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jueves, 2 de mayo de 2019

ARIGLOBAL: EL REGRESO DEL PSOE



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de doces e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores de Venezuela que combina lo interméstico y global


Fidel Canelón F*




          Como anunciaron las encuestas, el PSOE fue el partido más votado en las presidenciales del 28 de abril, dejando las puertas abiertas para la continuidad de Pedro Sánchez al frente del gobierno. Con 28,7% de los votos superó al Partido Popular de Pablo Casado (16,7%), a Ciudadanos de Albert Rivera (15,9%), a Unidos Podemos (14,3%) y a VOX (10,3%). Con estos resultados –que muestran un triunfo de los factores centristas sobre los extremismos de distinto tipo- la socialdemocracia parece cercana de comenzar un nuevo ciclo de dominio de la política española, después de los 7 años de mando popular con Mariano Rajoy.

Lo que está por verse es con qué otros partidos comenzará esta nueva travesía la tolda socialdemócrata, partiendo de que solo logró 123 escaños de los 176 necesarios para conformar gobierno. Descartada virtualmente una coalición con Rivera, cuyos 57 escaños le permitirían a Sánchez hacer una mayoría clara de 180 votos, luce inminente un acuerdo con Podemos, que sumó 43 escaños, así como con las agrupaciones no independentistas y alguna de las independentistas; con las obvios costos que pueden significar para Sánchez estas últimas.

Pedro Sánchez parece haber llegado al punto culminante de un espectacular renacimiento político, después de renunciar a la secretaría general del PSOE en 2016,  luego de que el partido no lo apoyó en su postura de postular un gobierno alternativo a Mariano Rajoy, decidiendo en cambio abstenerse para permitir la investidura de éste. En junio de 2017 Sánchez empezó su regreso al ganar de nuevo la secretaría general del PSOE, derrotando a Susana Díaz y a Patxi López en unas primarias. Lo sucedido el 1 de junio de 2018, cuando propuso una moción de censura contra Mariano Rajoy por los diversos casos de corrupción en que estaban implicados funcionarios de su gobierno, cuadra muy bien con aquella conseja maquiavélica: el príncipe virtuoso es aquel que sabe aprovechar al máximo la fortuna cuando ésta se le presenta. Sánchez, efectivamente, hizo gala de un gran sentido de la oportunidad y liquidó al líder popular en un movimiento audaz y sorpresivo.

Aunque con su triunfo el PSOE está lejos de los picos que tuvo en anteriores períodos, el panorama luce en este momento alentador para este partido histórico. Sánchez ha logrado un comeback fuera de lo común después de 10 meses de gestión donde se manejó con cierto equilibrio, en medio de una España y una Europa acosadas por los extremismos, y en el que además ha dejado un relativo buen sabor en las mayorías españolas con algunas de sus políticas. Ha tomado medidas simbólicas y efectistas, como la exhumación del cadáver de Franco y el aumento del salario mínimo a 900 euros, que le fueron útiles para recuperar el fervor del votante socialista y quitarle votos a Podemos. Pero ha impulsado, al mismo tiempo, leyes responsables y loables, como el decreto-ley que da derecho a todas las personas que habitan el territorio español a gozar de asistencia de salud (incluyendo a extranjeros residentes e inmigrantes irregulares), una reforma educativa que devuelve competencias a las autonomías y medidas en contra de la violencia de género. En lo internacional, para nosotros es de interés destacar cómo pasó de una posición ambigua con respecto al gobierno de Nicolás Maduro a un abierto reconocimiento de Juan Guaidó.

Está por verse si ahora, con los aliados que definitivamente escoja, podrá impulsar una agenda que lleve al despegue de la economía española, logre la conciliación exitosa del mercado con lo social y conjure las amenazas separatistas que asolan a España desde varios años.

*Prof FACES/ EEI
@fcanefe


 El líder del PSOE, Pedro Sánchez, celebra su triunfo en las elecciones de España  
                                                            Fuente: AFP



miércoles, 8 de noviembre de 2017

ARIGLOBAL: RAJOY Y CATALUÑA



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global

Seny Hernández *



El presidente del gobierno español,  Mariano Rajoy, declaró ante el caso de la pretensión independentista de la Comunidad Autónoma de Cataluña, que se había llegado a una situación límite, en el sentido de que el gobierno había querido establecer un proceso de rectificación, después de la celebración del referéndum secesionista, sin resultados favorables y se vió obligado a utilizar la carta de la intervención.

El problema básico de Cataluña, según Mariano Rajoy era que se había liquidado el Estado de Derecho y los efectos de esa liquidación estaban  afectando la vida normal de los españoles, Las dos tendencias a favor y en contra de la independencia de Cataluña tenían dividida peligrosamente a la población, por lo que se imponía rescatar el poder político de ese territorio.

La población de Cataluña fue consultada a inicios del mes de Octubre en un referéndum secesionista, celebrado -desde la óptica del Primer Mandatario- “sin garantías”, el cual estuvo acompañado de una fuerte represión gubernamental, por cuanto se trataba de un acto ilegal. A pesar de la violencia, el 42% de la población participó y los resultados al emitir los escrutinios finales determinaron que el 90% lo hizo de una manera afirmativa y contundente a favor de la independencia. Obviamente no se trataba de una participación mayoritaria, aunque muchos analistas políticos consideraron que era suficientemente representativa en ese tipo de consultas.    

El conflicto entre los dos gobiernos que se desarrolló en Cataluña, originado por la celebración del mencionado referéndum, generó una peligrosa situación de ambivalencia, incertidumbre y polarización, en la cual cada una de las partes consideraba que tenía la razón.

El gobierno central español apeló al artículo 155 de la Constitución, el cual expresa que una situación como la existente ocurre y atenta contra la seguridad integral del país, por lo que se debe implementar un conjunto de medidas de intervención. El presidente Rajoy declaró que buscaba proteger el interés general de los españoles, restaurando el orden constitucional y así efectivamente lo hizo.

Antes de decidirse por la aplicación del artículo 155 de la Constitución, Rajoy  concedió un tiempo prudencial para que el president de la Generalitat,  Carles Puigdemont, rectificara y no declarara la independencia de Cataluña, con lo cual pretendía evitar poner en marcha la intervención; sin embargo Puigdemont no respondió a ninguna de las propuestas que le ofreciera.

Al parecer las intenciones de Rajoy fueron en todo momento poner “todos los medios a su alcance para restaurar cuanto antes la legalidad y el orden constitucional, recuperar la convivencia pacífica entre ciudadanos y frenar el deterioro económico que la inseguridad jurídica” estaba causando.

Las amenazas fueron mutuas; mientras Rajoy insistía en la intervención,  Puigdemont expresaba que propondría al Parlament de Cataluña una votación a favor de la declaración de independencia e incluso llegó a comentar que los dos plenos -el del Senado y el del Parlament- pudieran producirse simultáneamente.

Finalmente, el 27 de octubre pasado Mariano Rajoy adoptó una serie de medidas para controlar la situación inconstitucional que se había generado y en consecuencia disolvió el parlamento catalán, confirmó la destitución del presidente autonómico quien salió de España rumbo a Bélgica y anunció la convocatoria de elecciones anticipadas en Cataluña para el 21 de diciembre de este año. Actualmente Soraya Sáenz de Santamaría, Vicepresidenta del gobierno español, está encargada de la presidencia de la Generalitat.

*Profesora de la Escuela de Estudios Internacionales
FACES-UCV




   
Mariano Rajoy, junto a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría
Fuente: EFE 


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miércoles, 11 de octubre de 2017

ARIGlobal: ESPAÑA EN SU LABERINTO


Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global

Por  FIdel Canelón * 




            España no ha escapado de lo que parece ser el pathos que define a buena parte de los pueblos del mundo desde los finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI: la confrontación con su pasado histórico y el cuestionamiento y redefinición de la identidad que los ha marcado desde que nacieron como entidades políticas en la era moderna.

De repente, la clase política dominante de Cataluña –con la aquiescencia de una parte significativa de su población- ha descubierto que la condición de comunidad autónoma que tiene dentro del orden constitucional nacido con la restauración democrática de 1977 es una camisa de fuerza para su progreso, y ha planteado la independencia para hacer justicia con una vocación de autodeterminación que –supuestamente- habría poseído desde siempre, pero que había sido frustrada por imposiciones de casas dinásticas imperiales.

            Nada nuevo, si tomamos en cuenta que en el último siglo las identidades políticas no han cesado de redefinirse al calor de las guerras y de grandes procesos políticos de cambio: la Primera y la Segunda guerra mundial, los procesos de descolonización de Asia y África y la implosión del sistema socialista encabezado por la Unión Soviética, generaron el desmoronamiento de imperios, y el surgimiento de numerosos nuevos estados, cambiando significativamente la dinámica del ordenamiento político mundial. Más recientemente, sucesos como la Primavera árabe generaron el derrumbe de viejos regímenes autoritarios de África y el Medio Oriente, y posteriormente guerras fratricidas, todavía en pleno desarrollado, que han disgregado, de facto, a estados como Libia, Siria, e Irak.

            La rebelión de Cataluña nos advierte que en estos años de globalización no solo los países de escaso desarrollo, con regímenes autocráticos  o grandes déficits democráticos son susceptibles de sufrir un desmoronamiento de su integridad político-territorial, sino también los países desarrollados con democracias consolidadas como España. Ellos también pueden ser víctimas de las vindicaciones históricas cobijadas en algunos de sus pueblos y comunidades, al calor de los tortuosos procesos de unificación de sus estados-naciones, que en el caso de España tomó cuerpo al unirse los reinos de Castilla y Aragón a fines del siglo XV.

Episodios como la rebelión catalana de 1640, durante la guerra entre España y Francia que terminó con la Paz de los Pirineos (1659) y particularmente las fuertes políticas centralistas y contrarias a su identidad cultural adoptadas por Felipe V –al entronizarse en el poder la dinastía de los Borbones en 1700- y más recientemente, las políticas antiautonómicas adoptadas por la dictadura de Francisco Franco, al parecer no fueron superados del todo y han propiciado este ánimo vindicativo y separatista.

            Más allá de las vicisitudes históricas, este intento separatista solo ha sido posible en el contexto de la grave crisis económica y social que ha afectado a España en la última década –con altas cifras de desempleo y fuerte afectación y desahucio de sus viviendas de amplios sectores-  que todavía no ha sido superada del todo. El descontento catalán llevó a la aprobación de un nuevo Estatuto de la Comunidad Autónoma, aprobado en 2006, donde, entre otros aspectos, se contempló reconocimiento del deber del uso del catalán junto al español y una mayor cuota de participación en los impuestos del estado español.

            De igual forma, el separatismo catalán hay que analizarlo en el contexto de la crisis que ha llevado al cuestionamiento y vigencia de la misma Unión Europea, en medio del descontento generado en la mayoría de sus países por las crecientes corrientes inmigratorias, la amenaza del terrorismo en sus distintas expresiones, y el replanteamiento de sus relaciones de poder dentro del orden global -crisis que tuvo su capítulo más notorio con el Brexit-.

El estado español se enfrenta a un largo y complicado proceso después de la accidentada y cuestionada consulta  celebrada este primero de octubre. Solo queda esperar que la racionalidad se imponga dentro del liderazgo político y civil nacional y de Cataluña. Sería desafortunado que las brechas se profundizaran y que, ante la ausencia de soluciones ecuánimes, se dispararan procesos de violencia como los que protagonizó el movimiento vasco por varias décadas. España merece conservar la paz y su integridad, respetando simultáneamente las demandas de sus ciudadanos y comunidades autónomas.

Profesor  FACES / EEII
@fidelcanelon



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viernes, 24 de marzo de 2017

ARIGlobal: Mirando a Europa

                                                   

Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV. Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores de Venezuela que combina lo interméstico y global

 María Gabriela Mata Carnevali*                                                                                                      
Las boutades o malacrianzas de Trump hacia nuestra América y el estira y encoge dentro de la OEA para la aplicación de la Carta Democrática a Venezuela nos distraen de  lo que ocurre en el continente europeo y su icónico modelo de integración, que está de cumpleaños. Este 25 de marzo se celebraron 60 años de la firma del tratado de Roma que dio origen a la Unión Europea y bien vale la pena detenerse en el tema.

Nadie discutirá el éxito de una aventura que ha contribuido a la prosperidad y la estabilidad de un continente devastado por dos guerras mundiales y luego dividido por la Guerra Fría. Desde 1989, sin embargo, el mundo ha cambiado.  En el contexto de la dinámica "Brexit-Trump"  no es tiempo de avanzar, sino de defender  el espacio ganado.  El giro xenófobo  y conservador en muchos de los países miembros sitúa a la Unión en el juicio de los electores;  Farage, Le Pen, Wilders, Petry  o  Salvini  amenazan con destruir su moneda, su mercado, en fin,  su unidad. A pesar de que las recientes elecciones holandesas rompieron la tendencia con una clara victoria para la centro derecha, el suspenso se prolonga de cara a las presidenciales francesas.

Para satisfacer las aspiraciones latentes, los 27 presidentes y primeros ministros que se reunieron en Italia para conmemorar la fecha, jugaron a balancear las necesidades e intereses de los estados miembros y las expectativas de la población.

Europa es el mascarón de proa de todos los amantes de la libre circulación típica de la globalización, pero Bruselas pareciera haber perdido la visión de los ciudadanos más sedentarios que ven en  esto no una oportunidad, sino un "caballo de Troya” que pone en peligro su puesto de trabajo, su seguridad, su vida. El apoyo de los ciudadanos ha caído  notoriamente. Sólo el 35% considera positiva la UE, 17 puntos menos que en el 2007.

La UE está en crisis justamente cuando pareciera más necesaria pues el retorno al Estado individual y la moneda nacional, que propugnan los euroescépticos y la extrema derecha, dejarían aún más indefensos a ciudadanos y gobiernos frente a las amenazas de seguridad y al inmenso poder de las multinacionales y el sector financiero.

El texto del comunicado que suele leerse en estas ocasiones fue objeto de arduas negociaciones, debido a las divergencias entre Europa occidental y oriental sobre cómo debe replantearse la gobernanza regional en una Europa que avanza a “distintas velocidades". En definitiva pasa revista a los logros del proyecto comunitario, a sus principales retos, entre los que incluye el terrorismo  y  la inmigración, y a las áreas a las que la Unión quiere dar prioridad: la seguridad, el progreso económico, la Europa social y el peso de la UE en el mundo. Pero todavía están en el aire las palabras del papa Francisco quien, en una inusual “reunión de familia” que tuvo lugar el viernes en el Vaticano, reprochó  a Europa  el  limitarse a gestionar los problemas como si fueran solo una cuestión numérica, económica o de seguridad pues, a su juicio, “el miedo que se advierte encuentra a menudo su causa más profunda en la pérdida de los ideales” y por ello urgió a encontrar nuevos caminos, a apostar por el futuro a través de  un “nuevo humanismo” .

La verdad es que urge ampliar la mirada, pues si bien la paz de ahora se da por descontada, las guerras de los Balcanes, los ataques terroristas y la actual guerra civil de Ucrania muestran que lo impensable puede producirse  cuando estallan las tensiones y fracasan las instituciones.

*Profesora FACES/ ARIG-RRII
  matacarnevali@gmail.com



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