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miércoles, 28 de febrero de 2018

ARIGlobal: LAS REDES BAJO ATAQUE




Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global


Fidel Canelón Ferrer *



            Las elecciones norteamericanas de noviembre de 2016 fueron oscurecidas por las denuncias de una intervención cibernética rusa para perjudicar la campaña de Hillary Clinton y beneficiar al candidato republicano Donald Trump, a la postre ganador. Lo que al principio se creía que fue solo el hackeo de las direcciones electrónicas del jefe campaña de la candidata demócrata, John Podesta,  se comprobó posteriormente que eran un conjunto mucho más amplio de acciones concertadas en las redes por empresas rusas al servicio del gobierno de ese país, que incluía  la propagación de noticias falsas y otras formas de desinformación.

            Ahora bien, lo que queremos destacar en estas líneas es que los mencionados hechos son solo una parte –de amplias consecuencias, naturalmente, por cuanto involucran a dos potencias- de un fenómeno que ha tomado una fuerza notable en los últimos años, como es la toma del ciberespacio por fuerzas disociadoras y en buena medida criminales que  propugnan valores contrarios a la tolerancia, la paz y el respeto a la opinión ajena. Ya es conocido que grupos terroristas como el Estado Islámico han utilizado intensamente las redes durante el conflicto armado que involucra a Siria e Irak con distintos objetivos: publicitar sus acciones violentas, propagar sus proclamas, reclutar adherentes y buscar apoyos por todo el mundo. Esto se repite con diversos grupos armados en el mundo (relacionados, en su mayoría, con una amplia gama de organizaciones dedicadas a negocios ilícitos que también copan la red, aunque de manera más subrepticia). 


Como lo revela el ataque cibernético ruso en Estados Unidos, estas prácticas están ganando terreno en varios gobiernos de mundo que tienen en común el tener una vocación autocrática,  como es el caso de nuestro país, donde el hackeo de las cuentas de ciudadanos comunes y corrientes  y dirigentes opositores está a la orden del día, al igual que el uso de boots y fake news  para posicionar tendencias y producir desinformación.  

            Lo cierto es que la época donde se veía de manera idílica a las redes sociales por su impacto positivo en distintos aspectos de la vida social en general y de la vida política en particular, parece haber llegado a su fin. Hasta hace unos años se vinculaba inmediatamente a las redes –y sus expresiones más notorias, como Twitter y Facebook- con la deliberación pública abierta, la libertad de pensamiento y la posibilidad de la transparencia en la vida pública y social, lo cual se reflejó, por ejemplo, en el surgimiento de verdaderos movimientos sociales y civiles virtuales. Hubo momentos icónicos que dieron apoyo a esta visión positiva, como la campaña de proselitismo y de financiamiento virtual que lanzó Obama en su primera elección (que contribuyó decisivamente a su triunfo) y muy especialmente la Primavera árabe, donde el uso de las redes resultó decisiva en un contexto de países sometidos a regímenes cerrados y autoritarios donde los ciudadanos carecían de canales para expresar sus ideas y demandas.

            Son muchos otros los hándicaps y debilidades que se están viendo en las redes sociales. El desaparecido Umberto Eco, con la agudeza que le caracterizaba, había señalado que el ciberespacio era el escenario de la “invasión de los idiotas”, apuntando a otra preocupante tendencia: el pulular de la intolerancia, la mala fe y la ignorancia entre millones que usan el ciberespacio, con frecuencia bajo el amparo del anonimato. Esta amenaza parece darse la mano con la otra que me hemos reseñado: la toma de las redes por grupos políticos irregulares y violentos y por gobiernos autoritarios e intolerantes con el objetivo de interferir en la libre voluntad de los ciudadanos y de los estados del mundo y favorecer sus estrategias y objetivos geopolíticos de dominio. Es un reto para las corporaciones privadas de la red, los gobiernos democráticos, los organismos internacionales y sobre todo la sociedad civil nacional e internacional actuar conjuntamente para afrontar las amenazas que acechan a las redes, una de las mayores innovaciones tecnológicas en la historia de la humanidad.
                       
*Prof  FACES/ EEI

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Las opiniones emitidas por los articulistas son de responsabilidad individual y en ningún caso comprometen opiniones de la entidad que promueve este 

martes, 17 de octubre de 2017

ARIGlobal: Postverdad y noticias falsas en el escenario internacional












Johanna Pérez Daza *

         Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global

        La búsqueda de inmediatez y primicia por encima de cualquier criterio de comprobación y verificación afecta no solo al periodismo y los sistemas informativos, sino que parece ser virus de rápida y extensa propagación en el ámbito internacional donde se privilegian aspectos superficiales y llamativos, mientras se sacrifican en el altar de la sociedad contemporánea (líquida, red, del espectáculo, de la información) valores, principios y preceptos (veracidad, objetividad, pluralidad, diversidad…) que hasta hace poco eran enaltecidos y procurados, al menos como utopía y anhelo.

Con facilidad caemos en trampas y provocaciones conducidos por la soberbia ciega de quienes creen que acaban de inventar la rueda o la palanca, sin detenerse a contemplar su presencia y funcionalidad pretéritas. Las tentaciones son múltiples, creemos, por ejemplo, que determinada terminología –generalmente rebuscada y ostentosa- acaba de salir del horno y se adapta a nuestras necesidades expresivas por lo que las adoptamos y nos apropiamos de ella, sin profundidad ni perspicacia. Tal es el caso de términos como postverdad y noticias falsas (fake news), los cuales han ganado relevancia en los últimos años, aunque algunos consideremos que son neologismos usados para referirnos a viejos conceptos como la mentira, la tergiversación, el falseamiento de datos y la confusión informativa inducida y estratégicamente orquestada. 

La postverdad llegó incluso a convertirse, en 2016, en la palabra del año según el 'Diccionario Oxford' asociándose con acontecimientos como el 'Brexit',  la victoria de Donald Trump y otros sucesos donde la incidencia de las emociones en la opinión pública sobrepasan las expectativas lógicas.

Desde el ámbito informativo, el escenario internacional se caracteriza por tensiones y choque de intereses que devienen, frecuentemente, en enfrentamiento entre distintos actores. Los medios de comunicación no son la excepción. En este sentido, recientemente El Washington Post se dedicó a la tarea de cuantificar las mentiras dichas por el presidente estadounidense. El estudio concluyó que 78% de las cosas que dice Trump son falsas, con un promedio de 4,6 mentiras al día.

A partir de estas y otras confrontaciones el presidente Trump ha decidido valerse de sus propios recursos para librar la que ha sido calificada como su primera guerra “contra los medios” creando plataformas y medios para transmitir sus propias noticias, este es el caso de un informativo para Internet lanzado en agosto de 2017 para combatir a los medios tradicionales y sus “noticias falsas” y que ha sido bautizado por la prensa estadounidense como “Trump TV”. El polémico noticiero ha sido comparado con las estrategias propagandísticas de Corea del Norte. Como en otros casos, todo depende desde dónde y cómo se mire.

En países como el nuestro proliferan informaciones sobre triunfos electorales, versiones contrapuestas sobre las libertades fundamentales, la democracia y los derechos humanos, entre otros temas que han sido especialmente tratados para generar desinformación y confusión en la opinión pública doméstica e internacional. Los métodos se reinventan y actualizan, haciendo necesario alertar a los ciudadanos, prevenirles y exhortarlos a dudar, confrontar y contrastar, como acciones imprescindibles en la sociedad actual

*Profa FACES / ARIG
@PerezDaza



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