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miércoles, 6 de marzo de 2019

Trump negociador explosivo, pero ¿efectivo?



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores de Venezuela que combina lo interméstico y global



Felix Arellano*



El Presidente Donald Trump se presentó durante el proceso electoral como un negociador exitoso que logró construir un enorme emporio económico y que podría lograr la pronta recuperación del poderío norteamericano.  Luego de transcurrido cierto tiempo, resulta obvia su disposición al empleo de un método agresivo y ambicioso de negociación; lo que no está claro es su efectividad. Muchas dudas generan en estos momentos los casos de China, Corea del Norte y Venezuela.

Como manifestación de la faceta más dura del estilo negociador del Presidente Trump, en el plano internacional, podemos mencionar los siguientes casos: el retiro del acuerdo de libre comercio transpacífico, que promovió el expresidente Obama, como parte de la estrategia de contención al expansionismo económico de China; el rechazo del acuerdo sobre el cambio climático de las Naciones Unidas y el retiro de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Tales casos ilustran sus posturas agresivas, pero su efectividad es muy discutible, pues la expansión china sigue en ascenso, el cambio climático es un problema global que se agudiza y la Unesco se mantiene con sus debilidades. Para promover cambios eficientes sería más conveniente trabajar con los aliados desde las propias instituciones.

El caso de México es digno de consideración, pues desde la campaña electoral lo presentó como uno de los enemigos a enfrentar y habló del acuerdo de libre comercio (TLC), del que México forma parte, como un fracaso. Todo parecía indicar que vendrían tiempos negros en la relación comercial. Ya en la presidencia, de inmediato inició la revisión del TLC y el discurso explosivo anunciaba tormenta; empero, generó resultados paradójicos. Por una parte, varios de los beneficiados con el TLC, que son muchos, lograron presionar para que el acuerdo se mantuviera. Por otra parte, la hábil actuación de bajo perfil de los gobiernos de México y Canadá, permitió que el acuerdo se mantuviera con algunos cambios y el Presidente Trump tuvo que contentarse con presentar el cambio del nombre como un triunfo.

El estilo explosivo también está caracterizando la relación con sus socios tradicionales de la Unión Europea y de la OTAN. Mucha agresividad que genera desconfianza y distancia para lograr objetivos reducidos y de factible negociación técnica relativos a: comercio, inversiones, propiedad intelectual, servicios, etc. Pero como parte del esquema explosivo y poco eficiente, destruyó un espacio de negociación importante al rechazar el acuerdo transatlántico.

Ahora nos encontramos con tres casos donde la estrategia explosiva está generando serias dudas: la guerra comercial contra China, el desarme nuclear de Corea de Norte y la salida del proceso bolivariano del poder en el caso venezolano.

La relación económica entre China y Estados Unidos es importante para ambas partes, de tal forma que los primeros interesados en que se supere pronto la actual situación de incertidumbre son los empresarios. Ya se han celebrado tres rondas técnicas de negociación, pero las duras posiciones no permiten mayores avances. Adicionalmente debemos destacar que el caso venezolano puede formar parte de las fichas de la negociación.

Con Corea del Norte se apreciaba un ambiente diferente que generó confusiones iniciales, por la extraña receptividad del Presidente Trump con el joven dictador Kim Jong-un, lo que evidenciaba un cambio de estrategia. El primer encuentro efectuado en Singapur en junio del 2018, resultó afectivo, pero poco efectivo. Ahora, que se ha realizado el segundo encuentro en Vietnam, la situación se ha tornado compleja con un final abrupto, sin ninguna declaración, lo que evidencia la distancia de las posiciones. Kim Jong-un aspirando el desmonte de todas las sanciones y el eventual retiro de las fuerzas militares de Estados Unidos de la península; y el Presidente Trump aspirando la eliminación total del programa nuclear de Corea del Norte. El proceso de negociación requerirá de mucha paciencia y creatividad y no de explosiones para resultar efectivo para ambas partes.

En el caso venezolano la explosión inicial del Presidente Trump se ha orientado a promover las pasiones y eso le ha permitido una gran conexión con la población venezolana, pues tenemos varios años enfrentado el desastre bolivariano; empero, no está muy claro el alcance de las opciones a desarrollar, ni la coordinación con los diversos actores involucrados en su propio país como las diversas instituciones gubernamentales, el Congreso y el partido demócrata. En estos momentos se observa en el ambiente un debate sobre la efectividad del discurso emocional, lo que plantea la posibilidad de perder credibilidad.

Estamos conscientes que nuestra grave situación exige de soluciones urgentes, pero debido a la complejidad del problema conviene mayor reflexión que pasión; mucha coordinación con la diversidad de actores que participan y coherencia.

No es fácil tener paciencia en tan graves condiciones, pero la impaciencia no es la mejor consejera.

Prof. FACES/ARIG/EEI





martes, 26 de junio de 2018

ARIGlobal: EEUU y Corea, una tensa historia



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global


Lucía Galeno*


El reciente e “histórico” encuentro entre el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump y el mandatario norcoreano Kim Jong-un, estuvo precedido de varios meses de fuertes tensiones diplomáticas, expresadas incluso en advertencias mutuas de uso de misiles como respuesta a posibles ataques armados, que hacían pensar como imposible una negociación. A pesar del inédito encuentro entre estos jefes de estado, en el pasado, se habían realizado esfuerzos importantes de entendimiento, de éxito parcial y coyuntural, pero solo en esta oportunidad, cristalizó en la reunión de los mandatarios.

En general, si bien la historia de las relaciones entre ambos países puede calificarse como de alta tensión, también, ha sido un indicativo de los cambios de orientación de la política exterior estadounidense, de acuerdo a las grandes transformaciones del sistema.

El origen data de 1945 con la creación misma del estado norcoreano, producto de la división de la Península en dos mitades, en base al paralelo 38, luego del Armisticio y rendición japonesa con la que culmina la 2da Guerra Mundial. El Sur, quedaba bajo el control de los Estados Unidos crea la República de Corea del Sur, mientras que el norte, fue tomado por los soviéticos. En 1950, luego de la salida de rusos y estadounidenses de la Península, el Norte, bajo el mando del comunista Kim il-Sung, invadió el Sur, desatándose la Guerra de Corea, que condujo a la intervención de la ONU, en acción liderada por Estados Unidos, ante  la abstención de Rusia. Más tarde, entraría al conflicto, la China de Mao Tse Tung, luego de la Revolución Comunista, por lo que la guerra se extendió hasta 1953, acabando sin un cambio significativo.

A partir de ese momento, la relación entre Corea del Norte y los Estados Unidos, siempre pasaría por una injerencia directa de Rusia y la China Popular. Los estadounidenses, desde Corea del Sur, en donde establecieron un anillo de bases militares para la contención de estas potencias. Así, durante toda la Guerra Fría, las tensiones en la Península, se consideraron confrontaciones en zonas periféricas, aunque en su última fase, Corea del Norte da inicio a su programa nuclear.

Al finalizar la Guerra Fría y en su nuevo papel de súper potencia y policía del mundo, los Estados Unidos, con la promoción del liberalismo económico y de la democracia, intenta la relación bilateral directa con Norcorea, disminuyendo su armamento en el Sur y en 1992, las Coreas firman un primer acuerdo para la eliminación de las armas nucleares, sin embargo, en 1993, el Norte reanudó su desarrollo nuclear, inaugurando una etapa en la que la tensa relación entre la potencia americana y este país, pasará por una especie de “chantaje” mutuo, la ayuda económica estadounidense se transará a cambió del cese del desarrollo nuclear militar. Incluso, en 1994 con Bill Clinton, el ex presidente Jimmy Carter viajó a Corea del Norte y suscriben un acuerdo de cooperación en el mismo sentido, pero en 1998, Pyongyang lanza su primer misil de largo alcance, conduciendo a una nueva negociación en el 2000.

La dinámica anterior, da un viraje en el 2002. Luego del ataque del 2001, los Estados Unidos emprenden la “lucha contra el terrorismo” e incluyen a Corea del Norte, en el “Eje del Mal”, países calificados de terroristas o de apoyo al mismo, transcurriendo así casi una década de tensiones. Con la nueva administración de Barack Obama, y de Kim Jong-Un, quien sucedió en 2011 a su padre (Kim Jong-Il, sucesor de Kim Il-Sung), las tensiones disminuyen una vez más.

En ese ir y venir, Pyongyang ha logrado desarrollar armas nucleares, abriéndose una nueva era de relaciones entre mandatarios con un discurso frontal como lo son Trump y Jong-Un, que, sin embargo, han producido este giro con la intencionalidad de suscribir compromisos para la desnuclearización de la Península Coreana, por lo que queda la incertidumbre de si esta vez será definitiva, o si representa otro acto de la misma dinámica de las tres últimas décadas.



* Profa. Cátedra de Historia de las RRII




                                                            Fuente: operamundi.com 

martes, 3 de abril de 2018

ARIGlobal: ¿La estrella China?

Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global


Prof. Felix Arellano*


La negociación es el camino, pero no es un camino fácil, recordemos la vieja expresión: “el camino al infierno está empedrado con buenas intenciones” y, en estos momentos, pareciera que en la península coreana reinan “las mejores intenciones”, pero ¿serán ciertas? La diplomacia geopolítica se encuentra en fase de ebullición y creatividad. El mundo aún está impactado con el primer viaje al exterior del joven dictador de Corea del Norte Kim Jong-un, precisamente, al país benefactor, a China.

Desde el majestuoso Gran Palacio del Pueblo, en Beijín, las señales al mundo estaban cargadas de optimismo, Xi Jinping, como gran mediador, y Kim Jong-un dispuesto a negociar el preciado programa nuclear, pero a cambio de importantes concesiones, algunas de ellas, como la relativa a la presencia militar de Estados Unidos en la península, de gran interés para la hegemonía china.

En estos momentos brilla la estrella China, con un Jefe Estado confiado, sin límites ni controles luego del reciente Congreso del Partido Comunista; con una fortaleza económica y militar creciente, que le posiciona como la segunda gran potencia del mundo; incluso, preparándose para normalizar las relaciones con el Vaticano


La China de hoy es el resultado de cambios impresionantes, que van desde las hambrunas de Mao, a la visión estratégica de Deng Xiaoping, la China que se abrió al mercado y archivó el falso discurso de la lucha de clases, útil para controlar el poder, inútil para lograr crecimiento.

La estrategia China es la expansión y el liderazgo, la ruta de la seda es un proyecto emblemático. Las inversiones chinas abarcan el planeta, pero también avanza en el plano militar tradicional e incluso en la carrera de las armas hipersónicas. En sus planes de liderazgo mundial Corea del Norte se ha tornado un tema sensible. Existe un compromiso histórico y jurídico consagrado en el Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua suscrito en 1961; pero es fundamentalmente, el interés geopolítico chino de controlar su entorno, lo que mantiene la estrecha relación. Ahora bien, la insensata conducta del joven dictador, particularmente en el manejo del programa nuclear, ha complicado las relaciones.

China prefiere una península coreana controlada y desnuclearizada, por eso se sumó a la aplicación de sanciones crecientemente duras contra Pyongyang. Se estima que el gobierno chino ha llegado a reducir en un 90% las exportaciones de recursos energéticos a Corea Norte. En este contexto, para Kim Jong-un negociar es el camino y negociar con el total apoyo chino.

En estos momentos, la agenda diplomática se presenta intensa: otra cumbre de Jefes de Estado de las dos Corea el 27 de abril y múltiples conversaciones entre las cancillerías de los diversos países involucrados, particularmente Estados Unidos, Japón, China y las dos Coreas; para llegar en mayo a la gran cumbre entre Donald Trump y Kim Jong-un. Seguramente Rusia debe estar interesada en formar parte del espectáculo, para ver qué beneficios puede lograr.

Todo indica que la participación de China es fundamental, de hecho ha obligado la negociación, pero sus intereses hacen el escenario mucho más complejo para occidente. El gran objetivo chino reducir al minino o eliminar la presencia militar de Estados Unidos en la zona, para facilitar su agenda de control y expansión, es tema de gran preocupación para la mayoría de los vecinos de China por los problemas que genera su expansionismo.

En la lista de conflictos cabe destacar: las divergencias en el mar de china meridional por la delimitación de las islas Spratly, la construcción de islas artificiales y el control del mar con sus vecinos Vietnam, Indonesia, Malasia, Brunei, Filipinas y Taiwán; otro tema es el conflicto con Japón por la isla Senkaku y también con India en el océano indico y no debemos olvidar la persecución del budismo en lo que ha sido definido como el “genocidio cultural del Tíbet”.

Las perspectivas del ensayo de negociación en la península coreana se presentan intrincadas. Seguramente Corea del Norte espera una larga y lenta negociación, el falso show de “jugar a negociar” típico de los gobiernos autoritarios, para ganar tiempo a favor de su programa nuclear, pero tanto occidente, como China, con intereses diferentes, coinciden en aspirar una desnuclearización rápida y contundente, con muchos controles y supervisiones.

De tal forma que para lograr avances efectivos con Corea del Norte, se requiere de una previa y dura negociación entre Estados Unidos y China y, en ese contexto, el tema sensible de las tropas norteamericanas en la zona no parece negociable para el talante de Donald Trump, ni resulta conveniente para la debilidad militar de Corea del Sur, ni de los demás países vecinos del gigante asiático. La negociación es el camino, pero no a cualquier costo.

Prof FACES/ ARIG/ EEI


Los presidentes de  Corea, China y Estados. Montaje: C. Castellón


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