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miércoles, 22 de julio de 2020

ARIGlobal: UNIÓN EUROPEA, SOLIDARIDAD Y CONSENSO



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV. Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores de Venezuela que combina lo interméstico y global

Seny Hernández Ledezma 


La madrugada del día 21 de julio de este año, se recordará como un momento histórico de gran trascendencia para la Unión Europea (UE) debido a la decisión adoptada en el seno de esa organización,  gracias al liderazgo ejercido conjuntamente por la Canciller alemana Ángela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron, en respuesta a la crisis económica originada por la pandemia Covid-19, que ha afectado dramáticamente a varios países de la Unión. El futuro de la UE era incierto y se presumía una inevitable desintegración. La solidaridad y el consenso de todos los Estados miembros fueron los factores decisivos para alcanzar el acuerdo final.   

Tiempo atrás, el 24 de mayo de este mismo año, la Comisión Europea había aprobado un plan de recuperación valorado en 750.000 millones de euros (US$825.000 millones) para ayudar a los países de la UE a enfrentar la crisis desatada por el coronavirus. De esa cantidad, 500.000 millones iban a desembolsarse en forma de subvenciones a fondo perdido y 250.000 como préstamo. El plan de la Comisión, denominado “Next Generation EU”, necesitaba el respaldo de los 27 Estados miembros para salir adelante, lo cual-según información transmitida por la BBC- representaba un cambio significativo en la dinámica de las negociaciones asumida por el Gobierno alemán, quien siempre había descartado  la idea de la “mutualización de la deuda”; es decir, que fuera el bloque quien la asumiera y no los países individualmente. Todo esto implicaba un conocimiento profundo de la situación, una claridad mental extraordinaria y un estilo original de enfrentar los problemas para buscar respuestas satisfactorias.

¿Quién ganaba? ¿Quién perdía? ¿Cómo hacer para que todos ganaran? El pensamiento de Ángela Merkel resultó convincente, incluso para los mismos alemanes, como pudieron expresarlo a través de unas encuestas que se aplicaron a los ciudadanos: sin descartar la influencia de la solidaridad ante la pandemia en el debate alemán, el pensamiento holista se impuso y esto significa estratégicamente, estabilizar la economía de todos, fomentar el mercado interior europeo y salvaguardar el euro. Mientras la Canciller alemana piensa sí, ella considera, observa y calibra la necesidad de impulsar la economía alemana y repite en sus intervenciones para que penetre en todos los discos duros de quienes le rodean:   "Alemania solo prospera cuando la UE prospera".

En la madrugada del 21 de julio, como hemos dicho, los miembros de la UE llegaron al acuerdo final a través del cual se creaba un fondo multimillonario de recuperación económica, para contrarrestar los efectos de la pandemia del coronavirus y así, enfrentar la recesión más profunda que hubieran vivido. La BBC informa ese mismo día: “El fondo asciende a 750.000 millones de euros (alrededor de US$860.000 millones), y consiste en US$445.000 millones de subvenciones y US$410.000 millones de préstamos a bajo interés”. 

La reacción del presidente español, Pedro Sánchez, fue muy elocuente: es “un gran acuerdo para España y un gran acuerdo para Europa, no le quepa duda de que hoy se ha escrito una de las páginas más brillantes de la historia de la UE”. Y la Canciller Merkel respondió: “Europa ha demostrado en esta situación ser capaz de actuar”.

En total, más de 90 horas de negociaciones. Todo un aprendizaje de gobernabilidad democrática.

Profesora de la Escuela de Estudios Internacionales. FACES-UCV
sh26587@gmail.com



La Canciller alemana Ángela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron

Fuente: Bolsamania.com: 18 de mayo de 2020Añadir título







miércoles, 30 de enero de 2019

ARIGlobal: Venezuela y el consenso europeo



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global



Lucía Galeno*




La UE ha seguido con mucho detenimiento la situación en Venezuela a través de su Alta Representante para la Unión de Asuntos Exteriores y Política de Seguridad (AR), Federica Mogherini, emitiendo diferentes declaraciones que dejan sentada su postura acerca de la crisis en el país, siempre llamando a una solución pacífica, democrática y apegada al orden constitucional. No obstante, a raíz de los hechos acaecidos desde el 2017, la UE ha fijado una posición más crítica y determinante contra el Gobierno de Nicolás Maduro, como el desconocimiento de las elecciones presidenciales de mayo de 2018.

Ya Mogherini había informado, a apropósito de la conformación de la Asamblea Constituyente, que no reconocería a este órgano debido a las dudas surgidas respecto a su legitimidad y efectiva representatividad”, expresando, además, su reconocimiento y apoyo a la Asamblea Nacional (AN), como poder legítimamente electo. Fue justo en el 2017, cuando los demás poderes del Estado arreciaron el cerco a las funciones y competencias de la AN, único poder no controlado por la tendencia política favorable al Gobierno. Otro factor que ha influido en la postura de la UE es la violación de los DDHH por parte de los cuerpos de seguridad del Estado durante todo el lapso de protestas de calle, que dieron origen a numerosas denuncias.

A inicios de 2019, con miras a la nueva toma de posesión de Maduro, el recién electo Presidente de la AN, Juan Guaidó, asumió las funciones de Presidente de la República Encargado, ante lo que la AN ha denominado “la usurpación” de dicho cargo por parte del sucesor de Chávez, partiendo para ello, del no reconocimiento de las elecciones de mayo de 2018 con  base en  el art. 233 de la CRBV. En este sentido, la UE se encuentra definiendo una posición que cada vez es más clara en apoyo a las acciones de la AN y su Presidente, sin embargo, está el punto central del reconocimiento o no de Guaidó como Presidente de la República Encargado, paso que ya ha sido dado por EEUU, los países del Grupo de Lima, Israel, Australia y países europeos como Reino Unido, Suiza, Albania, Kosovo, entre otros actores.

Aquí es necesario precisar que, más allá de la Política Exterior particular de cada país soberano de la UE, este ente opera como un actor aparte en el escenario internacional que busca ser la expresión de una política común de sus miembros en los diversos temas de interés. El fijar una posición como el reconocimiento a Guaidó pasa por poner de acuerdo a sus miembros, consenso difícil de construir en un escenario en el que, además de las fuerzas políticas de izquierda que pudieran ejercer algún tipo de apoyo a Maduro, existe la necesidad de cuidar las formas en el seguimiento de los procesos legales. Al respecto, en ciertos sectores europeos, surge la duda debido a la consideración hecha por algunos de una “autoproclamación”, asunto que pasa a ser materia de interpretación del texto constitucional. Siendo la UE a través de su AR, el órgano que representa la unanimidad del criterio de sus integrantes, resulta más que conveniente que la respuesta resulte de una discusión filtrada, clara y que no contradiga la postura de ninguno de sus miembros.

Hasta ahora, hay consenso en el llamado a la realización de elecciones libres, democráticas y con condiciones, pero no para el reconocimiento a Guaidó, aunque las declaraciones de Mogherini revelen la voluntad mayoritaria de efectuarlo, en caso de no concretarse una respuesta viable de parte de la administración de Maduro en los próximos días. En ese camino, la postura fijada por Alemania, Francia, España y Portugal de dar un plazo a Maduro para convocar elecciones, pareciera ser la de caballos que “tiran de la carreta” de la UE en la dirección del reconocimiento. No obstante, habría que esperar si se imponen otras propuestas como la de un nuevo proceso de diálogo con “garantías”, en el que la UE podría ser participe o, si finalmente, cada país toma su decisión individualmente.

Profa. Cátedra de Historia, EEI-UCV