lunes, 22 de abril de 2019

VENEZUELA: Zona de Exhibición Hegemónica de Rusia y EE.UU



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global


Alfredo Ordoñez*



La presencia de militares rusos en la República Bolivariana de Venezuela ha generado una gran preocupación en sus vecinos de la región y, especialmente, en los Estados Unidos de América. Luego del anuncio del Presidente de los EE.UU, Donald Trump, a finales del año 2018, de retirar las tropas militares del territorio sirio, y la necesidad de disminuir la presencia militar en aquellas zonas donde no se genere ningún beneficio para los americanos, pareciera haberse dado una suerte de equilibrio geopolítico en el mantenimiento de las zonas de influencia de las naciones más poderosas del mundo.

Sin embargo, la estrategia del Presidente Ruso, Vladimir Putin, ha sido todo lo contrario. El expansionismo ruso recobró fuerza con la adhesión de Crimea  y Sebastopol en territorio ucraniano en el año 2014. Este impulso promovió la confianza que necesitaba el Kremlin para tener en el 2015 presencia militar en Siria en favor del gobierno de Bashar al-Assad; fortalecer el convenio de la "ruta oriental" de suministro seguro de engería para la República Popular China a través de un gasoducto (38.000 millones de metros cúbicos anuales de gas natural en 30 años, al precio de 400.000 millones de dólares); y lograr una reunión estratégica a principio del 2019  con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, para realizar acciones conjuntas en territorio sirio, disminuyendo la influencia norteamericana en el Medio Oriente.    

En tal sentido, la presencia de militares rusos como demostración de apoyo al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, no es más que una exhibición estratégica del presidente ruso para resaltar su influencia expansionista en todo el mundo, y en especial a la zona de seguridad de los Estados Unidos de América, su eterno rival desde la Guerra Fría.    

En esencia, esa estrategia provocativa del Kremlin para Washington, ha obligado a este último a activar a los veintinueve (29) miembros de la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) y al Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para evaluar el rol que viene desempeñando Rusia en las zonas de conflicto internacional y la situación particular de Venezuela conforme a los protocolos internacionales, pero también como una forma de convalidar cualquier acción unilateral de los EE.UU frente a una amenaza directa en su zona de seguridad nacional.

De ahí que Washington ha bajado sus expectativas sobre el retiro de tropas de Siria, y ha reactivado su lobby con sus aliados en el Medio Oriente (Israel, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos) frente al expansionismo ruso en Yemen, Siria y Turquía. De igual forma en América Latina, han brindado todo el apoyo a los miembros del Grupo de Lima frente al expansionismo ruso en Venezuela.

Al respecto, la crisis política, económica y social que sufre Venezuela ha permito que el territorio soberano se convierta en una vitrina de exhibición hegemónica para Rusia y los Estados Unidos de América. Los problemas de legalidad y legitimidad de la institucionalidad política, aunado a las constantes violaciones de los derechos humanos de forma sistemática, han dejado a la nación venezolana desamparada en búsqueda de una tutela internacional. Ejemplo de ello, han sido los planes expuestos por los distintos actores políticos de Venezuela, enfrascados en la dependencia petrolera y en una política monetaria ajustada a un sistema de endeudamiento internacional.

De ahí la estrategia de cabildeo internacional por parte de los actores políticos venezolanos; un grupo para mantener su poder a la sombra de la presencia rusa, y el otro, en búsqueda del poder a la sombra de la estatua de libertad. Tal vez consecuencias del Neo-imperialismo. Sin embargo, lo más preocupante es la situación de crisis que enfrenta Venezuela y que se agudiza cada día más, sin que se vea en ninguno de los actores políticos una planificación estratégica como nación que permita retomar el camino al desarrollo.


*Internacionalista
MSc. en Economía Internacional
Doctorante en Estudios del Desarrollo
Twitter / Instagram: @alf_ord



lunes, 15 de abril de 2019

POLARIZACIÓN Y BIPOLARIDAD



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global



Seny Hernández*



Los escenarios de la polarización política en Venezuela, representados por las tensas relaciones entre el régimen de Nicolás Maduro y los diversos actores de la oposición, han mostrado una efectiva  incapacidad para dialogar, agravada por la frecuente tendencia de culpabilizar a la otra parte sobre los orígenes de los problemas nacionales que están afectando gravemente los modos de vida de la población.

Esos escenarios nacionales de pugna y tensión a través de las acciones emprendidas por los líderes de las dos tendencias políticas mencionadas,  se han proyectado hacia el ámbito internacional y han influido para que emerjan actores que apoyan a una y otra tendencia, algunos de los cuales han sido designados por los sectores oficialistas de sus respectivos países. Entre estos países se destacan dos la Federación Rusa y EEUU y sus voceros internacionales, dentro de este contexto son: Vassily Nebenzia, Embajador de la Federación Rusa ante la ONU, y Elliott Abrams, enviado especial del Gobierno de EEUU para Venezuela. El encuentro de ambos representantes ha ocurrido con cierta frecuencia durante los primeros meses del año 2019 dentro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, como puede observarse en la fotografía que acompaña al presente artículo (Lissardy, 2019).

Las visiones rígidas y paralelas sobre la realidad del caso venezolano, expuestas por estos dos relevantes personajes del acontecer histórico internacional, no confluyen ni interactúan entre sí como para buscar soluciones conjuntas y armónicas que permitan resolver la grave crisis existente en el país suramericano, la cual es conocida ampliamente por ellos. De esta manera y a partir de las argumentaciones anteriores, se puede concluir que existe causalidad entre polarización (las tensiones y conflictos existentes entre el oficialismo y la oposición en Venezuela) y bipolaridad (el protagonismo actual de los dos grandes polos mundiales de poder con sus respectivas diferencias ideológicas que son la Federación Rusa y EEUU en el marco de esas tensiones y conflictos), por cuanto los cambios que se producen en una variable inmediatamente repercuten en la otra y viceversa.

Cuando Elliott Abrams fue designado para cumplir las funciones que la Casa Blanca le asignó, el secretario de Estado Mike Pompeo quiso llenarnos de ilusiones porque se refirió al mismo como el “activo” de la misión norteamericana que buscaría ayudar al pueblo venezolano a restaurar tanto la democracia como la prosperidad en nuestro país. Eso fue a finales del mes de enero de este año. Hasta ahora la bitácora de Abrams se ha caracterizado por el ejercicio de una política dura donde predomina la presión a través de sanciones, propuestas y denuncias. Ojalá que su próximo viaje, anunciado recientemente, a los países iberoamericanos para tratar el proceso democrático de transición de Venezuela y el contacto con la fe religiosa, cuya energía se renueva cada Semana Santa en esos países, lo inspiren para proponernos alternativas que realmente permitan alcanzar los propósitos para los cuales fue designado.

Por otra parte, el embajador Vassily Nebenzia en su discurso ante los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el caso venezolano, que contribuyó para que no se aprobara la propuesta del gobierno de EEUU, la cual consistía en el ingreso de la necesaria ayuda humanitaria desde Colombia, Brasil y una isla del Caribe a nuestro país ante ese organismo, el cual fundamentó el veto de la Federación Rusa como miembro permanente de esa organización.

En esa coyuntura política internacional, el embajador ruso se refirió a un conjunto de ideas que ratifican la alianza del régimen de Nicolás Maduro con el gobierno de esa federación. Entre ellas conviene destacar las siguientes: el efecto de las sanciones económicas de EEUU sobre la crisis económica de Venezuela,  la entrega ilegal de ayuda humanitaria desde Cúcuta, la protección de las fronteras por el ejército venezolano, el modo adecuado de realizar la asistencia humanitaria como lo ha hecho su gobierno a través de la Organización Mundial de la Salud, el respeto a la soberanía e integridad de Venezuela y la aspiración de Washington de imponer un cambio de gobierno en ese país. Al comparar estas ideas con las expuestas por Nicolás Maduro a través de diversos medios de comunicación, se pueden observar grandes similitudes (Youtube, 2019).

Así mismo, podemos observar que las estrategias formuladas por el presidente de la Asamblea Nacional en Venezuela y Presidente encargado Juan Guaido y Elliott Abrams para lograr la transición política democrática en Venezuela son semejantes, especialmente las relativas a la realización de elecciones presidenciales libres y el ingreso de la ayuda humanitaria, que generaron los sucesos del pasado 23 de febrero en la frontera Colombo-venezolana con los lamentables resultados de 4 muertos y decenas de heridos.

Las síntesis de todos estos procesos antagónicos esperan por incorporarse a las páginas de la historia venezolana. Ojalá que nuestros líderes jóvenes y no tan jóvenes sepan hacerlo, sin que para ello sea necesario llegar a la guerra. Para lograrlo, es muy importante saber que la realidad no es blanca o negra, sino policroma y con diversas tonalidades de  grises, si queremos influir sobre ella para cambiarla, y alcanzar el bienestar socio-económico, así como la felicidad del mayor número de los habitantes, como recomendaba nuestro Libertador Simón Bolívar, que continuamos viviendo dentro de nuestras fronteras políticas. 

*Profa FACES/ EEI

Referencias documentales:

Lissardy, G. (1 de marzo de 2019). Qué significa el veto de Rusia y China a la resolució de EEUU en el Consejo de Seguridad de la ONU. Obtenido de https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-47411480. Recuperado el  7 de abril de 2019, de BBC News Mundo.

Youtube. (26 de febrero de 2019). Así defendieron Rusia y China a Venezuela en el Consejo de Seguridad de la ONU. Obtenido de https://www.youtube.com/watch?v=XyIGSOCggmA. Recuperado el 6 de abril de 2019.





Elliott  Abrams (izquierda) enviado especial de EEUU para Venezuela  y Vassily Nebenzia (derecha)  embajador de la Federación Rusa en el Consejo de Seguridad de la ONU Fuente: BBC Mundo


jueves, 4 de abril de 2019

La Responsabilidad de Proteger



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores de Venezuela que combina lo interméstico y global


Lucía Galeno*




En las tres últimas décadas, las confrontaciones entre Estados han dado paso a los conflictos en el interior de éstos, en un mundo cada vez más interrelacionado, lo que ha planteado a la comunidad internacional la necesidad de actuar para defender poblaciones indefensas, surgiendo así el concepto de Responsabilidad de Proteger (R2P).

Durante los años `90 del siglo pasado, varias crisis pusieron en tela de juicio la capacidad de la ONU de cumplir con uno de su propósitos, el de actuar para preservar la “humanidad” al evitar genocidios y crímenes de lesa humanidad. En el caso del Genocidio de Ruanda en 1994, la inacción internacional fue la protagonista, en contraste con la  Guerra de Kosovo en 1999, etapa final de las guerras de desintegración de Yugoslavia, en la que la intervención de la OTAN, no autorizada por el Consejo de Seguridad de la ONU, desató innumerables críticas alentadas también, por el cuestionamiento de la efectividad de la acción en su intención de “proteger”.

En este nuevo marco de desafíos a la paz, la seguridad y la estabilidad mundial, la ONU, de la mano de su entonces Secretario General, Kofi Annan, promueve desde 1999 la adopción de una respuesta colectiva efectiva a este tipo de problemáticas, por lo que se conforma en el año 2000 la Comisión Internacional sobre Intervención y Soberanía de los Estados (CIISE), encabezada por Canadá, de cuyo informe presentado en el 2001, emanan los fundamentos de la Doctrina de la Responsabilidad de Proteger. No obstante, no es hasta 2005, como resultado de la Cumbre Mundial de la ONU, que la Asamblea General adopta la R2P como compromiso político, estableciendo en su documento final: “La aceptación clara e inequívoca de todos los gobiernos de la responsabilidad colectiva internacional de proteger a las poblaciones del genocidio, los crímenes de guerra, la depuración étnica y los crímenes de lesa humanidad. La disposición a tomar medidas colectivas de manera oportuna y decisiva para tal fin, por conducto del Consejo de Seguridad, cuando los medios pacíficos demuestren ser inadecuados y las autoridades nacionales no lo estén haciendo manifiestamente”.

Al examinar el concepto, se hace referencia a la responsabilidad de todos los gobiernos que integran el colectivo internacional, lo que implica: en primer lugar, que el mismo estado tiene la obligación de proteger a sus ciudadanos; segundo, que si dicho estado no puede por sí solo protegerlos, la comunidad internacional debe auxiliarlo; y, en tercer lugar, si el estado no tiene la voluntad de protegerlos, entonces, la comunidad internacional debe actuar para proteger, incluso con acciones no pacíficas, cuando las pacificas no hayan dado resultado. Esto supone algún tipo de aceptación de la intervención como medio, pero que de acuerdo a la declaración, estaría sujeta al Consejo de Seguridad, es decir, bajo el paraguas institucional de la ONU.

Es justo el factor anterior, el que ha hecho, hasta ahora, poco aplicable en acciones concretas y efectivas el R2P, debido a que si no se cuenta con la aprobación del Consejo de Seguridad, la actuación de la ONU queda truncada, como ha resultado en la casi totalidad de los casos en los que se ha planteado la necesidad de intervenir mediante la fuerza, en base a la Responsabilidad de Proteger. Aquí, pesan los intereses individuales de los miembros permanentes del Consejo, sobre todo Rusia y China, al usar su derecho de veto para bloquear las posibles acciones, siendo el ejemplo más representativo, la no intervención de la ONU en el conflicto sirio iniciado en el 2011.

La respuesta a la inacción de la ONU, ha sido la intervención mediante organismos regionales o multilaterales y de estados, afectados por los problemas en un país vecino o que debido a intereses geopolíticos o geoestratégicos, se ven motivados a actuar. En este sentido, la falta de definición de la Responsabilidad de Proteger como norma, contribuye a que no exista aún la claridad necesaria para su aplicación e instrumentación y que por el contrario, resalte un aspecto complejo que dificulta su adopción colectiva, vinculante y obligatoria, el tema de la intervención, dada la defensa a ultranza del concepto de soberanía por parte de algunos actores. Pese a lo anterior, la adopción del R2P como principio o doctrina, sigue avanzando.

Profa. Cátedra de Historia, EEI-UCV


Cascos azules ONU

lunes, 25 de marzo de 2019

DESERCIONES

Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores de Venezuela que combina lo interméstico y global

María Gabriela Mata Carnevali*



Las «deserciones» en las FFAA de Venezuela y el trato y la credibilidad debida a los «desertores» ocuparon un lugar destacado en las noticias de esta semana a nivel nacional e internacional. Como las opiniones y la cooperación se construyen fundamentalmente a través del lenguaje, es menester hablar de significados.

El debate cotidiano de la política en Venezuela se complica cuando las palabras tienen diferentes significados para los diferentes actores. La palabra Paz, por ejemplo, significa una cosa para Maduro y otra para la oposición. Detrás de cada una hay un trasfondo teórico y mucha Historia. La primera es una paz negativa, que implica la ausencia de conflicto o violencia directa en el marco de un sistema que, sin embargo, puede estar signado por la violencia estructural. Es la Pax romana. La segunda es una Paz positiva producto de la resolución pacífica de los conflictos inherentes a toda sociedad democrática mediante la superación consensuada de todo tipo de violencia.

«Deserción», la acción de desertar, abandonar, dejar, tiene un sentido asociado negativo para los militares. Implica traición. Y la traición es la peor de las ofensas en las que se pueda incurrir en un sistema basado en la lealtad. Para la oposición, en cambio, tiene una connotación positiva. Los «desertores» de las FFAA vendrían siendo una especie de «héroes». Sin embargo, no todo el mundo lo ve así. Mucho depende, por supuesto, de quien sea el que dé el paso.  Ahora bien, si lo que se quiere es que se produzca un quiebre en la línea de mando para que los cuerpos de seguridad del Estado, o al menos una parte de ellos, apoyen la agenda del presidente interino Juan Guaidó, habría que resaltar, por sobre todas las cosas, el aspecto positivo de la defección, como bien supo hacerlo el general Carlos Rotondaro en sus controversiales declaraciones para NT24, al remarcar que su lealtad era para la Constitución y no para al gobierno, que había prometido inmolarse y se inmolaría “por la Patria”, pero no por “un gobierno de incapaces y corruptos”.

Todo indica, como señalan voceros de CODEVIDA y otras personalidades del gremio de la salud, que él mismo es un corrupto y que a su gestión pueden ser imputadas muchas de las muertes que enlutan a los hogares venezolanos. Quizás no merezca el perdón implícito en la ley de Amnistía. Sin embargo, no cabe duda de que su testimonio ayuda a desenmascarar al régimen ante la comunidad internacional y puede resultar invaluable en un eventual juicio contra Maduro.

¿Entonces? Nada. Tragar grueso. Respirar profundo. Cuidar el lenguaje y educar a los medios en este sentido. Si el objetivo es animar a otros, es necesario limpiar de su connotación negativa a la palabra «desertores» o sustituirla por otra(s) para resaltar el aspecto moral implícito en la decisión personal o grupal de los que optan por las fuerzas democráticas y estar listo para aprovechar cuando esos momentos se produzcan, bien de manera espontánea en el marco de una protesta o luego de un proceso complejo de toma de decisiones.   

Como se vio en los acontecimientos recientes, la falta de claridad en el lenguaje en lo tocante a este punto revela ciertas debilidades estratégicas y puede traer complicaciones a nivel internacional en el sentido del trato que se aspira se dé a estos ciudadanos, padres y madres de familia, a la que no solamente no podrán seguir manteniendo, sino que además colocan en riesgo dada la tradición represora del régimen madurista. El incidente de los militares con la ACNUR en Cúcuta, que al final se resolvió con la intervención de la Embajada venezolana, podría haber colocado la balanza del lado oficialista, causando un grave daño al trabajo de concientización que las fuerzas del cambio vienen realizando en el seno de las FFAA, e inclusive al tenor de la alianza con Colombia y las relaciones de trabajo con la ONU.

Más deserciones pueden y deben producirse en el ámbito de la administración pública siguiendo el camino abierto por Luisa Ortega Díaz. Ya debiera tenerse claro cómo se va a manejar lo de la Justicia transicional. En cualquier caso, conviene recordar que la cooperación (nacional e internacional) se basa en una racionalidad comunicativa, que permanece pegada a las estructuras mismas del lenguaje y tiene en los procesos de intersubjetividad de la interacción humana el medio ideal para solventar las diferencias.

*Profa FACES/ ARIG
@mariagab2016



Militares venezolanos refugiados en Colombia el día de su salida.  Cúcuta, 23 febrero, 2019. Fuente: EFE


miércoles, 20 de marzo de 2019

ARIGlobal: El Multilateralismo se reúne en el Cono Sur



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores de Venezuela que combina lo interméstico y global



Mirna Yonis*




El Cono Sur de América Latina presenta esta semana dos eventos internacionales que bien podríamos incluir en las dinámicas convergentes y divergentes del multilateralismo global y regional. Por una parte la 2da Conferencia de Naciones Unidas sobe la Cooperación Sur-Sur PBA+40, cuyo lema es “El papel de la Cooperación Sur-Sur en la implementación de la Agenda 2030”, lo que implica un fuerte compromiso con los diecisiete ODS. Esta segunda edición que se celebrará en la ciudad de Buenos Aires entre el 20 y 22 de marzo, está precedida de la 1ra reunión celebrada en 2009 en la ciudad de Nairobi. La Cooperación Sur-Sur (CSS) es la ruta que en el siglo XXI transforma el patrimonio institucional  onusiano del siglo XX que enmarcó la Cooperación Técnica para el Desarrollo (CTPD) con la Plataforma de Buenos Aires (PABA) en 1978. Por otra parte, se nos presenta  la Primera Cumbre ProSur bajo la denominación de Foro para el Progreso y Desarrollo de América Latina; una propuesta que ha venido siendo desarrollada  por los Presidentes Iván Duque de Colombia y José Piñera de Chile; y que tendrá lugar en Santiago de Chile el día 22 de marzo.

Si bien estos encuentros se plantean como dos dinámicas particulares del multilateralismo; uno de carácter  global (la CSS PABA+40) y otro de tipo regional (ProSur), la casi simultaneidad de ambos eventos con las correspondientes reuniones técnicas preparatorias de la reunión para su instalación protocolar lucen competitivas y ensombrecen los discursos de convergencias a favor de la Agenda 2030 que los líderes gubernamentales han señalado en distintas oportunidades en la Asamblea General de las Naciones Unidas así como en la última reunión Bienal de la CEPAL celebrada en la Habana en mayo del año pasado.

En el marco global, el patrimonio institucional de experiencias de la CTPD del siglo XX y las creativas formas de cooperación horizontal y triangulada del siglo XXI apuestan por una renovada retórica en la Declaración de Buenos Aires 2019 de CSS PBA. Al mismo tiempo, las muestras exitosas de CSS como cartas de presentación intergubernamental deberán sumarse a otras de experiencias no gubernamentales sobre las que se están dialogando en los eventos previos y paralelos en la misma ciudad: ONGs, Redes Académicas y No académicas, entre otras. Todo ello se suma a una compleja madeja institucional que rodea la CSS en el marco de los ODS y de la Agenda 2030.

En el marco regional, si consideramos los efectos de la Crisis Multidimensional de Venezuela y su Crisis  Humanitaria Compleja, incluida la Crisis Migratoria, posiblemente podamos comprender la celeridad que le han estado dando los dos líderes presidenciales con la propuesta de ProSur. Los cambios en la tendencia de los gobiernos progresistas y de derecha han ocasionado un retroceso en el desarrollo institucional de los mecanismos políticos regionales que impulsó Venezuela en su trilogía del ALBA, UNASUR y CELAC, pero también en mecanismos más concretos como PetroCaribe. La opacidad de estos mecanismos se ve reforzada  por las denuncias y salida de sus miembros  (ALBA y UNASUR) así como por la falta de consensos para una reunión técnica o ministerial en el caso de la CELAC. Vale decir que tampoco ha sido muy afortunado el brillo diplomático del resto de los esquemas del regionalismo de integración latinoamericano y caribeño.

La experiencia institucional hemisférica, latinoamericana y caribeña muestra la debilidad de las iniciativas de calificación y control de la democracia y gobernabilidad. Si bien hay saldos positivos no exentan de obstáculos tanto en la segunda mitad del siglo XX como a inicios del siglo XXI, la Crisis Multidimensional de Venezuela ha sobrepasado los límites de acción regional efectiva debida, entre otras cosas, a las nociones ambivalentes sobre la no injerencia y autodeterminación. La Carta Democrática Interamericana y la Cláusula Democrática de Mercosur son apenas una muestra de tales límites en el multilateralismo político regional. Su evaluación, renovación o fortalecimiento serían las tareas lógicas en lugar de aumentar el registro de esquemas regionales.

El resultado de este camino de ProSur solo el tiempo lo dirá y estaremos atentos en el seguimiento del caso, ya que es el compromiso profesional y académico. Ahora bien, a riesgo de críticas, y si bien no se refieren al tema de la democracia pero si de la articulación política regional en la agenda global, consideramos que hay un patrimonio institucional sobre el cual valdría la pena que las Presidencias, Cancillerías  y actores políticos de los países de la región consideraran en sus propuestas de agenda de acción exterior y en la estrategia regional: El Sistema Económico Latinoamericano, creado en 1975, con sede en Caracas y la Asociación de Estados del Caribe, creada en 1996, con sede en Puerto España. Posiblemente una sinergia menos rígida de ingeniería y arquitectura institucional permitiría aprovechar el patrimonio de negociaciones internacionales frente a terceros. Las convergencias y divergencias ya no solo subregionales sino individuales de países serían las principales condicionantes.

Si bien es inevitable recordar el valor de la obra de James N. Rosenau titulada Turbulencia Mundial, dado que “el contexto” presenta una ‘dinámica inmensa’ de ‘fragmegración’ que condiciona la operatividad del tan revisitado multilateralismo onusiano, como del regionalismo postliberal/Posthegemónico. Analíticamente, hay  que sopesar el valor del camino andado en torno a una agenda exterior (internacional), con tiempos de acción más allá de los niveles intergubernamentales. La tarea es compleja ciertamente, pero lejos de amilanar, oxigena el entusiasmo y persistencia en la ruta de la cooperación internacional global y regional.

@mirnayonis


miércoles, 6 de marzo de 2019

Trump negociador explosivo, pero ¿efectivo?



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores de Venezuela que combina lo interméstico y global



Felix Arellano*



El Presidente Donald Trump se presentó durante el proceso electoral como un negociador exitoso que logró construir un enorme emporio económico y que podría lograr la pronta recuperación del poderío norteamericano.  Luego de transcurrido cierto tiempo, resulta obvia su disposición al empleo de un método agresivo y ambicioso de negociación; lo que no está claro es su efectividad. Muchas dudas generan en estos momentos los casos de China, Corea del Norte y Venezuela.

Como manifestación de la faceta más dura del estilo negociador del Presidente Trump, en el plano internacional, podemos mencionar los siguientes casos: el retiro del acuerdo de libre comercio transpacífico, que promovió el expresidente Obama, como parte de la estrategia de contención al expansionismo económico de China; el rechazo del acuerdo sobre el cambio climático de las Naciones Unidas y el retiro de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Tales casos ilustran sus posturas agresivas, pero su efectividad es muy discutible, pues la expansión china sigue en ascenso, el cambio climático es un problema global que se agudiza y la Unesco se mantiene con sus debilidades. Para promover cambios eficientes sería más conveniente trabajar con los aliados desde las propias instituciones.

El caso de México es digno de consideración, pues desde la campaña electoral lo presentó como uno de los enemigos a enfrentar y habló del acuerdo de libre comercio (TLC), del que México forma parte, como un fracaso. Todo parecía indicar que vendrían tiempos negros en la relación comercial. Ya en la presidencia, de inmediato inició la revisión del TLC y el discurso explosivo anunciaba tormenta; empero, generó resultados paradójicos. Por una parte, varios de los beneficiados con el TLC, que son muchos, lograron presionar para que el acuerdo se mantuviera. Por otra parte, la hábil actuación de bajo perfil de los gobiernos de México y Canadá, permitió que el acuerdo se mantuviera con algunos cambios y el Presidente Trump tuvo que contentarse con presentar el cambio del nombre como un triunfo.

El estilo explosivo también está caracterizando la relación con sus socios tradicionales de la Unión Europea y de la OTAN. Mucha agresividad que genera desconfianza y distancia para lograr objetivos reducidos y de factible negociación técnica relativos a: comercio, inversiones, propiedad intelectual, servicios, etc. Pero como parte del esquema explosivo y poco eficiente, destruyó un espacio de negociación importante al rechazar el acuerdo transatlántico.

Ahora nos encontramos con tres casos donde la estrategia explosiva está generando serias dudas: la guerra comercial contra China, el desarme nuclear de Corea de Norte y la salida del proceso bolivariano del poder en el caso venezolano.

La relación económica entre China y Estados Unidos es importante para ambas partes, de tal forma que los primeros interesados en que se supere pronto la actual situación de incertidumbre son los empresarios. Ya se han celebrado tres rondas técnicas de negociación, pero las duras posiciones no permiten mayores avances. Adicionalmente debemos destacar que el caso venezolano puede formar parte de las fichas de la negociación.

Con Corea del Norte se apreciaba un ambiente diferente que generó confusiones iniciales, por la extraña receptividad del Presidente Trump con el joven dictador Kim Jong-un, lo que evidenciaba un cambio de estrategia. El primer encuentro efectuado en Singapur en junio del 2018, resultó afectivo, pero poco efectivo. Ahora, que se ha realizado el segundo encuentro en Vietnam, la situación se ha tornado compleja con un final abrupto, sin ninguna declaración, lo que evidencia la distancia de las posiciones. Kim Jong-un aspirando el desmonte de todas las sanciones y el eventual retiro de las fuerzas militares de Estados Unidos de la península; y el Presidente Trump aspirando la eliminación total del programa nuclear de Corea del Norte. El proceso de negociación requerirá de mucha paciencia y creatividad y no de explosiones para resultar efectivo para ambas partes.

En el caso venezolano la explosión inicial del Presidente Trump se ha orientado a promover las pasiones y eso le ha permitido una gran conexión con la población venezolana, pues tenemos varios años enfrentado el desastre bolivariano; empero, no está muy claro el alcance de las opciones a desarrollar, ni la coordinación con los diversos actores involucrados en su propio país como las diversas instituciones gubernamentales, el Congreso y el partido demócrata. En estos momentos se observa en el ambiente un debate sobre la efectividad del discurso emocional, lo que plantea la posibilidad de perder credibilidad.

Estamos conscientes que nuestra grave situación exige de soluciones urgentes, pero debido a la complejidad del problema conviene mayor reflexión que pasión; mucha coordinación con la diversidad de actores que participan y coherencia.

No es fácil tener paciencia en tan graves condiciones, pero la impaciencia no es la mejor consejera.

Prof. FACES/ARIG/EEI