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martes, 23 de junio de 2020

ARIGlobal: TODA ACCION CUENTA






Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores de Venezuela que combina lo interméstico y global



Marìa Gabriela Mata Carnevali


La COVID19 ha puesto de relieve desigualdades sistemáticas. Pero también nos ha ayudado a descubrir nuestra fortaleza interna y nuevas formas para conectarnos con los demás, renovando nuestra motivación para actuar en favor de un mundo mejor. Como dice el lema adoptado este año para celebrar el Día Internacional del Refugiado, “toda acción cuenta”, “todo el mundo puede marcar la diferencia”.

Filippo Grandi, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas en esta materia, rindió homenaje a la resiliencia de las personas desplazadas a la fuerza en todo el mundo, muchas de las cuales están en la primera línea de batalla contra la pandemia de coronavirus, a pesar de las dificultades que normalmente deben sobrellevar. Desde médicos, enfermeras, educadores, cocineros, modistas, periodistas y locutores, hasta voluntarios, muchos migrantes y refugiados están encontrando formas de participar.

En América Latina y España destaca la labor de aguerridos venezolanos que abandonaron todo en busca de un futuro para ellos y sus hijos y hoy encuentran una manera de insertarse en los países que les dieron abrigo aportando lo mejor de sí como profesionales y como personas.  

La crítica situación en Venezuela, que ha llevado al mayor éxodo en la historia reciente de la región, provocando una de las crisis de desplazados más importantes en el mundo, tiene al menos un lado amable como es el de dar a conocer los múltiples talentos de los venezolanos.

Los que todavía estamos aquí, desplazados en nuestro propio país, debemos llenarnos de esa fuerza desplegada por nuestros compatriotas afuera para hacer frente al enemigo interno, el virus chavista que enferma el alma y mata democracias.

Desplazados estamos, algunos en el sentido estricto de la palabra, obligados a mudarnos a otras ciudades o estados, o a “refugiarnos” en casa de familiares o amigos por falta de servicios o amenazas del Estado terrorista. Pero desplazados también estamos en sentido figurado, desplazados del lugar que nos corresponde como profesionales en puestos de responsabilidad hoy en manos de incompetentes; desplazados del progreso y el bienestar, obligados a vivir en condiciones deplorables; desplazados emocionalmente, con el corazón dividido en tantos países como destinos encontró nuestra sangre.

Que no se nos olvide.  Todo el mundo puede marcar la diferencia, en la universidad, en la oficina, en la calle, en la Iglesia, en la comunidad. Toda acción cuenta.

La defensa y promoción de los derechos humanos luce como la acción estratégica que puede ayudarnos a alcanzar la unidad necesaria para hacer frente a este reto histórico que nos conmina a sacar lo mejor de nosotros.

Ante la sentencia de muerte que enfrentan los partidos, enarbolemos sin miedo una única bandera plural, la bandera de los derechos humanos que ya cuenta con el importante respaldo internacional.
“La noción de Derechos Humanos se corresponde con la afirmación de la dignidad de la persona frente al Estado”, dice Pedro Nikken (1994); y es que la dignidad de la persona puede verse ofendida por distintas causas, pero no todas configuran, técnicamente, violaciones a los derechos humanos.

La nota característica de las violaciones a los derechos humanos es que ellas se cometen desde el poder público o gracias a los medios que éste pone a disposición de quienes lo ejercen. “Usualmente implican lucha” nos recuerda por su parte Carlos Chipoco (1994), pues muchas veces mantener la seguridad nacional se convierte en la excusa perfecta para asaltar las libertades humanas.

La universidad se lucha o se pierde. El país se lucha o se pierde. Nuestros derechos como venezolanos, como seres humanos, se luchan o se pierden, porque este gobierno no quiere reconocerlos aferrado a una interpretación relativista, que pone la soberanía estatal al servicio de su ambición y por encima del Derecho Internacional.

Hagamos del Sistema Universal de Protección de los Derechos Humanos nuestro aliado y avancemos hacia una nueva Venezuela de la que nadie quiera irse y, al contrario, se convierta de nuevo en refugio de sueños expatriados.

 Referencias:
Chipoco, Carlos (2010). La protección universal de los derechos humanos. Una aproximación crítica. En: Rodolfo Cerdas y Rafael Nieto (comp.)  Estudios básicos de derechos humanos. IIDH.
Nikken, Pedro (1994). El concepto de derechos humanos. En: Rodolfo Cerdas y Rafael Nieto (comp.)  Estudios básicos de derechos humanos I. IIDH

@mariagab2016



martes, 22 de mayo de 2018

ARIGlobal: Aislamiento internacional ¿Tiempo de aguante?



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global

María Gabriela Mata Carnevali*





Somos la nota discordante/ los deicidas/ los culpables/ los que tenemos que pedir permiso para respirar/ para estar/ para ser/ somos los inconvenientes 
Ackerman
                                     

                                              
De las sospechas, no quedaron dudas. Maduro se declaró ganador en unas elecciones desconocidas por el mundo y la oposición, dispuesto a todo para perpetuarse en el poder. Viene más aislamiento. Los venezolanos retenemos la respiración ¿Tiempo de aguante?

En los pueblos atrasados y dormidos, aquellos que según la definición de Spengler son más Naturaleza que Cultura, en los llamados pueblos felahs porque se les compara con aquellos campesinos del Valle del Nilo que habían perdido la memoria de su pasado y que, sin acordarse de sus reyes y sus potentes dinastías, trenzaban juncos o recogían la cosecha eventual con que los obsequiaba el limo fértil después de las grandes crecidas del río, el tiempo no apremia ni parece correr, pues los seres ignoran como imponerle su voluntad.

 En Venezuela, de acuerdo con Mariano Picón Salas (1987), durante los gobiernos de Castro y Gómez estuvimos “dormidos”, es decir, tuvimos una dimensión puramente “campesina” del tiempo ya que el “aguante” y no la voluntad de cambio se adueñó del espíritu de la nación. Sin embargo, pudiéramos decir que por encima de ese tiempo rutinario e inerte empezaba ya a soplar un agresivo viento de historia moderna, y no nos referimos sólo a los cambios que trae consigo el petróleo, que rápidamente desplazó al café y al cacao como principales productos de exportación, sino al fin de los “regionalismos” y al nacimiento de una conciencia nacional democrática.

En el “dividir para reinar” del caudillismo vernáculo se acentuaba todo recelo o prejuicio regionalista. Monagas favoreció a sus “orientales”, Falcón a sus “corianos”, Crespo a sus “llaneros”, Castro y Gómez, como era de esperarse, a sus “andinos”. Los gobiernos subsiguientes a López Contreras (1935-1941) y Medina Angarita (1941-1945), aunque iniciaron un proceso de reformas, no pudieron deshacerse de la totalidad de la carga heredada, pero permitieron  la consolidación de la “oposición”, cuyo liderazgo sería el que, con apoyo del pueblo, derrotaría a Pérez Jiménez conquistando por fin la democracia para Venezuela en 1958 (Rodríguez Gallad, 1980).

Democracia a la que la “Revolución” pacífica pero armada de Chávez y hambreadora de Maduro ha herido de muerte, desconociendo todos los derechos ciudadanos, empezando por el derecho a la protesta, al punto de que el mundo habla ya abiertamente de dictadura y la moral del venezolano promedio de tanto aguantar palo se resquebraja. El heredero del Comandante muerto se reeligió fraudulentamente hasta el 2025 ¿Y ahora qué?

Los escenarios probables dependen mucho de la lectura que se haga de los hechos y la idea que se tenga del tiempo.

Primera lectura. Maduro ganó con trampa. El mundo lo sanciona por malo.  Muy bien. En efecto,  luego de la farsa electoral del 20 de mayo el mundo se prepara para imponer nuevas sanciones. El Grupo de Lima, parte del G20, incluido Estados Unidos, y la Unión Europea no solo no reconocen los resultados, sino que han comenzado a tomar medidas que van desde  la reducción del nivel de sus relaciones diplomáticas, hasta la radicalización de las sanciones económicas, todo lo cual apunta a un creciente aislamiento del país, en un momento en el que ya no se habla de crisis sino de emergencia humanitaria.

El gobierno que se autoproclama socialista dirá, por supuesto, que estas sanciones son las culpables de todo. Intentará lavarse el rostro con una desgastada retórica antiimperialista, recurrirá a sus aliados estratégicos (Rusia y China) y nosotros esperaremos con paciencia el cambio inducido desde afuera.

Segunda lectura. Porque si,  el 20 de mayo tiene otra lectura. Una lectura más optimista en la que el triunfo de la abstención, reconocido hasta por el ilegítimo CNE, es el triunfo del pueblo. Dada la presión ejercida desde el gobierno para votar, el triunfo del abstencionismo es una victoria del pueblo todo, sin diferencias ideológicas, un acto de desobediencia civil, una suerte de referéndum revocatorio que, en su grandeza, nos insuflará una voluntad de acción renovada perfectamente combinable con la acción internacional.

¿Con cuál nos quedamos? ¿De qué forma asumiremos el tiempo por venir? ¿Cómo los felahs, que esperan llegue la divina crecida del Nilo, se cruzan de brazos o rezan para invocar el milagro del cambio o como  aquellos que a lo largo de nuestra historia comprendieron que éste hay que construirlo, que el tiempo puede ser tarea dirigida, creación de conciencia y voluntad que modifica el letargo, el silencio y la fatalidad?

¡Venezuela, no te rindas! Se hace camino al andar.


*Profa FACES/ARIG/EEI



Referencias:

Picón Salas, Mariano (1987). “Pueblo e intelectuales” y “El tiempo y nosotros”.
     Comprensión de Venezuela. Caracas: Coordinación de Información y Relaciones de
     Petróleos de Venezuela.

Rodríguez Gallad Irene (1980). Venezuela entre el ascenso y la caída de la
  Restauración Liberal. Caracas: Ediciones AMON.



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miércoles, 25 de abril de 2018

ARIGlobal: Represión, el turno de Nicaragua



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global


 Lucia Galeno *



El reciente estallido de las protestas estudiantiles en Nicaragua ha revivido el muy conocido y practicado flagelo de la represión de manifestaciones populares por fuerzas de seguridad del Estado en Latinoamérica.

El detonante que dio inicio a los actos de calle en el país centroamericano, fue la impopular medida tomada por el actual Presidente Daniel Ortega, al modificar las cotizaciones del sistema de Seguridad Social, decisión en contra de la cual grupos de universitarios decidieron salir y expresar su rechazo, uniéndose posteriormente a éstos, otros factores de la sociedad, en repudio a la respuesta desmedida de los cuerpos policiales que, hasta el momento, ha arrojado una treintena de fallecidos y varias decenas de heridos y detenidos.

En los tres últimos años, se han registrado numerosos actos de protesta en países como México, Paraguay, Chile, Brasil, Ecuador, Bolivia y las muy extendidas, del año pasado en Venezuela. Algunas sin gran trascendencia y sin saldo lamentable, otras, muy dolorosas y fiel expresión de las situaciones que las motivaron. En todos los casos, se produjo la intervención de fuerzas de seguridad con mayor o menor apego a las garantías constitucionales del respectivo país y a lo establecido a los tratados internacionales.

Es de recordar que el Estado se reserva el ejercicio y monopolio de la fuerza para el mantenimiento del orden público, a diferentes escalas, a través de los organismos competentes. No obstante, en escenarios como el nicaragüense y el venezolano, cabe preguntarse respecto a la legítima y debida actuación de los cuerpos de seguridad, en el ejercicio de sus funciones en pro de la preservación de la estabilidad e institucionalidad, frente a las concurridas protestas, ya sea que las mismas afecten o no, la integridad de edificaciones y del patrimonio público. El punto delicado está en la reacción tremendamente represiva que llega a ocasionar muertes en un marco de claras violaciones  de los Derechos Humanos, comenzando por el Derecho a la Libertad de Expresión, a la protesta pacífica y el respeto elemental a la vida.

Más allá de la retórica discursiva, es llamativa la constante histórica que deja ver el hecho de que los gobiernos que llegan al poder en Latinoamérica a través de un “proceso revolucionario”, terminan recurriendo al uso de la fuerza a fin de permanecer en el cargo y acabar con toda manifestación de oposición que amenace su estatus. Salvo contadas excepciones, este tipo de regímenes tiende a caer en la tentación de perpetuarse, recurriendo a la violencia vestida de la institucionalidad que les proporciona el hecho de gobernar y que ahora, les da la posibilidad de emplear “legítimamente” la fuerza para, convenientemente, preservar el orden, instituciones y hasta la constitucionalidad, cuando esos elementos gozan de total identificación con quien dirige.

Este tipo de acciones represivas responden al origen y naturaleza misma de los movimientos insurgentes, casi siempre violentos de los que emergieron los partidos políticos que conquistaron el poder vía elecciones, pero que conocen de métodos basados en la lucha armada. En este sentido, es importante distinguir que los cuerpos de seguridad deberían actuar para contener las manifestaciones si llegasen a salirse de control, pero no para reprimir violentamente su ejercicio cívico. 

La represión de las protestas en Nicaragua, son una clara demostración del uso excesivo de la fuerza por parte de un gobierno cuya legitimidad y popularidad va en descenso, debido a la profunda crisis económica que aqueja al país y a las fisuras que empiezan a aparecer en un régimen que no cumple con los características para ser considerado verdaderamente democrático y ante el cual, se alzan las quejas y reacciones de sectores catalizadores y emblemáticos de la sociedad como el estudiantil, aunado recientemente a representantes de la iglesia, organizaciones empresariales  y demás actores.
*Cátedra de Historia de las RRII, EEI-FaCES-UCV


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jueves, 8 de febrero de 2018

ARIGlobal: MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y LIBERTAD CIUDADANA



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global


 Seny Hernández *


Los medios de comunicación constituyen los grandes generadores de opinión dentro del sistema mundo, contribuyen con el reforzamiento de las denuncias políticas y difunden la información que se selecciona a través de las distintas agendas que interactúan entre sí. El poder de las agencias informativas internacionales trasciende las fronteras.

Los medios de comunicación pueden convertirse en  los baluartes fundamentales de la democracia o los grandes represores del totalitarismo. Son utilizados como las vías fundamentales a través de las cuales se pueden ejercer los liderazgos de los distintos actores nacionales e internacionales, debido a las posibilidades excepcionales de información que pueden llegar a generarse. El trabajo honesto contribuye con la construcción de criterios para tomar decisiones que se trasforman a través de procesos deliberativos en el desarrollo de las políticas públicas.

Esta visión de los medios y su relación con los regímenes democráticos se ve afectada negativamente por las contradicciones emergentes en los escenarios políticos, debido al abuso que de ellos hacen los regímenes autoritarios cuando por su naturaleza aspiran mantenerse en el poder y se establecen las censuras y normativas que atentan contra la libertad de expresión de los ciudadanos.

Dos orientaciones predominantes se inscriben en el análisis de las relaciones entre los medios de comunicación, las democracias y el poder ciudadano existente en los estados: por un lado,  aquélla que critica el poder político autoritario, el cual busca controlar el contenido de los medios de comunicación con la consiguiente autocensura como resultado del establecimiento de las normativas implantadas  y, por otro,  los monopolios mediáticos que se instalan en los países donde ejercen su influencia esos regímenes autoritarios, cuya aspiración máxima es el control de las conciencias ciudadanas,  para que cumplan con los mandatos políticos establecidos.

Dentro de este contexto es necesario que emerja con valentía la defensa de los derechos humanos, el apoyo internacional para denunciar las arbitrariedades y el trabajo conjunto de los partidos políticos y las organizaciones no gubernamentales para que el ciudadano común se sienta apoyado por estas organizaciones en su quehacer democrático. La libertad de expresión constituye un derecho humano fundamental e inalienable, que favorece las transiciones democráticas.

Muchas veces también los ciudadanos al utilizar los medios de comunicación variados y accesibles,  que transmiten información por la radio, la televisión, los medios impresos, la red de internet, los dispositivos móviles, nos preguntamos… ¿Es verdad lo que me están diciendo? ¿Mi vida concuerda con lo que me dicen? ¿Hacia dónde va la gestión del poder político?  Y en fin de cuentas: ¿Creo en lo que quieren que yo crea? De todo este conjunto de preguntas y de las búsquedas de sus respuestas emergen las reacciones, capaces de introducir cambios políticos en las sociedades, cuando reconocemos que las manipulaciones mediáticas tienen sus límites. Afortunadamente, existen las democracias y las fuerzas de las conciencias colectivas, que se posicionan en ciertos momentos de la historia de los pueblos, marcando los rumbos políticos.
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Profa FACES / EEI

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martes, 21 de noviembre de 2017

ARIGlobal: Venezuela, soberanía responsable y responsabilidad de proteger


Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global

María Elena  Pinto *


Los crecientes pronunciamientos de actores de la Comunidad Internacional acerca de la situación venezolana para nada deberían sorprendernos, si los miramos a la luz de los cambios que se han venido dando en el contexto global desde la década de los 1990. En lo que atañe concretamente a la efectiva promoción y protección de los derechos, ha tenido lugar un auténtico cambio paradigmático no sólo en la concepción acerca de cuál es la responsabilidad del Estado y la Comunidad Internacional en esta materia, sino que se expresa también en la adopción de una visión mucho más amplia y profunda respecto a quiénes somos responsables de la vigencia efectiva de los  derechos humanos fundamentales. 

En los años 1990, producto de las amargas experiencias derivadas de los conflictos escenificados en países como Yugoslavia y Ruanda,  cobró fuerza la tesis de la intervención humanitaria conforme a la cual la Comunidad Internacional tenía el deber de actuar ante situaciones de grave violación de los derechos humanos; en estos casos, la soberanía del Estado no podían ser invocada como argumento en contra de una intervención de la Comunidad Internacional , pues se partía de la premisa de que los derechos humanos estaban por encima de cualquier otra doctrina o consideración legal.  La noción de la intervención humanitaria suscitó desde entonces enconados debates,  entre otros motivos por la legítima preocupación manifestada por los Estados menos poderosos dentro del Sistema Internacional de que esta pudiera ser empleada como justificación por parte de las grandes potencias para la realización de intervenciones en esos Estados motivadas por intereses ajenos a la protección de los derechos humanos. En 2005, durante la Cumbre Mundial de Naciones Unidas, la Comunidad Internacional avanza en la definición de unos parámetros que sirvieran de base a su accionar en materia de protección de los derechos humanos; en la Cumbre del Milenio la ONU acoge la idea de la responsabilidad de proteger  en su resolución final, que posteriormente es abordada con mayor detenimiento en el Reporte del Secretario General a la Asamblea General de las Naciones Unidas A/63/677, de fecha 12 de enero de 2009, denominado:  “Implementando la responsabilidad de proteger”.

De acuerdo con estos dos documentos, la responsabilidad de proteger recae, en primera instancia, en cada Estado.  Resulta interesante observar que el Reporte del Secretario General mencionado supra identifica de manera clara y precisa algunas de las buenas prácticas de la acción estatal que resultan necesarias para propiciar un entorno poco proclive a la ocurrencia de crímenes contra los derechos humanos, las cuales configurarían lo que dentro de este Reporte se entiende como soberanía responsable: si entendemos que la soberanía es un atributo esencial e incuestionable del Estado, ella entraña no solo un conjunto de potestades sino, por encima de todo, de responsabilidades para con los ciudadanos.  A estos atributos de la soberanía responsable hicimos referencia en el pasado en otro artículo publicado en esta ventana de reflexión, pero conviene recordarlos por su utilidad para analizar el caso Venezuela:

  • Respeto irrestricto de los derechos humanos consagrados en los instrumentos jurídicos que conforman el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, el Derecho Internacional Humanitario y el Derecho de los Refugiados, así como en el Estatuto de Roma que establece la Corte Penal Internacional.
  • Sanción efectiva de los crímenes contra los derechos humanos, en caso que estos sean cometidos, a los fines de evitar la impunidad en esta materia.
  •  Promoción y manejo efectivo de la diversidad, que se traduce en la vigencia efectiva de la igualdad y no discriminación por motivo alguno.
  •  Existencia de instituciones fuertes y la ausencia de divisiones sociales significativas. A este respecto, conviene recordar que de acuerdo con el Reporte A/63/677, los crímenes contra los derechos humanos esenciales no ocurren simplemente, sino que son el resultado de decisiones políticas deliberadas por parte de líderes que se aprovechan de las divisiones sociales y de la debilidad institucional en sus Estados.


Si pasamos al Estado venezolano por el tamiz de estas consideraciones, pocas dudas existen respecto al flagrante incumplimiento de todas y cada una de ellas. Situaciones como el aumento desmedido de la desnutrición infantil, las crecientes dificultades del grueso de la población venezolana para poder acceder a una alimentación completa y balanceada, la hiperinflación y escasez que conspiran contra la adquisición de los bienes de consumo más elementales, la carencia de medicamentos de todo tipo y la penosa situación en la que se encuentran los centros de salud,  configuran una auténtica emergencia humanitaria que no solo ha sido propiciada por las erradas políticas económicas del gobierno, sino que además ha sido negada por las autoridades del Estado,  oponiéndose en consecuencia a la aceptación de ayuda internacional para palear los rigores de la crisis. A todo lo anterior hay que sumar las sistemáticas violaciones a los derechos humanos acaecidas durante las protestas ocurridas en el país entre abril y junio de este año, que fueron severamente reprimidas por los cuerpos de seguridad del Estado, e incluso desde antes de estas manifestaciones de descontento; la ausencia efectiva de una división de poderes, el desconocimiento del espacio de representación popular por excelencia (la Asamblea Nacional) y la instauración de una Asamblea Constituyente espuria por haber sido convocada desconociendo los procedimientos constitucionales para ello establecidos.  Como guinda de este proceso, la acción de las agencias aseguradoras y calificadoras de riesgo declarando al Estado en default parcial, así como las sanciones adoptadas por diversos Estados configuran un escenario de extraordinaria volatilidad económico-social, en virtud de las crecientes dificultades del gobierno venezolano para acceder a fuentes de financiamiento internacional.

La respuesta del gobierno ha sido la tradicional en aquellos Estados incapaces y poco interesados en hacer un ejercicio responsable de la soberanía: escudarse en una noción de este término ortodoxa y caduca, que asimila la soberanía a la idea de “no intervención en los asuntos internos del Estado” por parte de terceros, dejando de lado que la soberanía implica no solo un conjunto de derechos, sino, sobre todo, el cumplimiento de determinados deberes por parte de las autoridades, y que para nada la soberanía puede servir de escudo para cometer violaciones a los derechos humanos.

En el Reporte del Secretario General “Implementado la responsabilidad de proteger”, se establece de manera clara y contundente que la Comunidad Internacional ha de cumplir un rol de apoyo en el ejercicio responsable de la soberanía por parte del Estado. En situaciones de fragilidad de las instituciones estatales, aquella debe cooperar con el Estado en cuestión, los acuerdos regionales y subregionales, la sociedad civil y el sector privado con la intención de fortalecer dichas instituciones y favorecer con ello el ejercicio responsable de su soberanía.  Esta declaración tiene, al menos, tres implicaciones que conviene tener en cuenta: 

a) En primer lugar,  establece de manera clara que más que cumplir una labor fiscalizadora y de intervención, la Comunidad Internacional está llamada en primera instancia a colaborar con los Estados para que estos garanticen la protección efectiva de los derechos humanos fundamentales.
b) En segundo lugar,  el ejercicio efectivo de los derechos humanos y la prevención de situaciones que pudieran conducir a su vulneración está íntimamente ligado a la existencia de instituciones político-sociales fuertes y estables que permitan a los ciudadanos realizarse en condiciones de bienestar, justicia y equidad.
c) En tercer lugar, la responsabilidad de proteger involucra la acción mancomunada de todos los actores del Estado: gobierno, sociedad civil y empresas.

En un caso como el venezolano, contar con la cooperación de la Comunidad Internacional y articular una alianza de trabajo con actores de la sociedad civil y las empresas, resulta por demás problemática, toda vez que el propio Estado desconoce la necesidad de tal ayuda y es el principal promotor de la debilidad institucional. De allí que las acciones emprendidas por los actores de la Comunidad Internacional, tanto en el caso de Estados, como de Organizaciones Intergubernamentales como la OEA o la Unión Europea, hayan adoptado un rol más determinante bajo la figura de los pronunciamientos y sanciones, pues la acción conjunta con las autoridades gubernamentales luce imposible. Todo apunta a que las presiones de parte de la Comunidad Internacional continuarán produciéndose y profundizándose; el tiempo dirá en qué medida éstas puedan resultar efectivas para propiciar un desenlace que conduzca a una transición política y a la restitución de las garantías democráticas y humanas elementales, que de momento brillan por su ausencia.

* Profa ARIG / EEII




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martes, 19 de septiembre de 2017

UN MUNDO EN PEDAZOS


Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global


María Gabriela Mata Carnevali *

“Tenemos problemas. La gente sufre y está enojada. La gente ve que la inseguridad y la desigualdad aumentan, que los conflictos se propagan (…) Las sociedades están fragmentadas”  No, no se trata solo de Venezuela, sino del mundo. “Somos un mundo en pedazos, necesitamos ser un mundo en paz”, dijo António Guterres, el Secretario General de la ONU este martes 19 en un llamado a los líderes mundiales a afrontar los grandes desafíos de la humanidad con un espíritu solidario y de unidad que refleje los principios de la Carta de las Naciones Unidas.

En su discurso se refirió a los lanzamientos balísticos de Corea del Norte y el peligro de una catástrofe nuclear y a la escalada de tensiones sectarias en contra de la minoría Rohingya en Myanmar y afirmó que  la salida debe ser pacífica y emanar del diálogo. 


También se refirió al avance del terrorismo en general, con énfasis en Siria, Yemen, Sudán del Sur y Afganistán; y afirmó que para combatir tan terrible flagelo son cruciales tanto la cooperación internacional como políticas que aborden la pobreza e injusticias que facilitan la radicalización y los discursos de odio.

Salida pacífica, diálogo, cooperación internacional son ideas que están presentes todos los días en nuestras conversaciones en relación con la situación país. Sin embargo, parece como si les hubiéramos perdido la fe. Se han convertido casi en malas palabras, y resulta que esos y no otros son los mecanismos ideales para la solución de controversias. Ya nada significa lo que significa, sino lo que percibimos que significa y nuestra percepción está nublada por la desesperanza.

No es para menos, el gobierno ha deshonrado la belleza de estos conceptos haciendo de la PAZ un sinónimo de control y represión, del diálogo un mecanismo de distracción y de la cooperación internacional un circo de focas. Tanta es la manipulación de términos que el discurso de odio, según ellos es el de la oposición, que lo que busca es manifestar la disidencia.

Pero no por eso hay que perder el rumbo y mucho menos claudicar. Todo lo contrario. Ahora es cuando hay que apostar por la construcción de una paz con justicia.  La paz verdadera supone y exige la instauración de un orden justo en el que los hombres puedan realizarse como hombres, en donde su dignidad sea respetada, sus legítimas aspiraciones satisfechas, su acceso a la verdad reconocido, su libertad y su seguridad garantizadas. Un orden, en definitiva, en el que dejemos de ser objetos para convertirnos en  agentes de nuestra propia historia.

En lo que respecta a nuestro país, confío en que el apoyo mayoritario de la Comunidad internacional termine inclinando la balanza a favor de la Democracia y los DDHH.  Venezuela es tema candente y ya forma parte también de la agenda de la ONU.

Lo cierto es que el multilateralismo puede hacer la diferencia en todos los temas en debate. Como dijo Guterres, “sólo juntos podemos hacer realidad la promesa de la Carta de las Naciones Unidas de conseguir la dignidad humana para todos” 

*Profa FACES/ ARIG



Llanto por un mundo en pedazosby Julia-EVS

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martes, 23 de mayo de 2017

ARIGlobal: Venezuela, Soberanía y Derechos Humanos



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global

María Gabriela Mata Carnevali*


Venezuela se lucha o se pierde. Nuestros derechos como venezolanos, como seres humanos, se luchan o se pierden, porque este gobierno no quiere reconocerlos aferrado a una interpretación relativista, que pone la soberanía por encima del Derecho Internacional.

Pero ¿y acaso no son universales los Derechos Humanos? La pregunta parece absurda considerando que, por definición, “los derechos humanos son derechos inherentes a todos, sin distinción alguna de nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o étnico, color, religión, lengua, o cualquier otra condición”  en reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana (ONU, 1948).

Este principio de universalidad presente en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada y proclamada  por  la ONU en su Resolución 217 A (III), el 10 de diciembre de 1948, ha sido reiterado en numerosos convenios, declaraciones y resoluciones internacionales en esta materia. En la Conferencia Mundial de Derechos Humanos celebrada en Viena en 1993, por ejemplo, se dispuso que todos los Estados tienen el deber, independientemente de sus sistemas políticos, económicos y culturales, de promover y proteger todos los derechos humanos y las libertades fundamentales. Sin embargo  hay quien, en pleno siglo XXI, todavía cree que los Derechos Humanos son relativos, en el sentido de que deben considerarse en el contexto cultural, o en el marco de la seguridad del Estado, colocando la cultura y la soberanía nacional por encima de estas pretensiones “universalizantes”.

Siguiendo a Chipoco (2010), en su forma moderna, el relativismo surgió como una respuesta al evolucionismo cultural que, partiendo de una visión darwinista de la sociedad, establecía  como punto de llegada la civilización occidental y la ilustración de la Revolución Francesa. Según esto los Derechos Humanos obedecerían a la supuesta superioridad de la cultura occidental sobre la oriental y, por lo tanto, resulta altanera y fuera de lugar la ambición de hacerlos extensivos a todo el planeta. Desconocen seguramente los que esto propugnan el origen africano de los Derechos Humanos en esa bella y no bien ponderada Carta de Manden, donde Sundiata, emperador de Mali del siglo XIII, hace gala de lucidez política y sensibilidad poética al redactar quizás la primera y más bella  carta de derechos humanos.

Para algunos autores como Howard Wiarda (cf Chipoco, op cit), América Latina es solo parcialmente occidental; lo cual, por supuesto, es una afirmación controversial, pero que decididamente abre la puerta a una consideración especial por la diversidad.

Sea como fuere, Venezuela resulta un obligado caso de estudio en el marco de este, uno los debates más interesantes en la teoría contemporánea de los Derechos Humanos, pues Maduro  en su obstinada represión de la disidencia, lo que alega es que está en juego la soberanía del país frente a las ambiciones del “Imperio”.  Dentro de su lógica, si para defender la seguridad nacional hay que violar unos cuantos derechos humanos, pues se violan; además, esos a los que se le violan sus derechos son “terroristas” y no merecen consideración alguna. Tampoco la merecen quienes los defienden, que por ese solo hecho pasan a ser enemigos del régimen.

El problema es que el gobierno ha secuestrado el significado de las ideas que en un principio nos constituyen como miembros de una misma sociedad: patria, nación, justicia, pueblo, derechos, constitución. Venezuela somos todos y es un contrasentido pretender garantizar la seguridad nacional violando los derechos de una parte de ese todo.

Basta de pretender que la patria es y será socialista a juro, la justicia roja rojita, el pueblo solo una clase y los derechos y la Constitución potestad exclusiva de esa clase. Como señala Colette Capriles (2014): “El futuro de esta sociedad que somos exige la construcción, no voluntarista, sino reflexiva, de identidades societarias que, desde el pluralismo, ofrezcan a la vez cohesión y direccionalidad”. Y eso solo puede hacerse en Democracia y con un respeto pleno de los Derechos Humanos



*Profesora FACES/ EEI
matacarnevali@gmail.com

Referencias:
Capriles, Colette (2014). Soberanía e identidad. En: Roche  (2014) El nosotros venezolano. UCAB, Caracas.

Chipoco, Carlos  (2010).  La protección universal de los derechos humanos. Una aproximación crítica. En: Rodolfo Cerdas y Rafael Nieto (comp.)  Estudios básicos de derechos humanos I . IIDH pp 1-10

ONU (1948). Declaración universal de los DDHH

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