades, acostumbrados a otros “modos de hacer”, lo que podría estar generando roces más allá de la tensión natural que acarrea un cambio de administración.     
Los organismos de inteligencia no escapan a estas tensiones y más, tomando en cuenta las acusaciones que el propio Trump lanzó contra la CIA y el FBI durante la campaña electoral, como la de encubrir acciones indebidas de la ex candidata presidencial H. Clinton, en el ejercicio de su cargo como Secretaria de Estado de Obama.
Ante la improvisación política y el discurso agresivo de la nueva administración, cabe preguntarse si Trump y su gabinete serán capaces de asumir la responsabilidad de sus acciones y de los tropiezos a los que éstas pueden conducir, sin atribuirlos a la acción del “estado profundo”, del que no se ha comprobado siquiera su existencia.

Profa. Cátedra de Historia, EEI-UCV


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ARIGlobal: A FUERZA DE TRUMPICONES


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FIDEL CANELON*     

Donald Trump  apenas supera el mes de gobierno y no ha cesado de levantar polvaredas en la opinión pública de su país y el mundo con sus polémicas  e impredecibles decisiones. Al hacer un primer  balance de su corta gestión, ya pueden deducirse los rasgos de lo que será su estilo de dirección y liderazgo: el voluntarismo, la improvisación y la gran fuerza emotiva que le imprime a todos sus actos, amén de una permanente política de confrontación. Podría señalarse que eso no es de extrañar conociendo lo que fue su campaña electoral. Pero estamos acostumbrados a que una cosa es una campaña electoral (con sus estrategias y asesores, etc.) y otra cosa es la actuación de un político como gobernante, cuando ya no necesita de poses y tiene que mostrar otras habilidades y competencias.
Pues bien, hemos constatado que no hay diferencias entre el Trump candidato y el Trump gobernante, ni tampoco –seguramente- entre estos dos y el Trump empresario: para desdicha de muchos, él siempre es el mismo. Por otra parte, como un punto a su favor,  todo esto demuestra que es auténtico, uno de los aspectos de su personalidad que sin duda es más valorado por sus partidarios. 
En correspondencia con este estilo de dirección, las marchas y contramarchas han estado –y estarán- en el orden del día. Empezando por el primer decreto vetando la inmigración a siete países, que, además de sus cuestionables objetivos, estuvo lleno de lapsus y errores del tamaño de uno de sus edificios, como  incluir dentro de los inmigrantes afectados a los poseedores de la Green card, y poner  a Irak  dentro de los países objeto de la medida, siendo un aliado de los Estados Unidos desde hace varios años, y quedando aún  soldados norteamericanos en su territorio luchando contra el Estado Islámico.  
Por lo demás, Trump no esperó mucho para ratificar o poner en ejecución varias de las políticas polémicas que había anunciado en la campaña: el muro fronterizo con México –cuyas fuentes de financiamiento todavía no están claras-;  la derogación del Obamacare, que beneficia a más de 20 millones de personas -incluidos 4 millones de hispanos- por un nuevo sistema que tampoco está claro, pero que al parecer privilegiará a los seguros privados; y el anuncio de acciones inmediatas contra los grandes fabricantes de automóviles –imponiéndoles fuertes aranceles-  como Toyota,  de continuar sus planes de inversión en otros países. Todo esto en consonancia con su prédica antiglobalizadora. Y, por si fuera poco, anunció la derogación de una regulación de Obama que suspendía la venta de armas para los enfermos mentales, una medida celebrada por la híperconservadora Asociación Nacional del Rifle (NRA).
Lo cierto es que, contra viento y marea, Trump seguirá adelante sin parar mientes en el consenso social, uno de los grandes méritos de la administración  Obama. Como todo líder carismático con tintes autoritarios, él no quiere ese consenso, y está por verse si lo va a necesitar en algún momento. Por lo pronto, más allá de las protestas  que atraviesan el inmenso territorio estadounidense, él está dando pasos para conseguir el apoyo efectivo de ciertas élites políticas y sociales, en el marco de un proyecto político que se inscribe dentro de la cultura Wasp. Varias de esas medidas que hemos mencionado parecen haber bajado la resistencia de muchos congresistas republicanos que lo adversaron en la campaña, como pudo observarse en los aplausos que recibió en su Discurso  en el Congreso.
De todas formas, aún es muy temprano para saber si será capaz de imponer una nueva hegemonía, hablando en términos gramscianos. Un largo camino de resistencias y de apelación a los mecanismos institucionales de la democracia norteamericana, marcarán y condicionarán sus iniciativas. 

*Profesor FACES / EEII

 @fidelcanelon

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