lunes, 25 de marzo de 2019

DESERCIONES

Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores de Venezuela que combina lo interméstico y global

María Gabriela Mata Carnevali*



Las «deserciones» en las FFAA de Venezuela y el trato y la credibilidad debida a los «desertores» ocuparon un lugar destacado en las noticias de esta semana a nivel nacional e internacional. Como las opiniones y la cooperación se construyen fundamentalmente a través del lenguaje, es menester hablar de significados.

El debate cotidiano de la política en Venezuela se complica cuando las palabras tienen diferentes significados para los diferentes actores. La palabra Paz, por ejemplo, significa una cosa para Maduro y otra para la oposición. Detrás de cada una hay un trasfondo teórico y mucha Historia. La primera es una paz negativa, que implica la ausencia de conflicto o violencia directa en el marco de un sistema que, sin embargo, puede estar signado por la violencia estructural. Es la Pax romana. La segunda es una Paz positiva producto de la resolución pacífica de los conflictos inherentes a toda sociedad democrática mediante la superación consensuada de todo tipo de violencia.

«Deserción», la acción de desertar, abandonar, dejar, tiene un sentido asociado negativo para los militares. Implica traición. Y la traición es la peor de las ofensas en las que se pueda incurrir en un sistema basado en la lealtad. Para la oposición, en cambio, tiene una connotación positiva. Los «desertores» de las FFAA vendrían siendo una especie de «héroes». Sin embargo, no todo el mundo lo ve así. Mucho depende, por supuesto, de quien sea el que dé el paso.  Ahora bien, si lo que se quiere es que se produzca un quiebre en la línea de mando para que los cuerpos de seguridad del Estado, o al menos una parte de ellos, apoyen la agenda del presidente interino Juan Guaidó, habría que resaltar, por sobre todas las cosas, el aspecto positivo de la defección, como bien supo hacerlo el general Carlos Rotondaro en sus controversiales declaraciones para NT24, al remarcar que su lealtad era para la Constitución y no para al gobierno, que había prometido inmolarse y se inmolaría “por la Patria”, pero no por “un gobierno de incapaces y corruptos”.

Todo indica, como señalan voceros de CODEVIDA y otras personalidades del gremio de la salud, que él mismo es un corrupto y que a su gestión pueden ser imputadas muchas de las muertes que enlutan a los hogares venezolanos. Quizás no merezca el perdón implícito en la ley de Amnistía. Sin embargo, no cabe duda de que su testimonio ayuda a desenmascarar al régimen ante la comunidad internacional y puede resultar invaluable en un eventual juicio contra Maduro.

¿Entonces? Nada. Tragar grueso. Respirar profundo. Cuidar el lenguaje y educar a los medios en este sentido. Si el objetivo es animar a otros, es necesario limpiar de su connotación negativa a la palabra «desertores» o sustituirla por otra(s) para resaltar el aspecto moral implícito en la decisión personal o grupal de los que optan por las fuerzas democráticas y estar listo para aprovechar cuando esos momentos se producen, bien de manera espontánea en el marco de una protesta o luego de un proceso complejo de toma de decisiones.   

Como se vio en los acontecimientos recientes, la falta de claridad en el lenguaje en lo tocante a este punto revela ciertas debilidades estratégicas y puede traer complicaciones a nivel internacional en el sentido del trato que se aspira se dé a estos ciudadanos, padres y madres de familia, a la que no solamente no podrán seguir manteniendo, sino que además colocan en riesgo dada la tradición represora del régimen madurista. El incidente de los militares con la ACNUR en Cúcuta, que al final se resolvió con la intervención de la Embajada venezolana, podría haber colocado la balanza del lado oficialista, causando un grave daño al trabajo de concientización que las fuerzas del cambio vienen realizando en el seno de las FFAA, e inclusive al tenor de la alianza con Colombia y las relaciones de trabajo con la ONU.

Más deserciones pueden y deben producirse en el ámbito de la administración pública siguiendo el camino abierto por Luisa Ortega Díaz. Ya debiera tenerse claro cómo se va a manejar lo de la Justicia transicional. En cualquier caso, conviene recordar que la cooperación (nacional e internacional) se basa en una racionalidad comunicativa, que permanece pegada a las estructuras mismas del lenguaje y tiene en los procesos de intersubjetividad de la interacción humana el medio ideal para solventar las diferencias.

*Profa FACES/ ARIG
@mariagab2016



Militares venezolanos refugiados en Colombia el día de su salida.  Cúcuta, 23 febrero, 2019. Fuente: EFE


miércoles, 20 de marzo de 2019

ARIGlobal: El Multilateralismo se reúne en el Cono Sur



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores de Venezuela que combina lo interméstico y global



Mirna Yonis*




El Cono Sur de América Latina presenta esta semana dos eventos internacionales que bien podríamos incluir en las dinámicas convergentes y divergentes del multilateralismo global y regional. Por una parte la 2da Conferencia de Naciones Unidas sobe la Cooperación Sur-Sur PBA+40, cuyo lema es “El papel de la Cooperación Sur-Sur en la implementación de la Agenda 2030”, lo que implica un fuerte compromiso con los diecisiete ODS. Esta segunda edición que se celebrará en la ciudad de Buenos Aires entre el 20 y 22 de marzo, está precedida de la 1ra reunión celebrada en 2009 en la ciudad de Nairobi. La Cooperación Sur-Sur (CSS) es la ruta que en el siglo XXI transforma el patrimonio institucional  onusiano del siglo XX que enmarcó la Cooperación Técnica para el Desarrollo (CTPD) con la Plataforma de Buenos Aires (PABA) en 1978. Por otra parte, se nos presenta  la Primera Cumbre ProSur bajo la denominación de Foro para el Progreso y Desarrollo de América Latina; una propuesta que ha venido siendo desarrollada  por los Presidentes Iván Duque de Colombia y José Piñera de Chile; y que tendrá lugar en Santiago de Chile el día 22 de marzo.

Si bien estos encuentros se plantean como dos dinámicas particulares del multilateralismo; uno de carácter  global (la CSS PABA+40) y otro de tipo regional (ProSur), la casi simultaneidad de ambos eventos con las correspondientes reuniones técnicas preparatorias de la reunión para su instalación protocolar lucen competitivas y ensombrecen los discursos de convergencias a favor de la Agenda 2030 que los líderes gubernamentales han señalado en distintas oportunidades en la Asamblea General de las Naciones Unidas así como en la última reunión Bienal de la CEPAL celebrada en la Habana en mayo del año pasado.

En el marco global, el patrimonio institucional de experiencias de la CTPD del siglo XX y las creativas formas de cooperación horizontal y triangulada del siglo XXI apuestan por una renovada retórica en la Declaración de Buenos Aires 2019 de CSS PBA. Al mismo tiempo, las muestras exitosas de CSS como cartas de presentación intergubernamental deberán sumarse a otras de experiencias no gubernamentales sobre las que se están dialogando en los eventos previos y paralelos en la misma ciudad: ONGs, Redes Académicas y No académicas, entre otras. Todo ello se suma a una compleja madeja institucional que rodea la CSS en el marco de los ODS y de la Agenda 2030.

En el marco regional, si consideramos los efectos de la Crisis Multidimensional de Venezuela y su Crisis  Humanitaria Compleja, incluida la Crisis Migratoria, posiblemente podamos comprender la celeridad que le han estado dando los dos líderes presidenciales con la propuesta de ProSur. Los cambios en la tendencia de los gobiernos progresistas y de derecha han ocasionado un retroceso en el desarrollo institucional de los mecanismos políticos regionales que impulsó Venezuela en su trilogía del ALBA, UNASUR y CELAC, pero también en mecanismos más concretos como PetroCaribe. La opacidad de estos mecanismos se ve reforzada  por las denuncias y salida de sus miembros  (ALBA y UNASUR) así como por la falta de consensos para una reunión técnica o ministerial en el caso de la CELAC. Vale decir que tampoco ha sido muy afortunado el brillo diplomático del resto de los esquemas del regionalismo de integración latinoamericano y caribeño.

La experiencia institucional hemisférica, latinoamericana y caribeña muestra la debilidad de las iniciativas de calificación y control de la democracia y gobernabilidad. Si bien hay saldos positivos no exentan de obstáculos tanto en la segunda mitad del siglo XX como a inicios del siglo XXI, la Crisis Multidimensional de Venezuela ha sobrepasado los límites de acción regional efectiva debida, entre otras cosas, a las nociones ambivalentes sobre la no injerencia y autodeterminación. La Carta Democrática Interamericana y la Cláusula Democrática de Mercosur son apenas una muestra de tales límites en el multilateralismo político regional. Su evaluación, renovación o fortalecimiento serían las tareas lógicas en lugar de aumentar el registro de esquemas regionales.

El resultado de este camino de ProSur solo el tiempo lo dirá y estaremos atentos en el seguimiento del caso, ya que es el compromiso profesional y académico. Ahora bien, a riesgo de críticas, y si bien no se refieren al tema de la democracia pero si de la articulación política regional en la agenda global, consideramos que hay un patrimonio institucional sobre el cual valdría la pena que las Presidencias, Cancillerías  y actores políticos de los países de la región consideraran en sus propuestas de agenda de acción exterior y en la estrategia regional: El Sistema Económico Latinoamericano, creado en 1975, con sede en Caracas y la Asociación de Estados del Caribe, creada en 1996, con sede en Puerto España. Posiblemente una sinergia menos rígida de ingeniería y arquitectura institucional permitiría aprovechar el patrimonio de negociaciones internacionales frente a terceros. Las convergencias y divergencias ya no solo subregionales sino individuales de países serían las principales condicionantes.

Si bien es inevitable recordar el valor de la obra de James N. Rosenau titulada Turbulencia Mundial, dado que “el contexto” presenta una ‘dinámica inmensa’ de ‘fragmegración’ que condiciona la operatividad del tan revisitado multilateralismo onusiano, como del regionalismo postliberal/Posthegemónico. Analíticamente, hay  que sopesar el valor del camino andado en torno a una agenda exterior (internacional), con tiempos de acción más allá de los niveles intergubernamentales. La tarea es compleja ciertamente, pero lejos de amilanar, oxigena el entusiasmo y persistencia en la ruta de la cooperación internacional global y regional.

@mirnayonis


miércoles, 6 de marzo de 2019

Trump negociador explosivo, pero ¿efectivo?



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores de Venezuela que combina lo interméstico y global



Felix Arellano*



El Presidente Donald Trump se presentó durante el proceso electoral como un negociador exitoso que logró construir un enorme emporio económico y que podría lograr la pronta recuperación del poderío norteamericano.  Luego de transcurrido cierto tiempo, resulta obvia su disposición al empleo de un método agresivo y ambicioso de negociación; lo que no está claro es su efectividad. Muchas dudas generan en estos momentos los casos de China, Corea del Norte y Venezuela.

Como manifestación de la faceta más dura del estilo negociador del Presidente Trump, en el plano internacional, podemos mencionar los siguientes casos: el retiro del acuerdo de libre comercio transpacífico, que promovió el expresidente Obama, como parte de la estrategia de contención al expansionismo económico de China; el rechazo del acuerdo sobre el cambio climático de las Naciones Unidas y el retiro de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Tales casos ilustran sus posturas agresivas, pero su efectividad es muy discutible, pues la expansión china sigue en ascenso, el cambio climático es un problema global que se agudiza y la Unesco se mantiene con sus debilidades. Para promover cambios eficientes sería más conveniente trabajar con los aliados desde las propias instituciones.

El caso de México es digno de consideración, pues desde la campaña electoral lo presentó como uno de los enemigos a enfrentar y habló del acuerdo de libre comercio (TLC), del que México forma parte, como un fracaso. Todo parecía indicar que vendrían tiempos negros en la relación comercial. Ya en la presidencia, de inmediato inició la revisión del TLC y el discurso explosivo anunciaba tormenta; empero, generó resultados paradójicos. Por una parte, varios de los beneficiados con el TLC, que son muchos, lograron presionar para que el acuerdo se mantuviera. Por otra parte, la hábil actuación de bajo perfil de los gobiernos de México y Canadá, permitió que el acuerdo se mantuviera con algunos cambios y el Presidente Trump tuvo que contentarse con presentar el cambio del nombre como un triunfo.

El estilo explosivo también está caracterizando la relación con sus socios tradicionales de la Unión Europea y de la OTAN. Mucha agresividad que genera desconfianza y distancia para lograr objetivos reducidos y de factible negociación técnica relativos a: comercio, inversiones, propiedad intelectual, servicios, etc. Pero como parte del esquema explosivo y poco eficiente, destruyó un espacio de negociación importante al rechazar el acuerdo transatlántico.

Ahora nos encontramos con tres casos donde la estrategia explosiva está generando serias dudas: la guerra comercial contra China, el desarme nuclear de Corea de Norte y la salida del proceso bolivariano del poder en el caso venezolano.

La relación económica entre China y Estados Unidos es importante para ambas partes, de tal forma que los primeros interesados en que se supere pronto la actual situación de incertidumbre son los empresarios. Ya se han celebrado tres rondas técnicas de negociación, pero las duras posiciones no permiten mayores avances. Adicionalmente debemos destacar que el caso venezolano puede formar parte de las fichas de la negociación.

Con Corea del Norte se apreciaba un ambiente diferente que generó confusiones iniciales, por la extraña receptividad del Presidente Trump con el joven dictador Kim Jong-un, lo que evidenciaba un cambio de estrategia. El primer encuentro efectuado en Singapur en junio del 2018, resultó afectivo, pero poco efectivo. Ahora, que se ha realizado el segundo encuentro en Vietnam, la situación se ha tornado compleja con un final abrupto, sin ninguna declaración, lo que evidencia la distancia de las posiciones. Kim Jong-un aspirando el desmonte de todas las sanciones y el eventual retiro de las fuerzas militares de Estados Unidos de la península; y el Presidente Trump aspirando la eliminación total del programa nuclear de Corea del Norte. El proceso de negociación requerirá de mucha paciencia y creatividad y no de explosiones para resultar efectivo para ambas partes.

En el caso venezolano la explosión inicial del Presidente Trump se ha orientado a promover las pasiones y eso le ha permitido una gran conexión con la población venezolana, pues tenemos varios años enfrentado el desastre bolivariano; empero, no está muy claro el alcance de las opciones a desarrollar, ni la coordinación con los diversos actores involucrados en su propio país como las diversas instituciones gubernamentales, el Congreso y el partido demócrata. En estos momentos se observa en el ambiente un debate sobre la efectividad del discurso emocional, lo que plantea la posibilidad de perder credibilidad.

Estamos conscientes que nuestra grave situación exige de soluciones urgentes, pero debido a la complejidad del problema conviene mayor reflexión que pasión; mucha coordinación con la diversidad de actores que participan y coherencia.

No es fácil tener paciencia en tan graves condiciones, pero la impaciencia no es la mejor consejera.

Prof. FACES/ARIG/EEI





martes, 26 de febrero de 2019

ARIGlobal: Guaidó y el Reconocimiento Internacional



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores de Venezuela que combina lo interméstico y global



Luis Angarita*




En nuestra historia reciente, nunca antes Venezuela ha tenido tanta atención de la comunidad internacional, motivada a la crisis multidimensional que vive nuestro país caribeño. Y, como es característico de la realidad internacional, los cambios han estado presentes en cuestiones tan sensibles y doctrinarias como lo es el reconocimiento internacional.

Vinculado estrechamente con conceptos como el Estado-Nación (paradigma base de las relaciones internacionales) y el de soberanía, el reconocimiento es uno de los elementos básicos de la constitución de un Estado; junto a los componentes de población, territorio y gobierno, los reconocimientos tanto interno como internacional son parte sustancial en la identificación de un país como sujeto de derecho internacional y, en medio de este desarrollo, el principio de autodeterminación los resguarda para determinar sus formas de gobierno o sistemas políticos, en el concierto de las naciones.

A lo largo del Siglo XX varias visiones entraron en debate, claramente resumidas en dos posturas en cuanto al reconocimiento de los Estados y sus formas de gobierno: la llamada Doctrina Estrada, que reconoce a un Estado sin debatir su legitimidad interna o forma de gobierno, y la Doctrina Tobar, que condiciona el reconocimiento de un gobierno si este fue tomado por la fuerza.

La exaltación de los Derechos Humanos y su participación en el debate de las relaciones internacionales imprime nuevos criterios y formas de reconocimiento, al punto de ser un requisito sine qua non¸ para la permanencia en esquemas de integración con la instauración de “cláusulas democráticas” que condicionan la membresía a la observancia de los principios democráticos y de Derechos Humanos reconocidos universalmente.

Así pues, el caso Venezuela crea una situación nueva en materia de reconocimiento. La crisis institucional que se ha generado en el país coloca a la comunidad internacional en la dilemática situación de reconocer a Nicolás Maduro, proclamado por un proceso “no democrático” (como ha sido identificado por toda la comunidad internacional) en observancia al principio de autodeterminación o reconocer a Juan Guaidó como legítimo presidente encargado (en interpretación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela), abogando por la implementación de criterios democráticos y el respeto de los Derechos Humanos.

Mientras más de 50 países de la comunidad internacional avanzaron en el reconocimiento de Guaidó, la situación luce compleja para países que mantienen de manera implícita relaciones políticas con Maduro y su administración, por cuestiones elementales y básicas de presencia diplomática y reciprocidad. Se crea entonces la polémica situación de dar reconocimiento a dos gobiernos para un solo Estado.

Probablemente surgirán nuevas visiones y nuevas formas administrativas a partir de esta situación. Ya dentro de la Unión Europea se debate acerca del consenso como forma de acción de su Política Exterior, ya que pequeños países como Chipre pueden frenar iniciativas de grandes países como Alemania, Francia o Reino Unido, y restar así fortaleza a la diplomacia europea.  Quizá en el reconocimiento a Guaidó se puede allanar una ruta política para la resolución de la crisis institucional, enarbolando las banderas de los Derechos Humanos y Democracia, ya que esto no es un debate ideológico entre izquierdas o derechas, sino entre la democracia y libertad versus la tiranía y la barbarie.

*Prof FACES/EEI

Juan Guaidó, presidente (e) de la República de Venezuela, en su llegada a la ciudad de Bogotá, Colombia para participar en la reunión XI del Grupo de Lima. Foto: CancilleríaCol


martes, 19 de febrero de 2019

ARIGlobal: LAS FRONTERAS CULTURALES DEL MEE TOO



Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores de Venezuela que combina lo interméstico y global


Fidel Canelón *




              La noticia generó una pequeña conmoción, sobre todo en los círculos políticos y académicos de nuestra región: Oscar Arias, el dos veces presidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz de 1987, respetado por tirios y troyanos, fue acusado recientemente de abuso sexual por Alexandra Arce von Herold, una psiquiatra costarricense y activista por el desarme nuclear. Dicho abuso habría ocurrido en 2014, luego de culminar una reunión celebrada en casa del laureado político y abogado  costarricense. Pero la noticia no se quedó ahí: en los días subsiguientes otras nueve mujeres, inspiradas en Arce, introdujeron sucesivas acusaciones en los tribunales ticos por la misma razón.

            Este incidente lleva inmediatamente a reflexionar el impacto que ha tenido más allá de las fronteras de los Estados Unidos el movimiento Mee Too, que tomó impulso a fines de 2017, cuando varias actrices acusaron de abuso sexual al productor de cine Harvey Weinstein, quien a la postre sería enjuiciado por los tribunales de su país. En unas pocas semanas Mee Too se hizo viral en numerosos países del mundo, generando reacciones y denuncias de las mujeres contra connotadas personalidades masculinas de los más distintos ámbitos laborales y de la vida social: la industria del entretenimiento, las artes, la política, el deporte y los negocios.

Es notable, sin embargo, que -con algunas excepciones- solo en Estados Unidos Mee Too ha mantenido un alto perfil y generado de verdad ulteriores consecuencias. Incluso dentro de los confines de Europa su efecto ha sido limitado, llegando a presentarse declaraciones adversas de sectores femeninos en países como Francia, que llegaron a decir que veían en él matices totalitarios, al observar la liquidación pública a la que fueron sometidas de manera indiscriminada muchas figuras masculinas. No hablemos de la mayoría de los países asiáticos y del mundo islámico, en los cuales solo han ocurrido unas contadas y aisladas reacciones. En América Latina, pese a las hondas influencias del discurso de los derechos civiles y humanos de raigambre occidental y del terreno ganado por los temas de género, como la violencia contra la mujer, el aborto, así como los temas de la comunidad LGBTI y asociados, hasta la denuncia contra Arias, Mee Too prácticamente había pasado por debajo de la mesa.

Todo esto nos introduce en el espinoso tema de la multiplicidad de factores que condicionan el tratamiento de los temas de género a lo largo del globo terráqueo, entre los que los elementos culturales y religiosos, las estructuras sociales y familiares específicas, así como costumbres de carácter étnico o de clan, juegan un papel determinante. En nuestra región, por ejemplo, más que el acoso sexual, quizá el tema género que tiene mayor visibilidad es la violencia contra las mujeres, que ha llevado a crecientes campañas de educación promovidas por ONG y agencias gubernamentales; y que en países como México ha tenido manifestaciones dramáticas, como el conocido caso de los homicidios de mujeres en Ciudad de Juárez.

¿Cómo explicar, entonces, la notable relevancia que tiene en Estados Unidos el tema del abuso y el acoso sexual, mucho más que en sus pares occidentales europeas y otras naciones del mundo? Posiblemente una de las razones nos la da Alexis de Tocqueville en su extraordinaria La Democracia en América, donde revela la honda impresión que le produjo la independencia que las familias norteamericanas le concedían a sus hijas desde temprana edad, adquiriendo una apreciable libertad para establecer relaciones sociales, contribuyendo a darle un mayor margen de seguridad a la hora de desenvolverse con el sexo masculino. Pero esto por sí solo no es suficiente. Junto a ello, sin duda,  hay que destacar también el puritanismo latente en la sociedad norteamericana hasta el día de hoy, que lleva a darle una gravitación muy grande a todo lo que concierne al establecimiento de relaciones carnales, y a poner bajo la vindicta pública todo lo que tenga una pizca de lascivia o de cierta manifestación de las cargas libidinosas.

Una cosa es indiscutible: los temas de género y asociados, como la problemática del aborto, el matrimonio igualitario, la comunidad LGBTI, etc., siguen ganando visibilidad y generando tensiones en muchas naciones. Y la rapidez de los avances en esta materia  dependerá en buena medida de la capacidad de superponerse a las barreras culturales y religiosas en las distintas regiones del planeta.

*Prof FACES/EEI



                 Generando conciencia sobre la violencia sexual. Foto: Spotlight


lunes, 11 de febrero de 2019

ARIGlobal: DIPLOMACIA Y RECONOCIMIENTO EN LAS RELACIONES INTERNACIONALES: Venezuela y el Grupo de Lima




Espacio de reflexión sobre la realidad internacional a cargo de docentes e investigadores vinculados al postgrado de relaciones internacionales y globales de la UCV.  Opiniones, comentarios y reflexiones sobre distintos temas de la agenda internacional y de las relaciones exteriores  de Venezuela que combina lo interméstico y global


Alfredo Ordóñez López*





La crisis política y económica que enfrenta la República Bolivariana de Venezuela ha tenido un alto grado de incidencia en sus relaciones internacionales. Luego de la proclamación del Diputado y Presidente de la Asamblea Nacional (AN), Juan Guaidó, como Presidente (E) de Venezuela, se ha generado una duplicidad en las relaciones diplomáticas de Venezuela. La dualidad en las instituciones públicas del Estado venezolano ha obligado a los gobiernos del mundo a considerar inminente realizar un “reconocimiento de gobierno”.

El reconocimiento de gobierno es un acto declarativo que realizan los jefes de Estados para admitir a un representante de gobierno de otro Estado dentro de la comunidad internacional, por lo que es la convalidación jurídica de una situación de hecho. De igual forma, se puede generar un desconocimiento de gobierno cuándo éste se constituye de forma extrajudicial y se sostiene mediante el uso de la fuerza, rompiendo con los principios de paz y seguridad emanados de la comunidad internacional. En el caso latinoamericano, el reconocimiento de gobierno se realiza cuando este surge en el marco constitucional.

Las naciones latinoamericanas, dado su sistema Presidencialista, instituyen su contrato social a través de las Constituciones porque tiene como propósito el control de los gobiernos. ¨La constitución representa el límite del poder. Si el poder no tiene límites no hay constitución¨(1). De tal manera que cuando un gobierno genera acciones o agresiones en contra de la sociedad son comportamientos anticonstitucionales, por lo que su legitimidad se vuele discordante ante la esencia del contrato social, lo que al final afecta severamente su posición dentro de la legalidad.

Venezuela se encuentra ante una grave crisis de gobernabilidad y convivencia política, y ante esa situación, los gobiernos que conforman el Grupo de Lima (14 países) tienen la potestad discrecional del reconocimiento de gobierno, ya sea de forma expreso o condicionante cuando lo consideren fundamental para sostener el orden y la paz regional. El 4 de enero de 2019 el Grupo de Lima determinó que "no reconocen la legitimidad” de un nuevo periodo presidencial de Nicolás Maduro, y ya para el 23 de enero de 2019 Brasil, Colombia, Paraguay, Chile y Perú reconocieron al Dip. Juan Guaidó, como Presidente (E) de Venezuela conforme a la Constitución y el apoyo social exhibido en un acto público.

De tal manera que los gobiernos que conforman el Grupo de Lima se sustentaron en la legitimidad para otorgar el “reconocimiento de gobierno de forma expresa” al Dip. Juan Guaidó, como una política internacional pertinente para el sostenimiento de la democracia, siendo esta la mejor opción para garantizar la paz, la seguridad, el desarrollo (2), y evitar las violaciones a los Derechos Humanos. Sin embargo, el reconocimiento de gobierno debe pasar por un acto o gestión diplomática, y por ello el nombramiento de representantes del Estado venezolano ante el Grupo de Lima, Chile, Costa Rica, Honduras, Perú, Panamá, Ecuador, Colombia Canadá, Argentina, Estados Unidos, dándole así una acción de hecho al acto declarativo.

En el caso de los países que han mantenido el reconocimiento a Nicolás Maduro, como Presidente Constitucional, se enmarcan en los principios establecidos en la Carta de las Naciones Unidas sobre la libre determinación y el derecho de los pueblos a decidir su propia forma de gobierno, forma de independencia, autonomía, referéndums, elecciones y legitimidad de los gobiernos (3). Por lo que se han mantenido rígido en una Diplomacia Clásica Bilateral de forma permanente, argumentando que la diplomacia busca “contribuir al desarrollo de las relaciones amistosas entre las naciones, prescindiendo de sus diferencias de régimen constitucional y social” (4), siendo este último aspecto la posición manifestada por México dentro del Grupo de Lima.

El reconocimiento de gobierno pareciera obligatorio de jure pero en principio es puramente doctrinal, ya que la actitud de los Estados está dictada por motivos de orden esencialmente político (5) y económico. En tal sentido, las relaciones internacionales entre el Grupo de Lima y Venezuela, se mantienen bajo una “Diplomacia ad hoc” dado su carácter permanente hasta que se cumplan las condiciones esenciales para el restablecimiento del orden democrático, y así regresar a una diplomacia temporal.

Sin embargo, esta Diplomacia Paralela que presenta la institucionalidad venezolana, perjudica significativamente la imagen internacional del país, quebranta los principios de unidad de acción en el exterior y debilita sus relaciones comerciales con el resto del mundo. Por lo tanto, al generarse un restablecimiento del orden democrático y estabilidad política en Venezuela, la gestión diplomática deberá pasar por un proceso de revisión y redefinición profunda de sus objetivos, siendo esta “el instrumento de que se vale la política exterior de cualquier Estado” (6) para la realización de sus planes en el marco de las relaciones internacionales.


*Internacionalista
MSc. en Economía Internacional
Doctorante en Estudios del Desarrollo 

Referencias: 
  
(1)                Ramón Escobar Salom. Los Demonios de la Democracia, p 12. 
(2)                OEA – Democracia
(3)                Carta de las Naciones Unidas – Capitulo VII
(4)                Convención de Viena sobre las Relaciones Diplomáticas 1961
(5)                Charles Rousseau. Derecho Internacional Público, p 309.
(6)                Manuel Morales Lama, Diplomacia Contemporánea, p. 9