miércoles, 8 de julio de 2020

ARIGlobal:UNA AMBICIOSA RUTA DE LA SEDA


Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores de Venezuela que combina lo interméstico y global

Horacio Arteaga



La ruta de la seda suscita  evocaciones poéticas,  provenientes de una historia milenaria. Fue una red de caminos de comercio, que se extendía por todo el continente asiático  conectando a China con Mongolia, India, Persia, Arabia, Siria, Turquía, Europa y África. Se transportaba  una diversidad de productos siendo la seda china el más prestigioso.

Xi Jinpig, presidente de la República Popular de China, decidió retomar el concepto de la ruta de la seda al lanzar en el 2013 una estrategia de desarrollo global con alrededor de un billón de dólares para construir ferrocarriles, puertos y otras infraestructuras  en  numerosos países, a fin de mejorar la conectividad en una escala transcontinental. Surgió “The Belt and Road Initiative” (BRI) o Iniciativa de la Franja y la Ruta, objetivo fundamental de la política exterior china. “Belt”,  parte terrestre, uniría a China con Asia Central, Rusia, Europa y el Mediterráneo; “Road”, parte marítima, uniría las costas de China con Europa y África.

Un proyecto de tal magnitud ha sido objeto de visiones encontradas. Beijing estaría utilizando sus inversiones para consolidar su estatus como potencia global, desarrollar su capital geopolítico y difundir el yuan por  todo el mundo. La ruta no sería más que una calle de sentido único. Los países participantes podrían contraer enormes deudas  al punto de volverse dependientes de China y perder su soberanía al amparo de la “diplomacia de la deuda”.

Al parecer no se han conocido evidencias de daño económico a las naciones receptoras o de excesiva dependencia  a causa de la iniciativa. Más bien las inversiones han tenido un efecto positivo en las economías locales. Para los receptores, el proyecto representa la oportunidad de conectarse con los estados más ricos y por eso los chinos han firmado una cantidad impresionante de acuerdos bilaterales de comercio y desarrollo. El Canciller chino se ufana de que apenas en los últimos 6 años algunos países construyeron su primer puente sobre el mar o su primera autopista, y otros construyeron un puerto logrando el acceso al mar.

Gobiernos occidentales han optado por no sumarse a la iniciativa que favorecería a las empresas chinas, alegando falta de transparencia en los acuerdos que serían “una trampa para la deuda”, y ausencia de estudios de impacto medioambiental. Sin embargo, Italia fue el primer país del G7 en unirse a la ruta, y el principal puerto de Grecia pasó a manos chinas.

Hasta la fecha figuran más  de 100 países en el megaproyecto. En América Latina se han incorporado 10 países, entre ellos Venezuela, como “extensión natural de la ruta marítima”. China ha venido haciendo grandes inversiones en la región y otorgando préstamos de unos 150.000 millones de dólares. “Préstamos corrosivos”, según los Estados Unidos.

La aparición del COVID-19 tendrá seguramente incidencias en el desenvolvimiento  del proyecto. No obstante, Beijing había incorporado otras dos iniciativas a su estrategia  que ahora pueden ser más importantes: La Ruta de la Seda de la Salud y la de la Seda Digital, que permiten la construcción de infraestructura de telecomunicaciones y hospitales.

La determinación de China difícilmente cambiará porque los países en desarrollo seguirán necesitando lo que les está ofreciendo. Seguirán necesitando carreteras, puentes, fábricas. Seguirán necesitando todas la cosas que le habían ofrecido antes de la pandemia y el BRI reorientaría una gran parte de la economía mundial hacia China.  Un  antiguo proverbio chino dice “si quieres ser rico, primero tienes que construir el camino”.

 

Profesor EEI

arteagahoracio@hotmail.com

@Harteaga2013



miércoles, 1 de julio de 2020

ARIGlobal: Desafíos del pensamiento de las relaciones económicas internacionales de Venezuela para el siglo XXI


Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores de Venezuela que combina lo interméstico y global
Alfredo Ordóñez López

El desafío del pensamiento económico venezolano a inicios de siglo XX se vio nutrido por el positivismo. La alineación de lo que sería un Nuevo Orden Económico Internacional finalizada la II Guerra Mundial, trajo consigo la conformación de un nuevo enfoque estructuralista[1] promovido en la región latinoamericana de la mano de intelectuales de la Cepal, liderados por Raúl Prebish.   
La particularidad de la economía venezolana por su condición petrolera, obligó a los intelectuales venezolanos a preocuparse por una variable mucho más compleja que la asimetría del comercio internacional, y es que los grandes ingresos por concepto de renta petrolera traerían consigo una serie de problemas macroeconómicos que incidieran profundamente en el desarrollo económico del país, como lo son la distribución de la riqueza y los niveles de precio nominal que afectaban el consumo interno.    
Ese paradigma de desarrollo restringido, se ha podido visualizar en los aportes de Alberto Adriani en la Venezuela agroexportadora; José Mayobre sobre el ahorro; Arturo Uslar Pietri en sembrar el petróleo; Héctor Malavé Mata y el antidesarrollo; Maza Zavala con su idea del “no desarrollo”; Armando Córdova y las relaciones de dependencia; y Asdrúbal Baptista con la acumulación capitalista-rentística.
De allí que el pensamiento económico nacional consideró el ideal de un crecimiento sin desarrollo para la Venezuela petrolera. El siglo XX para el país reposo en una institucionalidad que actuaba en base a un proceso de producción local relativamente reducido para un mercado interno, y expuesto a la alta variabilidad de precios relativos, lo que condicionaba la posibilidad de acceder a una producción externa más competitiva por razones de economía de escala y de aprovechamiento tecnológico.
El problema principal para las instituciones económicas de Venezuela del siglo XX era la distribución de la renta y el control del comportamiento de los sectores industriales que tienen un vínculo causal en el sistema macroeconómico. La institucionalidad venezolana ha nacido en la concepción del mantenimiento del orden de los procesos económicos y del orden social en procura del interés colectivo, con la posibilidad de ser modificadas, intervenidas o favorecidas.
La economía venezolana, durante los dos últimos tercios del siglo XX, siguió un régimen económico-político muy cercano al “Capitalismo de Estado”. A partir de la inserción en la corriente capitalista industrial internacional con la actividad de explotación y exportación de petróleo, así como el establecimiento de un marco regulatorio establecido en la Constitución de 1961, al establecer bajo el control del Estado las empresas capital-intensivas, alinean que el motor de la dinámica económica y del desarrollo queda sometida a la “Gerencia Pública” orientada por el ideal de la siembra del petróleo[2].
Sin embargo, esta filosofía dependentista, rentista e importador de tecnología, ha perdido su vigencia y por ende la incapacidad de las instituciones del Estado para atender la realidad económica de inicios del Siglo XXI. El mantenimiento de enfoques económicos de mediados de siglo XX ha generado en la economía petrolea una agudización del sistema productivo nacional en virtud del deterioro en la estructura institucional gubernamental, el aumento de la pobreza, el desempleo y subempleo, incapacidad de control de los niveles de inflación, un déficit fiscal creciente, desplome de la inversión privada, y un resurgimiento del militarismo como efecto de control y poder.  
Por ejemplo, la última década del siglo XX para Venezuela se caracterizó por una reforma general tanto en la planificación política como en el desarrollo de su política exterior. Dado los precios bajos del precio del petróleo en el mercado internacional, PDVSA inició una estrategia  de aumentar su producción de crudo a una capacidad de 4 millones de barriles diarios, y por el otro, internacionalizar la industria con el objeto los sistemas de producción, distribución y comercialización, así como la búsqueda de asociaciones estratégicas para producir en la faja petrolífera del Orinoco, explotar gas natural costa afuera y sociedades para el desarrollo de la Orimulsión. Sin embargo, los planes de internacionalización de la industria y el proyecto de Orimulsión no llegaron a mantenerse para inicios del siglo XXI.
Luego de que Venezuela tuviera una alianza estratégica de cooperación con los Estados Unidos de América (EE.UU), Colombia, México, Centro América y el Caribe durante casi todo el siglo XX, y un reconocimiento internacional de su apego al ideal democrático con la implementación de la Doctrina Betancourt en 1958 y el rol del país en la región dentro de la Comunidad Andina de Naciones y el Grupo de los 3 (México, Colombia, Venezuela), en las elecciones presidenciales del año 1999, es electo presidente de la República de Venezuela el T/C Hugo Chávez quien buscaría nuevas alianzas con miras al hemisferio oriental y países con sistemas de gobiernos concebidos ideológicamente como antiimperialistas, conformó un régimen sustentado en la administración bolivariana retomando el pensamiento y enfoques teóricos sobre el imperialismo y asimetría de mediado de siglo XX.  
La Venezuela del siglo XXI enfrenta un nuevo orden económico global en virtud de los grandes avances científicos y tecnológicos que evolucionó en una nueva Sociedad de la Información. Venezuela recibe el siglo XXI atrapado en una economía rentista petrolera sin capacidad de diversificar su sistema de producción, afectando severamente su articulación externa en un escenario internacional menos dependiente de la energía fósil.
Por lo tanto, el principal desafío que tiene el país es generar un cambio paradigmático del pensamiento económico de mediados de siglo XX que se mantiene en sus instituciones. De ahí el papel fundamental de la academia, el sector empresarial y las instituciones del Estado en trabajar conforme a una gestión del conocimiento que permita la generación de Investigación y Desarrollo (I&D) que incida en la productividad de la población, lo que generará una causación circular positiva hacia la industrialización y mejoras en la competitividad en el sistema internacional.
 Más que generar una nueva consigna, se trata de promover una nueva visión de la gestión del conocimiento como variable fundamental para el desarrollo de la economía venezolana, apoyado en la eficiencia tecno-económica para alcanzar un mejor índice de potencial tecnológico nacional[3]. No se trata de abandonar la industria petrolera, ni mucho menos sustituirla como industria para la economía venezolana, se debe complementar estrategias asociadas a renovar lo que en algún momento logró darse de forma natural en la historia económica venezolana, y es la generación de conocimiento y transferencia tecnológica como estrategia para lograr un mejor nivel de competitividad.
Profesor de la UCV
Postgrado en Economía Internacional y de ARIG

Notas:   
1.   Ante del enfoque estructuralista en lo económico, el positivismo en Venezuela se asume como una corriente del pensamiento desde 1860, tuvo como principales representantes a Pedro Manual Arcaya, César Zumeta, Laureano Vallenilla Lanz y José Gil Fortoul. En los escritos vinculados con la historia y la sociología prevalecen aspectos que serán distintivos de la corriente del pensamiento tales como las preocupaciones por: la raza, el medio ambiente, el progreso, la presencia de un caudillo, como centro del poder que controle los designios de la nación. Este último aspecto se recuerda la tesis planteada por Vallenilla Lanz y refrendada por los acólitos de la dictadura de Juan Vicente Gómez, sobre el gendarme necesario para conducir los destinos de la nación.  
2.   Ver Angel García, Sary Levy y Luis Mata Mollejas. Capitulo IX: Retos de política. En  Luis Mata Mollejas (Coord). Venezuela, Macrodinámica y Política, p. 297.
3.  Ver: Luis Mata Mollejas. Estrategias de la Ira. Fundación Alberto Adriani, 2014









martes, 23 de junio de 2020

ARIGlobal: TODA ACCION CUENTA






Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores de Venezuela que combina lo interméstico y global



Marìa Gabriela Mata Carnevali


La COVID19 ha puesto de relieve desigualdades sistemáticas. Pero también nos ha ayudado a descubrir nuestra fortaleza interna y nuevas formas para conectarnos con los demás, renovando nuestra motivación para actuar en favor de un mundo mejor. Como dice el lema adoptado este año para celebrar el Día Internacional del Refugiado, “toda acción cuenta”, “todo el mundo puede marcar la diferencia”.

Filippo Grandi, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas en esta materia, rindió homenaje a la resiliencia de las personas desplazadas a la fuerza en todo el mundo, muchas de las cuales están en la primera línea de batalla contra la pandemia de coronavirus, a pesar de las dificultades que normalmente deben sobrellevar. Desde médicos, enfermeras, educadores, cocineros, modistas, periodistas y locutores, hasta voluntarios, muchos migrantes y refugiados están encontrando formas de participar.

En América Latina y España destaca la labor de aguerridos venezolanos que abandonaron todo en busca de un futuro para ellos y sus hijos y hoy encuentran una manera de insertarse en los países que les dieron abrigo aportando lo mejor de sí como profesionales y como personas.  

La crítica situación en Venezuela, que ha llevado al mayor éxodo en la historia reciente de la región, provocando una de las crisis de desplazados más importantes en el mundo, tiene al menos un lado amable como es el de dar a conocer los múltiples talentos de los venezolanos.

Los que todavía estamos aquí, desplazados en nuestro propio país, debemos llenarnos de esa fuerza desplegada por nuestros compatriotas afuera para hacer frente al enemigo interno, el virus chavista que enferma el alma y mata democracias.

Desplazados estamos, algunos en el sentido estricto de la palabra, obligados a mudarnos a otras ciudades o estados, o a “refugiarnos” en casa de familiares o amigos por falta de servicios o amenazas del Estado terrorista. Pero desplazados también estamos en sentido figurado, desplazados del lugar que nos corresponde como profesionales en puestos de responsabilidad hoy en manos de incompetentes; desplazados del progreso y el bienestar, obligados a vivir en condiciones deplorables; desplazados emocionalmente, con el corazón dividido en tantos países como destinos encontró nuestra sangre.

Que no se nos olvide.  Todo el mundo puede marcar la diferencia, en la universidad, en la oficina, en la calle, en la Iglesia, en la comunidad. Toda acción cuenta.

La defensa y promoción de los derechos humanos luce como la acción estratégica que puede ayudarnos a alcanzar la unidad necesaria para hacer frente a este reto histórico que nos conmina a sacar lo mejor de nosotros.

Ante la sentencia de muerte que enfrentan los partidos, enarbolemos sin miedo una única bandera plural, la bandera de los derechos humanos que ya cuenta con el importante respaldo internacional.
“La noción de Derechos Humanos se corresponde con la afirmación de la dignidad de la persona frente al Estado”, dice Pedro Nikken (1994); y es que la dignidad de la persona puede verse ofendida por distintas causas, pero no todas configuran, técnicamente, violaciones a los derechos humanos.

La nota característica de las violaciones a los derechos humanos es que ellas se cometen desde el poder público o gracias a los medios que éste pone a disposición de quienes lo ejercen. “Usualmente implican lucha” nos recuerda por su parte Carlos Chipoco (1994), pues muchas veces mantener la seguridad nacional se convierte en la excusa perfecta para asaltar las libertades humanas.

La universidad se lucha o se pierde. El país se lucha o se pierde. Nuestros derechos como venezolanos, como seres humanos, se luchan o se pierden, porque este gobierno no quiere reconocerlos aferrado a una interpretación relativista, que pone la soberanía estatal al servicio de su ambición y por encima del Derecho Internacional.

Hagamos del Sistema Universal de Protección de los Derechos Humanos nuestro aliado y avancemos hacia una nueva Venezuela de la que nadie quiera irse y, al contrario, se convierta de nuevo en refugio de sueños expatriados.

 Referencias:
Chipoco, Carlos (2010). La protección universal de los derechos humanos. Una aproximación crítica. En: Rodolfo Cerdas y Rafael Nieto (comp.)  Estudios básicos de derechos humanos. IIDH.
Nikken, Pedro (1994). El concepto de derechos humanos. En: Rodolfo Cerdas y Rafael Nieto (comp.)  Estudios básicos de derechos humanos I. IIDH

@mariagab2016



jueves, 18 de junio de 2020

ARIGlobal: ¿Un nuevo Plan Marshall?


Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores de Venezuela que combina lo interméstico y global

Felix Arellano* 



Las consecuencias sociales de la pandemia del Covid-19, particularmente en la generación de pobreza, desempleo y miseria, con especial énfasis en los países en desarrollo, son tan dramáticas, que se debería aprobar un ambicioso programa de auxilio internacional, al tenor del viejo Plan Marshall (1948-1952), que se concentró en la recuperación de Europa occidental, finalizada la Segunda Guerra Mundial. En esta oportunidad, se debería diseñar, y con urgencia, un programa novedoso, que debería contar con la participación de diversos donantes, y no solo los Estados Unidos como fue el caso del Pan Marshall. Además, debería contar con la activa participación de los organismos internacionales, en particular las Naciones Unidas, para su organización y ejecución.

Las Naciones Unidas estiman que, producto de la pandemia, la pobreza extrema podría llegar a 34 millones de personas, para el Banco Mundial esa cifra podría alcanzar los 60 millones. Es evidente que la pobreza representa uno de los temas más acuciantes en el mundo globalizado, que hace más evidentes las diferencias e injusticias de unas minorías que despilfarran en frivolidades y unas mayorías que apenas logran sobrevivir y, ahora, la pandemia las castiga profundamente. El tema es tan urgente que ocupa el primer lugar en los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS).

Es cierto que una gran mayoría de países, incluyendo economías desarrolladas, están enfrentando graves consecuencias sociales de la pandemia, pero estos países cuentan con el musculo financiero para enfrentar la situación. Muchos de ellos disponen de sistemas de subsidio al desempleo. El caso de la Unión Europea resulta significativo, pues además del multimillonario presupuesto comunitario para enfrentar la pandemia (540 millones de euros para ayuda inmediata y más de un billón para 2021-2027), cada país está aprobando recursos adicionales en cifras impactantes.

Conviene resaltar que en esta oportunidad pareciera que muchos países han aprendido la lección, y el apoyo financiero no se concentra exclusivamente en las empresas, como ha ocurrido en crisis anteriores, incrementando el desasosiego social y el radicalismo político. Es cierto que la corporación que recibe recursos de apoyo financiero debería mantener los empleos, pero no siempre ha sido el caso y, en algunas crisis financieras, la atención se ha centrado en los banqueros, menospreciando al público y sus hipotecas.

Debemos aclarar que el covid-19 no es virus contra los pobres, pero las condiciones estructurales de la pobreza en el mundo entero y, en especial, en los países más vulnerables, los convierte en el sector más afectado. En la gran mayoría de los casos viven en condiciones de hacinamiento, grupos humanos extensos en un mínimo espacio, ¿cuál distanciamiento social? El agua, obviamente es un privilegio, ¿cómo lavarse las manos con frecuencia? Si en el día no hay ingresos, no hay comida, ¿cuál cuarentena?; es decir, cuarentena o hambre.

En la complejidad de la crisis que enfrentan los países más vulnerables debemos sumar una diversidad de elementos, por eso se tipifica como crisis sistémica. Por ejemplo, no existen condiciones sanitarias para enfrentar la magnitud de afectados que puede genera la pandemia, por su fácil propagación y graves efectos en el organismo humano. En la mayoría de estos países no existe infraestructura sanitaria. Es realmente una fantasía pensar en las áreas de terapia intensiva o en los respiradores de última generación, la mascarilla de producción artesanal es un lujo. Esto significa que para muchos la muerte llega en casa, difícil contar con estadísticas exhaustivas y certeras en tales condiciones.

Otro síndrome estructural de los más vulnerables, es la corrupción, cualquier nueva dotación de recursos en el sector sanitario se convierte en un potencial negocio, un drama que se presenta en cascada, desde las autoridades del ministerio, hasta el personal de limpieza. La dotación podría llegar y desaparece, pero muy cerca se pueden conseguir y comprar los productos a precios astronómicos. La situación resulta más trágica en los países con gobiernos autoritarios, pues la nomenclatura goza de impunidad.

Abandonar a los países en desarrollo a su destino natural, bajo una perspectiva darwinista, y que sobreviva el más apto, no constituye la mejor decisión. Veamos el caso europeo, despreocuparse de los problemas sociales en África, en algunos casos utilizando el falso discurso del respeto de la soberanía o aprovechar los gobiernos autoritarios, ha estimulado migraciones que presionan permanentemente sus países y es un tema de discordia a nivel comunitario.

Si la pandemia incrementa la pobreza, como está ocurriendo, la ecuación implica que se incrementaran las migraciones, sin importar los muros, de múltiples formas llegaran. En este complejo problema todos tienen una cuota de responsabilidad. El incremento de la pobreza supone una bomba de tiempo en múltiples sentidos, es migración segura, pero también estimula delincuencia y violencia.

Algunos países en desarrollo han tratado de estructurar políticas que estimulen la estabilidad económica, la apertura del mercado, la atracción de inversiones; pero, no contaban con las devastadoras consecuencias de la pandemia. Dejarlos solos que enfrenten sus propias consecuencias, es la garantía de una mayor inestabilidad a escala mundial. En tal sentido, urge que los gobiernos democráticos coordinen, con el apoyo de múltiples instituciones, un ambicioso programa de auxilio financiero y de transformación económica, bien controlado y administrado; algo así como un nuevo Plan Marshall para enfrentar la pobreza mundial que se multiplica con la pandemia del coronavirus.

Profesor ARIG

                          


lunes, 28 de octubre de 2019

ARIGlobal: Reflexionando sobre la salida pacífica





Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global


Felix Arellano 


Un ambiente de desesperanza estimula la crítica radical, el fraccionamiento, la descalificación y la parálisis; en ese contexto, crece el permanente cuestionamiento por la debilidad de los esfuerzos internacionales, pero también sobre nuestros líderes y sus esfuerzos. Se destacan los errores, que siempre podemos cometer, se olvidan y menosprecian los avances, que son bastantes y además se deben capitalizar y fortalecer con mayor disciplina, creatividad y, obviamente, unidad. Un problema que aún pareciera latente en algunos, es la expectativa por soluciones rápidas, quirúrgicas, mágicas y, particularmente, realizadas por otros.
Reconstruir la democracia es un trabajo que nos corresponde a todos los que creemos en ella y, todos los aportes pueden ser útiles, convenientes y necesarios; ahora bien, siempre será útil articular, coordinar y sumar esfuerzos. Podría resultar repetitivo, pero es sabio recordar que: “en la unión está la fuerza”. Las agendas personales, los protagonismos, la frustración son premios para el autoritarismo
La solución de los graves problemas que enfrenta el país reclama la participación de la mayoría. No podemos esperar que la comunidad internacional lo resuelva todo, y mantenernos a la expectativa de los acontecimientos; todo lo contrario, debemos ser los promotores de iniciativas que avancen, tanto en la presión, como en los incentivos.
Es nuestra tarea y nuestra obligación propiciar acciones que se desarrollen en múltiples escenarios, pero que formen parten de un plan organizado y articulado para avanzar en la solución pacífica y democrática de la crisis. No olvidemos que la salida pacífica es la bandera fundamental de la comunidad internacional, del Grupo de Lima, la Unión Europea, el Vaticano y las organizaciones internacionales.
Desde la oposición democrática debemos propiciar las acciones, la hoja de ruta, el libreto y evitar que el tema de la lucha por el restablecimiento de la democracia y la defensa de los derechos humanos, se debilite, se transforme en una competencia entre actores, o en un juego geopolítico en el cual seamos simple ficha de las potencias y sus intereses.
Evidentemente otros temas se van presentando en la agenda internacional, eso es obvio e inexorable, pero corresponde a nuestras fuerzas democráticas perfectamente coordinadas, realizar los esfuerzos y acciones necesarios para que el tema se mantenga en la agenda, para que la presión se mantenga y se incremente; para trabajar en el escenario de los incentivos y unir todas las fuerzas posibles en favor de la salida pacífica y democrática.
En materia de presiones contamos con un texto muy importante, la resolución aprobada en la reciente reunión del TIAR, efectuada en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Deberíamos capitalizar la resolución del TIAR en diversos escenarios. El objetivo es enfrentar los actos ilícitos, el comercio ilegal, el lavado de capitales. ¿Qué país miembro de la Organización Mundial del Comercio, podrían cuestionar este esfuerzo?. Las sanciones inteligentes deben estar dirigidas a presionar a favor de la salida pacífica y democrática. Esto no impide, todo lo contrario, requiere que también se avance y se estimule la creatividad en los incentivos, toda negociación supone concesiones de ambas partes.
Noruega no ha muerto, los avances alcanzados constituyen el piso, adicionalmente, el Reino de Noruega tiene la fortaleza para propiciar alternativas y promover apoyos. Deberíamos intensificar el trabajo, desde múltiples frentes, sobre China, Rusia e incluso Cuba, para que no obstaculicen la salida pacífica. Corresponde a la oposición democrática articular los esfuerzos con la gran cantidad de gobiernos democráticos que respaldan el restablecimiento de la democracia en Venezuela, todos deberían sumarse a la labor de presión y a la identificación de los incentivos.
A la izquierda del mundo le debemos preguntar, entre otras cosas, qué dudas tienen sobre el contundente Informe de la Sra. Bachelet, cómo se puede ser solidario mecánico, o cómplice, con la violación sistemática de los derechos humanos, qué dudas les genera una solución pacífica y constitucional a la crisis venezolana, la democracia es la garantía de la convivencia, el respeto a las diferencias, a la otredad; el espacio para el diálogo, la negociación y la cooperación. Qué problema le genera a las inversiones presentes en Venezuela, la seguridad jurídica y la confianza que conlleva la institucionalidad democrática?.
No conviene satanizar los potenciales nuevos gobernantes en los países democráticos que respaldan el restablecimiento de la democracia en Venezuela, todo lo contrario, debemos acercarnos y dialogar con todos aquellos que tengan dudas. No olvidemos que la hegemonía comunicacional y la mentira sistemática, ha creado otra falsa realidad que, por ingenuidad o ignorancia, puede lograr respaldos. El trabajo de desconstrucción de la narrativa del falso y manipulador discurso oficial corresponde a nuestras fuerzas democráticas, estamos conscientes que es arduo, pero necesario.
Por otra parte, en el ejercicio de lograr el mayor número de aliados a la salida pacífica, deberíamos dialogar con todas las fuerzas políticas que juegan en los sistemas democráticos de nuestros países aliados; por ejemplo, con todos los candidatos en los partidos demócrata y republicano en los Estados Unidos; pero, también debemos dialogar con los candidatos del Frente Amplio en Uruguay o del peronismo en Argentina, debemos aclarar sus dudas y, en la medida de lo posible, sumarlos a la salida pacífica y democrática en Venezuela.
Adicionalmente, desde la oposición democrática debemos avanzar en el manejo de una comunicación franca y transparente. Reconocer los errores y trabajar para superarlos, fortalece el respaldo popular. El liderazgo cuenta con un importante apoyo nacional, no conviene debilitarlo con radicalismo o soberbia; prudencia y franqueza, son virtudes indispensables en estos momentos.

ARIGlobal: CHINA y AFRICA ¿socios para el desarrollo?




Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global

María Gabriela Mata Carnevali 


Desde que China iniciara su apertura al mundo hace ya más de 40 años, la sociedad internacional ha asistido al despertar del gran gigante asiático que, fiel a su determinación de recuperar glorias pasadas, ha irrumpido con firmeza en la escena global, incluida África.  

En las últimas décadas, China pasó de proveedor mundial de mano de obra barata a financista del del Sur en desarrollo, “con el objetivo de construir puentes, tanto figurativa como literalmente, a través de la cooperación económica” (Yang, 22 jul, 2019).

Ahora, con el propósito más ambicioso de consolidarse como potencia global, bajo la presidencia de Xi Jinping, Beijing ha puesto en marcha la denominada Nueva Ruta de la Seda, todo un proyecto de ingeniería geopolítica que supone un enorme desafío para la economía mundial y seguramente impactará las infraestructuras de transporte de mercancías, pasajeros, hidrocarburos y tecnología. El proyecto, además de revitalizar la histórica ruta terrestre que posibilitó durante siglos el tráfico comercial entre Europa y Asia oriental, pasando por Asia central, aspira activar una vía marítima que la conecte con África y América Latina cruzando el océano Índico y el océano Pacífico.

La idea es reducir los costos y el tiempo de transporte de mercancías para lograr mayor competitividad de sus productos, y aminorar el costo de sus importaciones de alimentos, materias primas y productos energéticos.

No hay “nada de improvisación y sí mucho planeamiento previo en esta globalización a la china”, dice Ortega, (3 nov, 2015). En relación con África, cabe decir que no ha escatimado esfuerzos para ubicarse entre los principales “socios del desarrollo”.

Más de 10.000 firmas chinas operan en África y dominan casi 50 % del mercado de construcción contratado internacionalmente. De acuerdo con Sánchez (feb 2019), el paso de China por África ha supuesto una inversión acumulada de 100.000 millones de dólares que se traducen en la financiación de proyectos para construir 30.000 kilómetros de autopistas, generar 20.000 megavatios de electricidad, crear alrededor de 900.000 empleos locales y depurar más de nueve millones de toneladas de agua al día. Además, China ha impulsado la construcción y renovación de más de 6.000 kilómetros de ferrocarril en países como Angola, Nigeria, Etiopía o Sudán, y se espera que pronto de comienzo la construcción de una nueva ruta ferroviaria que conectaría los puertos de Dakar, con salida al Atlántico, y Yibuti, donde China tiene asegurada su conexión con el Océano Índico.  A este respecto cabe destacar que Yibuti fue también el lugar escogido para construir la primera instalación militar permanente de China en el extranjero.

 ¿Qué opinan los africanos?
Las encuestas de opinión han demostrado que la mayoría de los africanos ve a China favorablemente, tanto en términos de su influencia como de sus contribuciones al desarrollo.  La dirigencia no escapa a esta valoración positiva de la actuación del gigante asiático en el continente. "China, que ha librado sus propias batallas para modernizarse, tiene un sentido mucho mayor de la urgencia personal del desarrollo en África que muchas naciones occidentales", escribió el ex presidente senegalés Abdoulaye Wade en 2008 (Albert, 12 julio, 2017). Sin duda, el sentimiento anticolonialista todavía pesa.

Sin embargo, las crecientes actividades chinas en suelo africano han suscitado grandes dudas en la Sociedad Civil, sobre todo en lo relativo a su política de no interferencia en los asuntos internos que, en la práctica, se ha traducido en el apuntalamiento de regímenes autocráticos. A diferencia de Occidente que, para bien o para mal, suele condicionar ayuda e inversiones, China se atiene al principio de no injerencia y, a la hora de hacer negocios, no hace un problema de las formas de gobierno, lo cual termina por afectar a las poblaciones sometidas en el sentido que de alguna manera financia el despotismo, dejando en evidencia que en realidad no le preocupa tanto el desarrollo como su propio beneficio.

Por su parte, los trabajadores se quejan de las condiciones contractuales, que suelen ser muy duras, y los verdes del poco o nulo interés en la preservación del medio ambiente.

Sin entrar en el espinoso tema de cuál tipo de dominación es peor, partiendo del hecho cierto de que las relaciones sino africanas continuarán creciendo, cabe preguntarse por las implicaciones a nivel mundial.

¿Cómo afecta esta alianza el orden mundial?
En primer lugar, habría que decir que, en el marco de la guerra comercial entre China y los Estados Unidos, África podría convertirse en un mercado potencial para los productos chinos gravados con altos aranceles por el gobierno de Donald Trump. Beijing podría incluso aprovechar los acuerdos comerciales vigentes con diferentes países africanos, para convertirlos en plataformas exportadoras hacia el mercado estadounidense con menos carga impositiva.

En la arena política, sobre todo en el ámbito multilateral, África ha demostrado ser un fiel aliado. Si es por gusto o no, es debatible.

Sin embargo, en estas cosas más vale no ser ingenuos. “China usa sobornos, acuerdos opacos y la deuda para mantener a los Estados en África cautivos a los deseos y demandas de Beijing”, dijo Bolton, uno de los “halcones” más prominentes del gobierno de Trump, antes de que se le pidiera levantar vuelo. En su opinión, “tales acciones depredadoras son subcomponentes de iniciativas estratégicas más amplias” (citado en Yang, 22 jul, 2019).

Todo apunta a que tiene razón. No por nada Xi, en el 95 aniversario de la fundación del Partido Comunista Chino (PCCH), anunció ante una audiencia de miles de personas que “tiene plena confianza en ofrecer una solución china a la búsqueda de mejores sistemas sociales por parte de la humanidad”.

En definitiva, más que socio para el desarrollo del Sur China se perfila como un desafío para el sistema internacional liberal.

Referencias:

Albert, Eleanor (12 julio, 2017). China in Africa. Council on Foreign Relations. Disponible: https://www.cfr.org/backgrounder/china-africa

Kabasha, Gaetan (23 dic. 2015). China en África. El País. Disponible: https://elpais.com/elpais/2015/12/23/africa_no_es_un_pais/1450854000_145085.html

Ortega, Andrés (3 nov, 2015). La Nueva Ruta de la Seda: gran ingeniería geopolítica. Nota de blog.  Disponible: https://blog.realinstitutoelcano.org/la-nueva-ruta-la-seda-gran-ingenieria-geopolitica/

Sánchez, Fiorelli (feb, 2019). China en África, una estrategia híbrida. Nota de blog. Disponible:  https://blog.realinstitutoelcano.org/china-en-africa-una-estrategia-hibrida/

Yang, Daniel (22 jul, 2019). Cómo la alianza de China con África está cambiando el orden mundial. IPS. Disponible: http://www.ipsnoticias.net/2019/07/la-alianza-china-africa-esta-cambiando-orden-mundial/




jueves, 17 de octubre de 2019

Preparando otro período académico: 2-2019 de #MasterARIG y #Cohorte2019

De interés para nuestros cursantes

Con esta entrada/publicación damos inicio a las informaciones relacionadas con lor preparativos de inicio del nuevo período académico para los postgrados de la FACES y en particular para el Programa de Maestría en Relaciones Internacionales #MasterARIG: Proceso de Inscripción para nuevos cursantes #Cohorte2019 y cursantes regulares, Reingresos y Reincorporaciones, Horario de Asignaturas, entre otros.
Fecha: 17/10/2019